Consuelo Luzardo FICCI 65
Foto: Foto: FICCI
abril 21, 2026
Cultura Cine y TV

Consuelo Luzardo en FICCI 65: «El cine colombiano es el que nos dice cómo somos y qué nos pasa.»

La actriz con 67 años de carrera en la televisión y el teatro, recibió el premio Víctor Nieto a toda una vida en la edición 42 de los India Catalina. Diners conversó con ella desde Cartagena, y esta es la entrevista completa.
POR:
Angie Quiroz
Revista Diners
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En 1960, Víctor Nieto creó el Festival de Cine de Cartagena. Murió en 2008, pero desde 1994 su nombre vive en un premio que se entrega a quienes dedican toda una vida al arte de las imágenes. Teresa Gutiérrez, Judy Henríquez, Pepe Sánchez, Margarita Rosa de Francisco. Todos tienen uno. Este año le tocó a Consuelo Luzardo, actriz con más de seis décadas de carrera para quien sus casi 81 años no son pretexto para seguir trabajando.

Consuelo Luzardo es un nombre que cualquiera reconoce en la televisión colombiana. Desde muy pequeña lo tuvo claro: quería ser actriz. Y es que el arte no fue extraño en su casa. Su hermano mayor, Julio Luzardo, es director de cine. Su hermana menor, Celmira Luzardo, también fue actriz hasta su muerte en 2014.

Empezó en el teatro, pero fue la televisión la que le dio la mayoría de sus victorias. Arrancó con Hogar dulce hogar, la comedia escrita y dirigida por Víctor Mallarino Botero, quien se convirtió en su mentor. De ahí en adelante vino una trayectoria que incluye a «Cuqui» en Yo y tú, Dolores Olmedo en la serie de misterio Los cuervos (1984), la Tía Cena en Caballo viejo (1988) y cómo olvidar a Perfecta en La viuda de blanco (1996).

El premio Víctor Nieto a Toda una vida se entregó durante la ceremonia de los 42° India Catalina en la Plaza de la Aduana en Cartagena, como es tradición en el marco del FICCI. Consuelo ya venía de una serie de encuentros, conversatorios y homenajes durante el festival, pero fue la noche del sábado 18 cuando tuvo el premio en sus manos.

Subió al escenario con una sonrisa de oreja a oreja, entre aplausos. En su discurso agradeció a su familia por acolitar la idea de perseguir una carrera en la actuación, a su mentor Víctor Mallarino Botero y a cada uno de sus colaboradores, sin distinguir entre producciones grandes o pequeñas. «Me acaban de entregar esta bellísima estatuilla de la India Catalina para premiarme por 67 años de felicidad», dijo.

Entre el sinfín de agasajos, hablamos con Consuelo Luzardo en Cartagena. Una charla soleada desde el Palacio de la Proclamación en el Centro Histórico de la ciudad. Ahí nos reveló la clave para mantenerse trabajando por más de 60 años, los mitos y leyendas de la actuación, los sacrificios de escoger el camino del arte y algo del amor.
A continuación, la conversación.

(Para leer más: FICCI 65: tres películas que todo cinéfilo debería tener en el radar)

En 67 años de trayectoria ha coleccionado muchas estatuillas, pero en este FICCI 65 recibe el Víctor Nieto a toda una vida. ¿Cómo se la lleva usted con los premios?

Realmente nunca me han importado mucho. Yo era todavía estudiante de la escuela de arte dramático y recibí en un festival de teatro en el Colón un premio. Entonces como que de alguna manera se volvieron normales. O sea, en vez de una cosa: «¡Ah, oh, un premio, histeria, histeria!», «Ay, qué bonito. Gracias, gracias». Los he tomado siempre con mucha calma, pero es que yo soy una de esas señoras bogotanas calmadas.

Desde muy chiquita decidió que quería ser actriz. ¿Cómo ha hecho para mantenerse 67 años trabajando?

Esa es una pregunta que no es fácil de responder. Ahora ya me parece normal, pero en una cierta época, sobre todo al principio, uno decía: «¿Y si será que me van a volver a llamar? ¿Y si será que me van a volver a querer para esto? ¿Y si será que…?» Y después ya un poco se te vuelve costumbre, entonces uno empieza a pensar: «Hombre, si les gusta lo que yo hago, porque quieren, porque el libretista quiere que su personaje esté así y se lo haga yo, o porque este director dice: ‘No, yo quiero dirigir a Consuelo acá'». Pero es algo que se va dando de forma muy natural a partir de una trayectoria, porque hay gente que comienza, tiene de pronto tres éxitos maravillosos, las entrevistas, los reconocimientos, una plata. Y luego es como si se hubieran ido del país. También debe existir un factor de suerte que hace que yo siga ahí aún hoy, casi 81 años.

Consuelo luzardo ficci 65
Foto: FICCI

¿Qué sacrificios le ha significado haber elegido el camino del arte?

Yo me casé dos veces y se acabaron esos matrimonios. Y yo a veces digo: «Es que debe ser complicado estar casado con una actriz». Por ejemplo, para teatro cuando está un estreno cerca, uno realmente siempre está es pensando, mirando para dentro y respondiendo: «Tal cosa, no sé qué. Sí, sí, sí». He perdido los bautizos de todos mis sobrinos, los matrimonios de la mayoría de mis sobrinos. Todos esos eventos que congregaban a la familia me los he perdido casi todos en su totalidad.

¿Y qué es eso que la gente no ve de ser artista?

Es difícil responder eso porque yo sí sé qué es estar detrás del telón. La gente se hace ideas fantasiosas empujadas por esta visión de las celebridades hollywoodenses, pero no, aquí somos trabajadores que hacemos teatro o hacemos cine o hacemos televisión. Somos trabajadores con horarios más extendidos que los que trabajan en el sector financiero de 9 a 5 de la tarde. Nuestros sueldos son menores, pero hacemos lo que amamos, lo que nos hace felices.

En entrevistas ha mencionado que un momento de su vida decidió estar sola. Entonces, ¿La actuación y el arte han sido su gran amor?

Si le fue mal en el amor, entonces uno termina sintiendo que la vida tiene que seguir siendo llena y plena con lo que tienes: la actuación. Esa ahí sigue. Entonces sigue siendo mi gran amor porque con los otros fracasé.

Es actriz pero también se ha puesto otros sombreros en la industria. En ese contexto, ¿Cómo ve el panorama del cine colombiano hoy?

El cine colombiano ha crecido mucho, se está produciendo muchísimo cine gracias sobre todo a la ley de cine. Pero no hemos logrado que el público vaya a ver nuestras películas. Es un trabajo que se tiene que hacer entre las instituciones, entre el gobierno amparado también por leyes, porque producimos muchas películas pero solo se ven por fuera en festivales extranjeros. Es importante que la gente vaya a ver el cine colombiano porque el cine colombiano es el que nos está contando, el que nos está diciendo cómo somos y qué nos pasa.

En mi época, en el 62, cuando llegó mi hermano de estudiar cine en la UCLA de Los Ángeles, California, aquí hacer una película al año era un milagro. Eso es como si hubiera venido la Virgen de Chiquinquirá y hubiera aparecido en la Plaza Bolívar. O sea, eso era algo insólito de lo caro, lo difícil que era. Ahora se hacen 57 estrenos en un año, pero no existen los medios para llevar a la gente a las salas.

A mí me decía mi hermano Julio: una película gringa normal cuesta 4 millones de dólares y tienen que gastar 8 millones de dólares para enterar a la gente. Entonces aquí a duras penas se alcanza a finalizar la película y la promoción. Entonces la gente dice: «Ay, es que el público colombiano no acompaña su cine». Pero es que, ¿quién le cuenta?

¿Por qué es importante el cine en pantalla grande?

Porque de todas maneras el cine sigue siendo el séptimo arte. Es el que mejor nos cuenta porque es también ese formato donde se puede hacer muy artístico, donde se pueden contar las cosas de manera muy especial. No es que no se puedan contar bien en una serie para televisión, pero esa obrita maestra entre esos, no sé, 120 minutos o esas 2 horas 20 que están durando, y hasta 3 horas, ahí pueden suceder cosas maravillosas que para alguna gente casi que le van a cambiar la vida.

Además es esta ceremonia tan preciosa. Uno a oscuras con una cantidad de gente que no conoce, con este sonido envolvente divino, que tú te sientes en la mitad de todo, en esta pantalla de plata enorme que tienes frente a ti y que te cuenten algo que te llegue. Eso no se cambia por nada.

A los 81 años, ¿Qué va a hacer? ¿Qué le hace falta?

Seguir comiendo rico porque tengo muy buen apetito. Disfrutar mis sobrinos y tratar de tener una buena vejez en el sentido de poder seguir siendo autosuficiente, de que no tenga que esclavizar a nadie para que me cuide. O sea, uno a los 81 años ya dice: «Yo no quiero ser esa viejita que depende totalmente de que la cuiden».

(Siga leyendo: Premios India Catalina 2026: lista completa de ganadores)

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