Biblioteca
Foto: Lorena Velasco
abril 5, 2026
Viajes Colombia

Casa del Pueblo: la biblioteca que transformó la vida en Guanacas, Cauca

En el municipio de Inzá (Cauca), hay una biblioteca rural que durante más de veinte años ha demostrado que la resistencia de las comunidades y la arquitectura consciente pueden cultivar una cultura de paz sólida y resistente.
POR:
Mateo Arias Ortiz
Revista Diners
Getting your Trinity Audio player ready...

La foto no existe, pero no es difícil imaginarse la escena, por más inusual que parezca: unas diez personas uniformadas con camuflado se sientan en una mesa ovalada de madera —en el centro de una gran e iluminada estructura de guadua— y hablan con tres o cuatro personas vestidas con polos y camisas a cuadros.

El año podría ser el 2015 y el lugar es la biblioteca Casa del Pueblo. Está en la vereda de Guanacas, perteneciente al municipio de Inzá, situado en el oriente del departamento del Cauca, a unas dos horas de Popayán. ¿Qué está pasando en la imagen? Un grupo de combatientes de las FARC están conversando con el bibliotecario de entonces y un par de líderes sociales de la región sobre qué son los Acuerdos de Paz, para qué sirven y qué impactos podrían tener en su cotidianidad. 

La escena en realidad sí sucedió y es un muy buen ejemplo para entender la importancia que tiene este espacio en la vida de las personas de la comunidad campesina de Guanacas. “Creo que el nombre se nos quedó pequeño —dice Duvan Andres Morales Valencia, bibliotecario y campesino—. Esta no solo es una biblioteca, es también una casa de la cultura, un salón de ensayos, un museo vivo y una galería”. La muestra de esto es, precisamente, la historia de cómo la mesa redonda sirvió de escenario pedagógico para aprender sobre el proceso de paz en un departamento que, históricamente, ha sufrido el azote de la guerra más que otros sectores del país. 

Biblioteca
Para Duvan Morales, la Casa del Pueblo es más que una biblioteca, es un museo vivo. Foto: Lorena Velasco

Inzá encierra una contradicción. Según la Defensoría del Pueblo, durante el 2024 hubo 578 casos de reclutamiento armado ilegal de niños, niñas y adolescentes en el país. De esos casos, 367 ocurrieron en el departamento del Cauca, lo que lo convierte, de lejos, en el más afectado del país en cuanto a este dolor. “Paradójicamente, en nuestra vereda han pasado por lo menos quince años desde el último caso de reclutamiento”, explica Duvan.

Pero ¿por qué se produce ese extraño fenómeno? El bibliotecario —que es también historiador de profesión— tiene una teoría que resulta bastante convincente: la labor de la biblioteca Casa del Pueblo tiene mucho que ver, gracias al alto nivel de educación que promueve. 

“El otro día, había un grupo de estudiantes de bachillerato leyendo un libro sobre el conflicto armado justamente en la mesa ovalada que queda en el centro de la biblioteca. Oí que uno de ellos les decía a los demás: ‘¡Uy! Menos mal que leímos esto antes, porque yo había estado pensando en dejarme reclutar, pero ahora ni loco’”, cuenta Morales.

(Le puede interesar: ¿Quién es Elma Correa, ganadora del Premio Biblioteca Breve 2026?)

La historia de la biblioteca 

Carlos Alberto Arias Medina, gestor cultural y campesino, que forma parte de la comunidad de Guanacas y es uno de los líderes de la biblioteca, cuenta: “En la década de los noventa hubo un grupo de jóvenes de la vereda de Guanacas que coincidieron en Bogotá. Varios ganaron becas para estudiar en distintas universidades y se organizaron para compartir una vivienda en común. Estudiosos y apasionados, durante su paso por la capital usaron múltiples bibliotecas de las universidades y de la ciudad. Esa experiencia les hizo notar la falta que hacía un espacio de estas características en su comunidad. Tocaron puertas, hicieron gestiones e insistieron hasta conseguir el patrocinio del Comité Nacional de Cafeteros”. 

“Hay que entender, de todos modos, que era una inversión arriesgada. ¿Quién quería apostarle al Cauca en los años noventa? Pues nadie. Mucho menos en un proyecto cultural y no en uno productivo. Esto estaba muy lejos de los centros del país, y estábamos atravesando un momento de violencia muy complicado”, analiza Morales. 

Después de una primera propuesta que se rechazó, hacia el año 2000, la comunidad consiguió un segundo patrocinador: la Embajada de Japón. Ya tenían los recursos, que era un primer paso muy difícil de dar. Ahora se enfrentaban a la siguiente fase y se encontraron con una pregunta fundamental: ¿quién iba a diseñar y construir la biblioteca? Mediante un concurso organizado por la Pontificia Universidad Javeriana, el arquitecto Simón Hosie, que estaba terminando su formación, asumió esa responsabilidad. 

“Cómo serían las ganas que teníamos de que el proyecto existiera que lo hicimos donde iba a ser la cancha de fútbol —cuenta Carlos Arias—. ¡No se ría! El fútbol es muy importante. La vida acá es coger café, trabajar de lunes a viernes, el sábado salir al mercado y el domingo ir a buscar dónde jugar fútbol. Sin embargo, el arquitecto Hosie propuso que el mejor terreno para construir la biblioteca era ese, y la comunidad estuvo de acuerdo con que era una prioridad mayor”. 

El diseño tiene la forma de una hoja de una planta típica de la región. Hay un gran espacio central en el primer piso, que asemeja una nave de una iglesia, donde está la mesa ovalada de la que se habla al principio de esta historia, y que usan los niños y demás miembros de la comunidad para estudiar y conversar.

El segundo piso rodea esta nave y tiene mesas de estudio, coronadas por retratos hechos por Hosie de personas importantes para Guanacas. Lo que más resalta, tanto en el interior como en el exterior de la biblioteca, es la guadua, un material natural que hoy es un símbolo de la arquitectura vernacular del país, pero que en su momento se entendía diferente. 

Biblioteca
La guadua es protagonista en la arquitectura de la biblioteca. Foto: Lorena Velasco.

Hosie explica que este material, por ser el que se utilizaba popularmente, tenía una mala reputación, y que incluso se percibía como un retroceso. “No se comprendía su potencial como material altamente resistente, ecológico y adecuado para edificaciones seguras y sismorresistentes. Tampoco se entendía su dimensión económica, que permitía invertir los recursos en el trabajo humano —la mano de obra local— como valor principal, en vez de destinar los fondos a productos industriales más costosos y contaminantes. En aquel entonces, muchos asociaban el uso de materiales locales con la falta de perdurabilidad”, le dijo el arquitecto recientemente a la revista AXXIS. 

En 2005, Luis Alberto Miño, editor de Nación del periódico El Tiempo durante varios años, fue el primer periodista en viajar a este municipio del Cauca a conocer la biblioteca. En la crónica que escribió al respecto, Miño habla, entre otras cosas, sobre cómo fue el proceso de edificación.

“La idea era que la obra la construyera la gente, liderada por la junta de acción comunal, para que la sintieran propia y para que les saliera más barata. Esa era la tradición. Así, Guanacas había levantado el colegio con enormes piedras de río; la casa comunal hecha de ladrillo y la cancha de fútbol. Con Simón —quien vivió tres años en el municipio— a la cabeza, empezaron a cavar los cimientos. Las piedras llegaron de mano en mano a través de una cadena que formaron todos desde el río. Nadie entendía los planos y la maqueta que llevó Simón, pero guardaban silencio y seguían sus indicaciones con una fe ciega”.

Después de veinte años de funcionamiento, el diseño de Hosie superó la prueba del tiempo, pero no así todos sus materiales. Y no por un error de diseño, sino porque cerca de la vereda están construyendo una carretera, la transversal El Libertador. Esto ha resultado en que los residuos de esta obra y las corrientes de agua que antes protegía la montaña caigan sobre el terreno de la biblioteca. El efecto es que la estructura corre el riesgo de deteriorarse. 

Más allá de eso, tanto Duvan, como Carlos y el mismo Simón Hosie, celebran la existencia de la biblioteca. Y todavía más importante, la comunidad de Guanacas también la celebra, pues varias de sus generaciones han encontrado en ella un lugar seguro, un punto de encuentro y un remanso de conocimiento. No en vano, el proyecto ganó el Premio Nacional de Arquitectura en 2004 y el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas en 2017.  

LO MÁS LEÍDO DE LA SEMANA

montañas
Viajes

Ocho montañas con las formas más curiosas del mundo

Desde montañas con forma de ballenas hasta colinas que parecen chocolate, estas formaciones naturales destacan por sus paisajes únicos y sorprendentes alrededor del mundo.
Mundo

Aventura por el sudeste asiático y otras historias en la edición de mayo

Tailandia, Camboya y Vietnam forman parte de este recorrido que hizo Diners, el cual incluye desde cenas en los restaurantes más destacados de la escena gastronómica tailandesa, templos milenarios en suelo camboyano, hasta paisajes de una excepcional belleza en Vietnam.
Camila Charry
Arte y Libros

Camila Charry: «Finalmente escribimos con todo el cuerpo.»

Camila Charry habla sobre la poesía contemporánea, lo íntimo, el cuerpo y la escritura como un espacio donde conviven la memoria, la ficción y la vida cotidiana.
Viajes
Gastronomía
Cultura
Otras Categorías