Revista Diners
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El 5 de agosto de 2010, un derrumbe en la mina San José, en el desierto de Atacama, Chile, dejó a 33 mineros atrapados a casi 800 metros bajo tierra. Durante 17 días se creyó que habían muerto, mientras sus familias permanecían en la zona y los equipos de rescate buscaban una forma de llegar hasta ellos. Lo que siguió fueron 52 días de perforaciones, decisiones de ingeniería y una operación internacional que mantuvo en vilo al mundo: se estima que más de mil millones de personas siguieron el histórico rescate. Durante tres episodios, El rescate de los mineros chilenos: Carrera contra el tiempo, de National Geographic, reconstruye esa carrera por salvarlos en medio de una de las catástrofes en minas más conocidas del país suramericano.
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Dirigida por James Parris y Chloe Campbell y producida por Blast Films para National Geographic, la serie reúne, en sus tres episodios, entrevistas con sobrevivientes, familiares y rescatistas, además de imágenes inéditas grabadas por los propios mineros con teléfonos celulares dentro de la mina. El relato sigue tanto la organización que surgió bajo tierra durante los 69 días de encierro como los desafíos técnicos que hicieron posible la extracción y las consecuencias posteriores de una experiencia que convirtió a los 33 hombres en figuras conocidas en todo el mundo.
En conversación exclusiva con Diners, sus dos directores, Parris y Campbell, hablan sobre la reconstrucción de esta historia y los testimonios que permiten acercarse a una experiencia seguida por millones de personas.
Dieciséis años después del rescate, la mayoría de las personas ya sabe cómo termina la historia de los 33 mineros. ¿Qué los llevó a pensar que todavía había una historia por contar y qué querían mostrarle al público que quizá no había comprendido la primera vez?
James Parris: Más de mil millones de personas vieron el rescate final. Fue un acontecimiento de enorme relevancia internacional. Sin embargo, debajo de los titulares había mucho más por contar. Dieciséis años después, los sobrevivientes, los rescatistas y las familias habían tenido tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido, y eso permitió conocer una profundidad emocional que no quedó recogida en la cobertura periodística de aquel momento.
Nos interesaba entender qué había pasado, cómo había sucedido y cómo se habían sentido los hombres durante esos días. También queríamos comprender qué les permitió sobrevivir.

Chloe Campbell: Creo que el paso de esos dieciséis años fue una ventaja. En aquel momento, algunas personas no querían hablar de lo sucedido y otras querían cerrar ese capítulo de sus vidas. Con el tiempo, algunos mineros sintieron que había llegado la hora de contar su historia. Otros nunca habían hablado de lo ocurrido con sus seres queridos, porque sus familias tenían demasiado miedo de preguntar.
Hablar de un trauma es difícil, pero nosotros nos tomamos el tiempo necesario y les dimos el espacio para que pudieran contar lo que pasó, si así lo deseaban.
Parte del material más difícil son los mensajes que los mineros grabaron para sus familias durante esos 69 días. ¿Cómo fue el proceso de escuchar y trabajar con esas últimas palabras, sabiendo que las grabaron en un momento en el que no sabían si volverían a ver a sus seres queridos?
Chloe Campbell: Fue un privilegio tener acceso a ese material. La persona que tenía el teléfono aceptó compartirlo con nosotros, pero ni siquiera sabíamos si los videos seguían allí. Recuperar esas imágenes fue un momento extraordinario.
Los vimos reflexionamos sobre ellos y hablamos con las personas que participaron en la serie. Muchos de los mineros también escribieron cartas para sus seres queridos cuando pensaban que no iban a sobrevivir. Trabajar con ese material implicaba una enorme responsabilidad, así que lo abordamos con muchísimo cuidado y respeto.
James Parris: Como cineasta, uno tiene que confiar en su reacción instintiva ante lo que ve. Esas imágenes fueron grabadas por los propios mineros dentro de la mina, durante los primeros diecisiete días y también en mensajes posteriores.
La reacción que me provocaron fue visceral. Quería atravesar la pantalla y decirles que todo iba a estar bien, pero no podía hacerlo. Al momento de editar, confié en esa respuesta inicial: sentí que el material tenía una fuerza extraordinaria y que debía formar parte de la serie.
La historia suele recordarse a través del rescate, pero El rescate de los mineros chilenos: Carrera contra el tiempo también incluye a las familias, los funcionarios y las personas que participaron desde la superficie. ¿Qué revelaron esas perspectivas sobre la experiencia psicológica de la tragedia que no habrían podido mostrar únicamente desde el interior de la mina?
James Parris: Los 69 días también son una historia sobre cómo las personas se unieron. Los mineros querían sobrevivir; las familias querían recuperar a sus seres queridos; los rescatistas querían salvar a los hombres, y los políticos querían que Chile tuviera una buena historia que contar. Cada grupo tenía sus propios objetivos, pero todos terminaron convergiendo en el desierto, como una gran familia que intentaba salvar vidas humanas.
Para mí, esa unión es uno de los mensajes centrales de la historia: la cooperación, la alegría, la esperanza y el valor que surgieron cuando las personas trabajaron juntas.
Chloe Campbell: Es difícil imaginar lo que significa estar atrapado en una mina, sobre todo durante los primeros diecisiete días. Quizá para el público sea más fácil ponerse en el lugar de los rescatistas e imaginar lo que vivieron.
A menudo se subestima el trauma que ellos también experimentaron y la responsabilidad que tenían. Debían encontrar a los mineros con vida, mantenerlos vivos y conseguir sacarlos de allí. Esa perspectiva permite entender otra dimensión de lo que ocurrió.
Al volver sobre una tragedia dieciséis años después, existe el riesgo de reabrir el dolor de quienes la vivieron. ¿Cómo abordaron las entrevistas con los mineros y sus familias para recordar lo ocurrido sin limitarse a pedirles que revivieran el trauma?
Chloe Campbell: Ese riesgo siempre existe y conlleva una responsabilidad. Por eso, dedicamos tiempo a hablar con las personas y nos aseguramos de que entendieran qué les estábamos preguntando antes de aceptar participar. No se trataba de tener una conversación rápida y empezar a grabar.
Hablábamos con ellas de antemano para que supieran qué implicaban las entrevistas largas frente a la cámara. También tenían la posibilidad de recibir apoyo psicológico si lo necesitaban o lo deseaban.

James Parris: Esa vulnerabilidad no se limita a los mineros. También está presente en sus familias, en los rescatistas y en toda la comunidad que vivió lo ocurrido.
Para nosotros era importante que cada entrevistado tuviera autonomía y pudiera conducir la conversación. No queríamos limitarnos a formular preguntas y obtener respuestas; queríamos escuchar lo que las personas pensaban de su propia historia, no imponerles nuestra interpretación.
Creo que esa forma de trabajar permitió que los mineros se abrieran con nosotros de una manera extraordinaria.
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