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Revista Diners
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Hay un momento sagrado en el campo colombiano justo antes de que el sol asome en las montañas: ese instante donde los cafetales cobran vida y miles de familias inician la jornada que ha sostenido al país durante generaciones. Es La Aurora, el concepto con el que la firma de autor Alado —liderada por los directores creativos Andrés Restrepo y Alejandro González— fue elegida para abrir la parrilla oficial de pasarelas de la feria.
Llegar a este amanecer no fue un evento fortuito, sino el fruto de 17 años de trayectoria y de un riguroso viaje de ocho meses de investigación. En alianza con la marca automotriz KIA, los diseñadores se adentraron en el corazón cafetero —recorriendo fincas desde Armenia hasta el Suroeste Antioqueño y El Retiro— no solo para observar las manos que seleccionan cada grano o los costales desgastados, sino para escuchar.
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De allí nació una propuesta inmersiva de 28 looks que traduce ese universo en sastrería, corsetería, piezas de cerámica y textiles para la línea Alado Home. En sus manos, las rayas campesinas, los estampados de manteles de finca y los bordados de flores de cafeto dialogan con una innovación botánica radical: hilos y tintes naturales desarrollados junto a Artextil a partir de la borra y la madera del café.

Sin embargo, La Aurora no busca romantizar la ruralidad ni disfrazarla de pasarela. Es, ante todo, una declaración de conciencia sobre lo que significa el lujo contemporáneo en Colombia. Detrás de las 28 siluetas y de la banda sonora al ritmo de música carrilera y sonidos de la tierra, la colección rinde tributo a las verdaderas protagonistas de este patrimonio: las chapoleras y mujeres caficultoras.
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A través de un documental presentado en el stand de la alianza, la marca visibiliza las historias de vida de Rosalinda, María Eugenia, Marta Dolly, Sandra y Rosa Elena, permitiendo además que los asistentes adquieran directamente los cafés de especialidad de sus fincas locales. Con esta entrega de venta inmediata (see now, buy now), Alado demuestra que el verdadero lujo no siempre nace de lo escaso, sino de lo que tiene significado, convirtiendo la moda en una plataforma para honrar la memoria y devolverle el valor al territorio.
(Siga leyendo: Arkitect + Jorge Duque, la nueva identidad de la marca que se presentará en Colombiamoda)
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A continuación, la conversación completa con los creativos detrás de la propuesta inaugural de la feria.
¿Qué representa “La Aurora” para ustedes en esta etapa de 17 años de trayectoria y por qué elegir ese instante justo antes del amanecer como hilo conductor?
La Aurora representa ese instante previo a la salida del sol; en un sentido más profundo, es un despertar. Para nosotros implica despertar frente al propósito mismo de la marca y preguntarnos qué significa construir una empresa alineada con una manera de entender la vida. Con el tiempo comprendimos que el trabajo no debe ser una dimensión aislada de la existencia. Así como una persona encuentra sentido cuando lo que hace se conecta con sus valores, una empresa también debe establecer esa conexión: el trabajo como extensión del propósito de vida.
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En ese sentido, La Aurora habla de un momento de conciencia. De reconocer que no basta con producir, crecer o permanecer; es necesario preguntarse para qué existe una marca y qué le aporta a su entorno. Tras 17 años, estamos en una etapa de nueva claridad. Como ocurre antes del amanecer: todavía hay sombras, pero existe la certeza de que una nueva luz está por aparecer.

Que en la pasarela incorporen el canto de pájaros, viento y música carrilera. ¿Cómo logran integrar estos elementos sonoros y paisajísticos sin distraer la atención de la indumentaria?
Para nosotros esos elementos no funcionan como decoración o acompañamiento externo; son parte de la narrativa. Quisimos construir un paisaje donde cada elemento pertenece a un mismo universo. Pensamos la pasarela de forma similar a una obra pictórica: en una pintura, la luz, el color, la textura y las formas no compiten, sino que construyen una atmósfera global.
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Eso buscamos con el sonido del viento, los pájaros y la música. No queríamos que el público viera únicamente una sucesión de prendas, sino que entrara, por un instante, al paisaje que dio origen a la colección. La naturaleza, el trabajo, la memoria y la indumentaria forman parte de una misma composición. Las prendas siguen siendo el centro, pero adquieren otra profundidad dentro del territorio que las inspira.
Andrés mencionaba que “el verdadero lujo también puede encontrarse en el territorio”. ¿Cómo se traduce esa visión de lujo rural y honesto en una pasarela de alto impacto como la de Colombiamoda?
Se trata de cambiar la mirada sobre lo cotidiano. Transformar un poncho en una pieza de diseño, convertir la lógica de un delantal de trabajo en sastrería o reinterpretar la ruana desde un lenguaje contemporáneo no es romantizar la ruralidad. Significa reconocer que esas formas contienen historia, memoria y técnica.
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Durante mucho tiempo se asoció el diseño únicamente con la rareza o la exclusividad lejana. Nosotros creemos que existe lujo en aquello cuidadosamente construido a lo largo del tiempo, en una técnica heredada o en una prenda con la memoria de una comunidad. El verdadero lujo no siempre nace de aquello que es escaso; también nace de lo que tiene significado. La pasarela buscó demostrar que lo local, lo artesanal y lo cotidiano pueden ingresar a la conversación contemporánea sobre el lujo sin caer en representaciones folclóricas.
(Para saber más: «Diseñar esta colección me costó mucho», Manuela Álvarez)

Llama la atención el uso de textiles desarrollados con residuos cafeteros. ¿Cómo fue ese proceso de I+D y qué desafíos representó llevarlos a la alta moda?
La colección nació de investigar la transformación de materiales y residuos de la cadena cafetera. Trabajamos con algodón 100% colombiano, fibras naturales y responsables, tejidos artesanales y procesos hechos a mano. En colaboración con Artextil desarrollamos un tinte natural a partir de la borra del café —un residuo cotidiano— para aplicarlo en prendas mediante estampados.
Además, exploramos la borra para la creación de botones y empleamos otros desarrollados con residuos de madera de cafeto. Así, un mismo material se convierte en color, textura u objeto. Para nosotros la sostenibilidad radica en investigar y darle nueva vida a lo que normalmente consideramos desecho. En esencia, esa es la idea de Alado: transformar la materia en una nueva historia.
Vemos una mezcla de sastrería, corsetería y elementos tradicionales como bordados de flores, frutos y rayas campesinas. ¿Cómo lograron reinterpretar esa indumentaria del campo sin caer en el disfraz?
Desde el inicio entendimos que no queríamos hacer una colección literalmente sobre el café, sino sobre todo lo que existe a su alrededor: el territorio, la memoria y la identidad cultural. Por eso investigamos en fincas cafeteras de El Retiro, Antioquia, donde convivimos con mujeres caficultoras. Descubrimos que las imágenes más poderosas estaban en pequeños gestos: las manos que seleccionan el grano, los costales desgastados, la geometría de los cultivos, la neblina del amanecer y las prendas heredadas.
A partir de allí traducimos ese universo en proporciones y sastrería. Sobre el uso de lo figurativo, creemos que lo literal no es un recurso limitado si hay intención; una imagen reconocible es una puerta de entrada a la historia. Elementos como las rayas campesinas o las flores funcionan como puntos de conexión con una memoria compartida, los cuales transformamos para que entren en diálogo con la moda contemporánea.

¿Qué los motivó a extender la narrativa de La Aurora hacia la cerámica y los textiles para el hogar?
Nace del interés por acercarnos a la cultura material del territorio. La identidad no solo se construye con la ropa; existe en los objetos que utilizamos y en la forma en que habitamos los espacios. Llevar la colección al hogar permite entender el diseño como un medio para construir relaciones más profundas con el entorno cotidiano. La Aurora no es únicamente indumentaria; es una exploración sobre cómo una historia se viste, se habita y se comparte.
¿Buscan proyectar un estilo de vida integral en torno a la identidad colombiana?
Sí. Nos interesa que lo colombiano deje de ser visto solo como un conjunto de símbolos reconocibles y pase a ser percibido con un valor propio, contemporáneo y sofisticado. Más que representar una identidad, nos interesa convertirla en un código: un lenguaje que puede aparecer en una prenda, un objeto o una experiencia, conectando el origen con el futuro.
¿Cómo fue la convivencia con las cuatro mujeres protagonistas del documental de la colección y qué aprendieron de ellas durante estos ocho meses de producción?
Entendimos que no eran un referente distante para una estética, sino las verdaderas protagonistas. Durante ocho meses recorrimos el corazón cafetero —desde Armenia hasta el Suroeste Antioqueño— visitando sus familias y comunidades. Comprobamos la importancia del rol de las mujeres en el campo colombiano: sostienen familias, preservan conocimientos y cuidan el territorio, aunque muchas veces su trabajo permanece visibilizado en segundo plano.
El documental —dividido en cuatro capítulos— recoge estos aprendizajes: Con Rosalinda aprendimos sobre la memoria, la tradición y el legado cultural; con María Eugenia entendimos la relación profunda con la tierra en el capítulo La Montaña; con Marta Dolly y Sandra descubrimos la sostenibilidad no como tendencia, sino como un compromiso de vida; con Rosa Elena aprendimos sobre la calidad, la virtud en el hacer y cómo la perfección se construye con paciencia.
Para nosotros era fundamental que el diseño no se apropiara de sus experiencias, sino que sirviera como plataforma para amplificarlas.
(Le puede interesar: Sebastián Díez: «No podemos competir por precio; competimos por lo que nos hace únicos»)

Alejandro afirma que la sostenibilidad también es generar oportunidades. ¿De qué manera concreta beneficia esta alianza y la comercialización de café a las comunidades que inspiraron la colección?
La primera forma de generar impacto es darle un lugar activo a las protagonistas dentro de la plataforma comercial. La alianza les permite presentar sus cafés de especialidad en Colombiamoda a través del stand Coffee Shop KIA x Alado.
Allí presentan directamente sus marcas: Café La Naviera, El Mirador, Rosa Linda y El Recuerdo. Devolver valor a quienes hacen posible la historia es fundamental; el objetivo es que la relación no termine en la pasarela, sino que continúe entre productores y consumidores.
Siendo una de las firmas de autor más consolidadas del país, ¿qué responsabilidad sintieron al abrir la parrilla oficial de desfiles de la feria en este 2026?
Sentimos una gran responsabilidad y una enorme oportunidad. Abrir Colombiamoda 2026 significa hablar no solo de nosotros, sino de la manera en que entendemos el diseño colombiano hoy: una práctica capaz de dialogar con la innovación, la artesanía y las personas. Tras 17 años, nuestro compromiso es no quedarnos en fórmulas comprobadas, sino usar nuestra plataforma para investigar y abrir nuevas posibilidades.
Las prendas y la línea de hogar están disponibles desde el día del desfile. ¿Cómo coordinaron la cadena de producción para responder al modelo see now, buy now dentro de una propuesta con un alto componente artesanal?
Más que adoptar un calendario comercial externo, nos preguntamos cuál era el ritmo adecuado para nosotros. Nuestra tienda funciona como un laboratorio para observar qué conecta realmente con el consumidor, pues producir también exige responsabilidad.La disponibilidad inmediata no significó acelerar artificialmente los procesos, sino hacer coincidir la presentación con la salida de piezas que ya habían sido desarrolladas con tiempo y cuidado. La Aurora dialoga con la moda lenta; los tiempos de bordado y tejido no siempre se someten a las urgencias comerciales. Por eso la concebimos como una propuesta atemporal que permanece. Para nosotros, el tiempo no es un obstáculo para la moda: es uno de sus materiales.