Foto: Fotos cortesía Bogotá Fashion Week.
mayo 20, 2026
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“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

La colaboración entre la marca paisa GEF y el creativo venezolano Alejandro Crocker presentó en Bogotá Fashion Week Transparencia, una colección construida a partir de la remanufactura que unió sostenibilidad, comunidad y diseño de autor bajo una narrativa de segundas oportunidades.
POR:
Mateo Bonilla Moreno
Revista Diners
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Una pregunta atravesó el origen de Transparencia: ¿cómo vender sin producir más? La respuesta, lejos de las lógicas tradicionales de la industria, tomó forma en una colección que convirtió jeans olvidados, chaquetas archivadas y prendas en desuso en nuevas piezas de diseño. La colaboración entre GEF y el creativo Alejandro Crocker llegó a Bogotá Fashion Week 2026 con una apuesta por la remanufactura como lenguaje contemporáneo dentro de la moda latinoamericana.

Aunque cerró la segunda jornada de la semana de la moda —pasadas las 9:45 p. m. en el quinto piso de Ágora Bogotá—, la pasarela estuvo lejos de cualquier sensación de frialdad. Bajo una entrada teñida de luz índigo y al ritmo de Nada Personal de Soda Stereo, los primeros modelos aparecieron frente a cientos de asistentes durante la noche del miércoles 13 de mayo.

“queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, alejandro crocker
“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

Si bien las camisetas blancas de algodón intervenidas mediante cortes y superposiciones marcaron parte del recorrido, el gran protagonista fue el denim. El tejido, históricamente asociado a la funcionalidad y la permanencia, encontró aquí una nueva lectura centrada en la segunda oportunidad. Entre costuras visibles, paneles reconstruidos y un patchwork deliberadamente expuesto, pantalones relegados al olvido reaparecieron convertidos en faldas, shorts y chaquetas de siluetas amplias.

La música no funcionó únicamente como acompañamiento estético, sino como una extensión conceptual de la colección. Para Crocker, el rock en español representa una fuerza de transformación capaz de romper barreras internas, una idea que dialogó constantemente con el espíritu de Transparencia.

La narrativa visual evolucionó desde lavados claros y tonos desgastados hacia una presencia dominante del denim negro, mientras sonaba Tren al Sur de Los Prisioneros. Entre abrigos oversize, camisas de proporciones relajadas y capas textiles reconstruidas apareció también la cuota colombiana con Muévelo de Kali Uchis, una sincronía precisa con la idea de “actualizar” tanto la moda masiva de GEF como la mirada autoral de Crocker.

“queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, alejandro crocker
“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha ciento por ciento desde la remanufactura”, afirmó el diseñador sobre un proyecto que, según explicó a la Revista Diners, terminó convirtiéndose en una ruptura para la moda de autor y también para el retail colombiano.

Más que transformar prendas, Transparencia propuso resignificar su memoria. Cada pieza conservó rastros visibles de su vida anterior: costuras expuestas, mezclas de texturas y cortes que revelaban el pasado de los materiales. Esa dimensión artesanal estuvo respaldada por el trabajo de 18 mujeres cabeza de familia vinculadas previamente a la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ), quienes participaron en el desmontaje y reconstrucción de las prendas.

El cierre de la pasarela llevó la narrativa hacia sonidos urbanos antes de un último momento cargado de nostalgia. La versión lírica de Persiana Americana, otro clásico de Soda Stereo, fue interpretada en vivo por Dolores Te Canta mientras todos los looks regresaban al escenario para el desfile final.

Entonces aparecieron también 14 integrantes del equipo de confección. Con aguja, hilo y montañas de prendas descartadas, fueron ellas quienes dieron forma a una colección que convirtió la remanufactura en una declaración estética, social y colectiva.

Dos mundos opuestos

La colaboración unió dos universos aparentemente opuestos. Por un lado, GEF, una marca acostumbrada a dialogar con un espectro amplio de consumidores y ventas rápidas; por el otro, el trabajo artesanal y experimental de Crocker alrededor de la sostenibilidad y la reconstrucción textil. Sin embargo, detrás de ambas propuestas existían puntos de encuentro inevitables.

“queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, alejandro crocker
“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

La propuesta nació bajo una regla estricta: no comprar absolutamente nada nuevo. Las prendas fueron desarrolladas a partir de colecciones pasadas de GEF mediante procesos de remanufactura. Aguja, hilo y textiles recuperados bastaron para construir una colección que buscó demostrar que la moda masiva también puede replantear sus formas de producción.

“Son dos marcas muy distintas desde el consumidor que atienden, pero muy parecidas en su esencia”, explicó Catalina Ochoa, gerente comercial de Crystal, compañía detrás de GEF. La sostenibilidad, el trabajo comunitario y el denim terminaron funcionando como puentes que hicieron posible la colección.

“Tenemos a un diseñador venezolano, una empresa que viene de Medellín, Bogotá Fashion Week y representación alemana”, dijo Stephan Reichert, Jefe de cooperación de la Embajada de Alemania en Colombia. “Eso simboliza mucho lo que es la moda universal. Lo que ocurre aquí tiene efectos allá (Europa) y viceversa”.

Para Crocker, la remanufactura también funciona como una narrativa sobre las segundas oportunidades. “Todos los seres humanos nos estamos dando una segunda oportunidad constantemente”, afirmó el creativo al relacionar la colección con las historias de las mujeres, migrantes y talleres comunitarios que participaron en el proyecto.

“queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, alejandro crocker
“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

El ejemplo de la propuesta no se encuentra solo en jeans rescatados del olvido, sino también en las manos migrantes que encontraron un nuevo aliento durante el proceso. “Estamos haciendo algo bueno por el planeta y creando comunidad entre mujeres que trabajan por un proyecto social y económico capaz de cambiar nuestras vidas y las de nuestras familias”, comentó Margin Molina, integrante del equipo de confección.

Subir y bajar volumen

El aprendizaje recíproco durante el proceso se evidencia en la naturalidad de cada pieza, pese a la aparente antítesis entre ambos universos creativos. Detener los modelos tradicionales de producción, volver la mirada hacia los remanentes textiles y asumir un riesgo económico fueron algunos de los principales desafíos para GEF. Por su parte, Crocker tuvo que enfrentarse a las dinámicas propias de la moda masiva.

“Fue entender el mundo masivo desde atrás, desde el diseño, y entender que no era que no tuviera licencia creativa, sino que tenía que comprender a dónde iba esa pieza, cuánto pesaba y cuánto espacio iba a ocupar. Todo con el fin de que ese diseño pudiera cumplir y llegar a todas las tiendas a nivel nacional”, explicó el creativo venezolano.

“queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, alejandro crocker
“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

Más allá del consenso sobre el modelo de producción, una de las cuestiones consistió en construir prendas capaces de dialogar tanto con el consumidor masivo de GEF como con el público habitual de Crocker, ubicado entre el diseño de autor y el lujo latinoamericano, en materia de poder adquisitivo. 

“El reto fue encontrar un equilibrio entre el valor creativo de la colección y el precio que debía tener para conectar con el mercado de GEF. Ahí apareció un punto medio entre ambas marcas y ambos consumidores”, explicó Ochoa. La respuesta todavía espera la recepción definitiva del público en tiendas de Bogotá, Cali y Medellín, pero encuentra sus bases en la fusión entre el ADN de Crocker y GEF a partir de historias reales, prendas conscientes y procesos colectivos.

“GEF le bajó el volumen a Alejandro Crocker y Alejandro Crocker le subió el volumen a GEF”, resumió el diseñador sobre una colaboración atravesada por conversaciones constantes alrededor del diseño, el precio y la funcionalidad de las prendas.

La idea de desarrollar una colección en la cual la única compra fuera aguja e hilo resulta llamativa por su naturaleza sostenible en una época marcada por el hiperconsumo. Sin embargo, la esencia de Transparencia no yace únicamente en presentarse como una iniciativa verde, sino en la construcción de un mensaje alrededor de las segundas oportunidades.

Trazabilidad real

El concepto de transparencia dentro de la colección no terminó sobre la pasarela. Cada prenda incorporó un pasaporte digital capaz de rastrear su proceso de transformación desde el origen del textil hasta las posibilidades futuras de reparación, reciclaje o reventa. A través de un código QR, los consumidores pueden acceder a la historia específica de cada pieza y recorrer el trayecto detrás de su reconstrucción.

“queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, alejandro crocker
“Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker

Para Alejandro Crocker, el sistema también representa una manera de humanizar la industria. Más allá de mostrar materiales o procesos técnicos, el pasaporte digital busca revelar las personas detrás de la confección: talleres pequeños, mujeres cabeza de familia y comunidades migrantes que participaron en la elaboración de la colección.

El ejercicio, además de funcionar como una herramienta de trazabilidad, plantea una nueva relación entre consumidor y prenda. La ropa deja de entenderse como un producto estático para convertirse en una pieza capaz de continuar transformándose después de la compra. Reparar, revender o reutilizar hacen parte del mismo ciclo narrativo de Transparencia.

“Las marcas masivas también tienen seres humanos detrás”, señaló Crocker sobre una iniciativa que traslada la conversación de la sostenibilidad hacia la visibilidad de quienes construyen la moda desde distintos puntos de la cadena productiva.

Más allá de un ejercicio creativo sostenible, el trabajo conjunto entre GEF y Crocker terminó convirtiéndose en una declaración sobre las segundas oportunidades de personas, ideas y textiles. Con su llegada a tiendas nacionales, la alianza entre lo masivo y lo autoral busca replantear la relación entre sostenibilidad, consumo y consciencia detrás de una prenda.

(Siga leyendo: La geometría versátil de Camilo Álvarez debuta en Bogotá Fashion Week)

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