La diseñadora Manuela Álvarez en el backstage de la pasarela inaugural de Colombiamoda 2026. Foto. Cortesía Inexmoda
Foto: Fotos cortesía Inexmoda
julio 28, 2026
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«Diseñar esta colección me costó mucho», Manuela Álvarez

La diseñadora Manuela Álvarez reflexiona sobre cómo convirtió las etapas del desamor en color, silueta y ritual. Una conversación sobre la resiliencia, el poder de la respiración y la magia del trabajo comunitario detrás de la pasarela inaugural de Colombiamoda.
POR:
Simón Granja Matias
Revista Diners
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Para Manuela Álvarez, el diseño nunca ha sido un mero ejercicio de superficie o una fórmula comercial vacía; ha sido, ante todo, una trinchera espiritual y un lenguaje visceral para habitar el mundo. En la víspera de abrir la pasarela inaugural de Colombiamoda, la creadora detrás de la marca MAZ no llegó a la cita impulsada únicamente por la tendencia, sino por la necesidad urgente de transformar el dolor en belleza.

Su nueva propuesta, Oh My Heart, nació de un quiebre. En medio del duelo por el fin de una relación amorosa —ese abismo donde se reabren viejas heridas que creíamos cicatrizadas y ceden las certezas que creíamos sólidas—, una canción de R.E.M. al final de un episodio de televisión la sacó de la cama y le devolvió el aliento. A partir de ese instante, la diseñadora convirtió su propio proceso de sanación en una cartografía textil. En sus manos, el negro se transformó en la negación violenta del dolor; el rojo, en la herida abierta que deja de pelear; el azul Klein, en la primera pausa para volver a respirar; y el blanco, en la paz de la aceptación.

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Pero Oh My Heart no es solo una bitácora íntima de desamor; es también un acto de resistencia colectiva y ritual. Fiel a la filosofía de MAZ —donde las piezas son intervenidas a mano por comunidades artesanales que cargan las prendas de intención y protección como verdaderos amuletos—, Manuela concibe la moda como una coraza terrenal que nos devuelve al presente. De las playas de Palomino al silencio del páramo en La Calera, el viaje creativo de esta colección la obligó a habitar el silencio para encontrar una nueva voz.

(Siga leyendo: Manuela Álvarez: La diseñadora que inaugura Colombiamoda responde el Cuestionario Diners)

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En esta conversación, Manuela Álvarez nos abre las puertas de su universo interior para hablar sobre la resiliencia, la fuerza espiritual detrás de cada fibra, la respiración como ancla en medio de la tormenta y el milagro cotidiano de vestir el alma cuando el corazón vuelve a latir.

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Hay un tema en particular que me parecía muy lindo con esta colección: la relación con el amor y con el desamor. ¿Cómo ha plasmado el amor, el desamor, el dolor y la resiliencia en el diseño? ¿Cómo es ese proceso de expresar: a través del material, de los colores, o de qué?

Para MAZ Manuela Álvarez como artista y para mí como ser humano, creo que la moda es una más de las herramientas artísticas de comunicación y expresión humana. Solo que, al ser diseño de moda, tiene que ser también comercial; pero la parte artística para mí es la base de todo. Es una expresión de humanidad y de cómo uno se siente de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro.

Siempre que hago una nueva colección parto de temas, ideas o inspiraciones que no son objetivos. Es una sensación, un quiebre, un viaje de vida. En el caso de Oh My Heart no fue la excepción: venía de haber tenido un duelo duro de una relación amorosa. Lo particular de los duelos es que un duelo abre muchos duelos y heridas que de pronto uno pensaba cerradas. Me di cuenta de que uno se aferra a permanencias e ideas de qué debe funcionar en las relaciones amorosas, familiares o profesionales. Así se abrió Oh My Heart como una oda al corazón latente.

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¿Y en cuanto a los colores?

En cuanto al proceso, busco cómo volver una idea subjetiva y etérea en algo objetivo y físico como la ropa. Utilizo herramientas creativas como los textiles, la artesanía, el trabajo en comunidad, las siluetas y mucha metáfora. La colección pasa por distintas etapas emocionales que se reflejan en la paleta, El negro: Representa la primera etapa del duelo, el momento de la pelea, la negación y la violencia interna donde uno se juzga. El rojo: Para mí es el momento de quiebre donde uno dice «este dolor está y no puedo pelear más contra él». Es el rojo de la apertura, el rojo sangre. El azul (Azul Klein): Es un momento de respiro. Uno ya dejó de pelear, puede convivir con el dolor, tomar distancia y ver qué pasó.El blanco (y la parte cruda): Es un momento etéreo, de alineación con el ser y el universo, una sensación de integración y aceptación.

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Tiene un interés muy espiritual de convertir sus piezas casi en objetos que lo protegen a uno energéticamente, como amuletos. ¿Siente que existe esa intención de que las prendas se carguen de energía positiva para dar fortaleza?

De acuerdo. Yo siempre he dicho que las prendas de MAZ son casi un amuleto de poder y de protección. Los seres humanos somos animales ritualísticos y ritualizamos las cosas importantes. El ritual del vestir no siempre es el más amable ni el más consciente, pero es una herramienta de exploración y expresión personal increíble.

La ropa carga mucha fortaleza y protección. Yo quiero que las personas se sientan comunicadas consigo mismas por medio de la ropa. Además, creemos que la energía con la que se hacen las cosas importa mucho. El 90% de nuestras prendas están intervenidas a mano y el 90% de nuestras bases textiles son hechas artesanalmente por comunidades que trabajan contentas, poniendo una parte de sí en lo que hacen.

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Por ejemplo, en la colaboración que hicimos con Adidas y la Federación Colombiana de Fútbol para la Selección Colombia, utilizamos más de 450 metros tejidos a mano en telar horizontal en Cundinamarca y le añadimos un pin de chaquiras llamado «Bienaventuranza», elaborado por la comunidad Camsá Biyá del Putumayo. Este pin reinterpreta el logo de Adidas como una mata de maíz, que representa abundancia, poderío y buen camino. La ropa tiene esa capacidad de cargar intención.

"diseñar esta colección me costó mucho", manuela álvarez
"Diseñar esta colección me costó mucho", Manuela Álvarez

Hablaba también en otra charla sobre la respiración. En este proceso suyo de dolor y duelo, ¿qué ha significado para la respiración y en qué momento llegó a entender su importancia?

Llegó por la necesidad de lidiar con la ansiedad. Tuve una infancia complicada y me tocó madurar desde muy chiquita, lo que me mantuvo en un estado de hipervigilancia y con poca respiración. De grande, a través de terapias con un terapeuta y músico (sound healer) llamado Esteban Stenlavski, aprendí el poder de la respiración por medio del canto.

Cuando hay mucha ansiedad estás tan metido en la cabeza que se te olvida el cuerpo, y la respiración es el elemento más fácil para volver al presente. En Oh My Heart, los momentos representados por el azul y el blanco son precisamente el respiro: volver al presente, conectarse, decir «respiro, estoy viva, respiro, acepto esto». La meditación y la respiración me han dado la distancia necesaria para no reaccionar de forma violenta y tomar mejores decisiones.

¿Qué elemento pensaría que se ve reflejado en sus piezas? ¿Sería el aire?

No tanto el aire porque es muy etéreo. Yo creo que es un grounding muy terrenal que contiene mucho respiro, pero enraizado. Es una sensación muy de tierra, como un árbol con huecos que está bien enraizado. La ropa de MAZ es contundente, igual que su mensaje, pero tiene mucha poesía dentro de ella respirándola.

"diseñar esta colección me costó mucho", manuela álvarez
"Diseñar esta colección me costó mucho", Manuela Álvarez

Me dejó pensando, ¿cuál fue ese mantra que usó entrando a México con los 70 trajes de la Selección Colombia?

Llevaba 70 trajes para hacer las últimas mediciones en el hotel de la selección y el ingreso a México es muy complejo con aduanas e impuestos. Las maletas no salían por la banda y estaba contra el tiempo. Cuando al fin recuperé el equipaje y pasé por la revisión policial, empecé a repetir mentalmente el mantra: «Que todos los caminos se abran, que todos los milagros se den».

Afortunadamente me dejaron seguir sin ningún inconveniente, mientras que a otros equipos sí los detuvieron. Fue un momento de mucho orgullo ver a los jugadores vestidos con moda colombiana de nicho, artesanal y sostenible en un proyecto tan grande.

¿Qué le dicen los artesanos cuando les cuenta todos estos éxitos de la marca?

Ellos se sienten absolutamente parte del éxito porque es el trabajo de ellos. La mano artesanal es suya. Yo diseño y desgloso la metáfora o el concepto, pero si no están estos maestros artesanos y artistas, la pieza simplemente no existe. Nuestro equipo artesanal es la familia profesional de esta empresa y se sienten enormemente orgullosos, les encanta explorar e innovar.

¿Qué es lo que hace que le lata el corazón más fuerte en su trabajo diario?

La responsabilidad hacia lo que hemos construido. Me hace sentir muy obligada, en el buen sentido, a dar lo mejor de mí. Me apasiona entender que podemos construir un sistema de moda que sea agradable, gentil, amable y respetuoso, buscando siempre cómo podemos hacer mejor las cosas de forma humana y profesional.

El nombre Oh My Heart viene de una canción. ¿Cómo surgió esa idea?

Viene de una canción de R.E.M. Yo acababa de regresar del viaje donde terminé con mi expareja y estaba en esos días difíciles de duelo donde no provoca hacer nada. Vi la serie The Bear, que tiene un gran soundtrack, y un episodio terminaba con esa canción. Fue la primera vez en días en que dije: «Voy a hacer una colección de esto, ya no quiero estar más en la cama». Revisé la letra y vi que habla de la esperanza y de lo necesarios que somos en la sociedad. Aclarando la duda de muchos, no es «All my heart» (todo mi corazón), es Oh My Heart, una oda y una expresión al corazón.

En los procesos creativos siempre hay una transformación, pero ¿siente que en esta ocasión en particular fue un aprendizaje muy profundo?

Sí, totalmente. Mis colecciones anteriores siempre han tenido una búsqueda profunda —como Flor de Venus o Dandina—, pero esta vez se sintió especialmente largo porque no fue un solo duelo, sino muchos duelos superpuestos. Me tocó duelar a partes de una Manuela que ya no va a volver, preconceptos, proyectos personales y profesionales, y etapas de vida.

Diseñar esta colección me costó mucho. Yo suelo diseñar muy rápido, como una fotocopiadora, pero esta vez me tomó casi un mes. Tuve que salir de Bogotá e irme a la naturaleza —estuve en Palomino conectando con el mar, luego en una montaña en Vergara y finalmente cerca al páramo en La Calera— porque necesitaba silencio para procesar todo el ruido interno. Cuando la terminé en mi casa a las 11 de la noche, escribí las especificaciones técnicas, surgió el mantra final y me puse a llorar. Fue un proceso duro pero lindo al cien por ciento.

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