Totó la Momposina despedida conciertos
Foto: Cortesía Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo
mayo 20, 2026
Música y Teatro

Totó la Momposina y el latir de su tambor

La vida de Totó la Momposina estuvo marcada por la música, el desarraigo y la memoria del Caribe colombiano. Desde su infancia entre tambores hasta su consagración internacional, Sonia Bazanta Vides convirtió la cumbia y el bullerengue en un lenguaje universal que preservó las raíces afroindígenas del país.
POR:
Laura Galindo - @LauraGalindo
Revista Diners
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Sonia Bazanta Vides nació con un tambor adentro. “To-to”, repetía una y otra vez mientras señalaba aquello cuyo nombre aún no conocía. “To-to-to”, balbuceaba mientras descubría el mundo. “To-to”, insistía cuando los cueros cobraban vida sobre la madera bajo el repique de las manos ásperas y callosas de su padre. “Totó” comenzaron a llamarla todos. Y Totó, la Momposina, quedó para siempre.

Nació el 15 de agosto de 1948 en Talaigua, Bolívar, a orillas del río Magdalena, como nacen quienes parecen destinados a vivir entre cumbias, bullerengues y tamboras. Creció en una familia de músicos y bailarinas que llevaban en el cuerpo y en los pies la herencia de los indios chimilas, así como la resistencia y el lamento de una herida doble: la diáspora y el colonialismo.

(Siga leyendo: Totó la Momposina: cinco momentos que marcaron el legado de la voz del Caribe colombiano)

Totó la momposina
Totó la Momposina y el latir de su tambor

De Talaigua, los Bazanta Vides migraron a Barrancabermeja y luego a Villavicencio. Su padre, Daniel Bazanta, era zapatero y fabricaba botas para los trabajadores de las petroleras. Cada nueva fábrica significaba un nuevo empleo y, con él, un nuevo lugar para vivir. Sin embargo, la llegada de la familia a Bogotá estuvo marcada por un acontecimiento aún mayor: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

Tras la muerte del caudillo liberal, Bogotá entró en estado de sitio y el país entero replicó los desmanes de aquel día. El Bogotazo —como se conoció en la capital y cuyos ecos se sintieron en otras ciudades— marcó el inicio de La Violencia, un periodo atravesado por las guerras bipartidistas y la persecución política. Los Bazanta eran liberales declarados y, después de recibir amenazas, se vieron obligados a abandonar su hogar y refugiarse en Bogotá. Una tercera herida quedó entonces inscrita en la memoria de Totó: el desarraigo.

Al llegar a la capital se instalaron en el barrio Restrepo. Su padre retomó el negocio de los zapatos y su madre, Livia Vides, comenzó a enseñarles bailes y cantos tradicionales a sus hijos. Así nació Danzas del Caribe, el primer grupo de Totó. La casa familiar se transformó en un epicentro cultural al que acudían no solo los hijos Bazanta Vides, sino también músicos costeños radicados en Bogotá. Por allí pasaron Luis Enrique Martínez, Pacho Rada, Colacho Mendoza, los Hermanos Zuleta, los Hermanos López, Alejo Durán, Nafer Durán, Leonor González Mina y Pacho Galán.

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Más tarde, Totó se convirtió en respondona de la cantadora Estefanía Caicedo y pasó meses haciendo coros en ese juego de pregunta y respuesta que define los bailes cantados. Ser cantadora era un privilegio al que se llegaba con esfuerzo, madurez y liderazgo; una suerte de capitanía que exigía formación desde los escalones previos. Tres años después estaba lista. Junto a Danzas del Caribe se presentó en Acuarelas costeñas, un programa de televisión que servía de vitrina para nuevos artistas. Luego llegaron los festivales, las ferias y las correrías, hasta que, una década después, nació Totó la Momposina y sus tambores.

En 1982 viajó a Estocolmo como parte de la comitiva que acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura. Fiel a su irreverencia, Gabo se negó a seguir el protocolo y exigió llegar acompañado de lo que él mismo llamó “la representación viva del realismo mágico”. La tarea de Totó era, por supuesto, cantar. Interpretó Soledad, de Walberto Villamil, cuyos versos dicen: “Ya verán, ya murieron, vive tu vida, vive cien años de soledad”. Ese viaje también marcó el inicio de otro recorrido: estudió Historia de la danza y Organización de espectáculos en La Sorbona, en París, e Historia del bolero en Cuba.

La momposina
Totó la Momposina y el latir de su tambor

En 1993 lanzó La candela viva, un disco fundacional para la música de tambores, producido por Peter Gabriel y el sello británico Real World. Tres años más tarde grabó Carmelina, álbum en el que introdujo por primera vez el bajo eléctrico y los instrumentos de metal. Y en el año 2000 publicó Pacantó, grabado entre Colombia, Inglaterra y Francia, trabajo que le valió su primera nominación a los Grammy Awards y consolidó el sobrenombre de “La reina de la cumbia”.

Totó la Momposina se retiró de los escenarios en 2022, durante el Festival Cordillera. Lo hizo acompañada de sus tambores, de su hijo Marco Vinicio —heredero de su pañuelo y de su legado— y de las tres canciones que seguían intactas en su memoria, pese al deterioro cognitivo provocado por la afasia: La candela vivaEl pescador y Aguacero de mayo. Las mismas que hoy siguen sonando mientras el país lamenta su muerte.

Sonia Bazanta Vides nació y murió con un tambor adentro, latiendo entre repiques de bullerengue, cumbia y chandé.

(Para seguir leyendo: 20 preguntas que respondió Totó la Momposina en 1997)

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