Foto: Crédito: Penguin Random House
octubre 6, 2026
Arte y Libros

«No estoy buscando la comedia. Busco una emoción distinta», Dany Hoyos

El humorista y escritor colombiano Dany Hoyos reconocido por su personaje Suso el paspi regresa a las letras con Primavera, su segunda novela, en la cual narra las vivencias de su niñez en Medellín.
POR:
Mateo Bonilla Moreno
Revista Diners
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Aunque gran parte del público nacional lo siga reconociendo por el personaje de Suso, la figura de Dany Hoyos, nombre de pila, ha logrado separar del alter ego sus ideas más íntimas con el transcurso de los años. Bajo el sello Random House, el humorista publicó Primavera, su segunda novela, en la cual aborda cómo fue crecer en un barrio de Medellín durante los 90.

(Explore leyendo: Virginia Petro: «en mi mundo, en lo que piensa mi cabeza, también me puedo dar la oportunidad de escribir algo que esté habitado por el amor»)

Si bien la escritura no es ajena para un licenciado en lengua castellana —menos para Hoyos, quien ya contaba en su haber literario con El árbol de guayacán, de 2023—, el libro más reciente ahonda es aquellos momentos que marcaron la mocedad del antioqueño. Desde el salto en el tiempo a juegos infantiles, olores característicos de la zona y la pérdida de personas importantes, Primavera encuentra en la nostalgia un hilo conductor.

En conversación con Diners, Hoyos compartió el papel de las canciones de salsa que atraviesan la obra, los sentimientos que florecen al ver su niñez plasmada en el papel y la experiencia única de haber crecido en un barrio en la ciudad de la eterna primavera.

En el libro, el sentimiento que funciona como hilo conductor es la nostalgia. ¿Cómo fue tal regreso a los 90 en ese efecto retrovisor que cuentan las páginas?

Este libro lo estaba escribiendo hace muchos años desde mi nostalgia y mis cosas, pero, digamos, la conciencia de la nostalgia surge cuando voy, después de muchos años, de regreso al barrio. Me hicieron una entrevista para volver a visitar el barrio —que está ahí en el libro en un juego metaliterario del narrador mayor—, pero ya no está la misma gente, ya no está la misma calle, ya no están las mismas dinámicas; la gente es distinta,

Me dio mucho toque de nostalgia. Cuando hablé con las personas, la mayoría de gente vivía lo mismo. Decía: «volví al barrio y ya no quiero ir porque no es la mismo». Quisiera volver a ver esa misma sensación.

Dany hoyos
Pese a que Primavera es un barrio ficticio, el lugar recoge las experiencias de crecimiento de Hoyos en Medellín. Crédito: Penguin Random House.

Está el saudade, que es intraducible del portugués. Si uno ve, el inmigrante que se va para Estados Unidos y vuelve a Colombia, quiere ir a las mismas partes que frecuentaba cuando estaba en Colombia. Ahí ve que ya no son lo mismo: ve que el cafecito aquel ya no está. Creo que es muy difícil entenderlo en la vida; para los que nos gusta la nostalgia, es una manera en la que disfrutamos del pasado. Entonces, para mí fue ese encontrar que ya soy parte de otra época, pero el libro está en aquel tiempo.

La gente que lleva 30 años para arriba, dice: «En mi época hacíamos tal cosa». O sea, lo cual quiere decir que hay un implícito que esta no es su época, que no perteneces a acá. Lo cual dice que la vida está realmente cuando uno está joven. Me pareció bien particular cuando uno no se reconoce en el presente, sino que se reconoce a través de su pasado y de su memoria. Quería ahondar mucho al personaje del libro en ese aspecto.

Y la clara diferencia generacional entre los 90 y la época actual…

Ahí va otro descubrimiento: el esperar. Nuestra época esperaba, la época de ahora no lo hace. Vivimos en un momento donde había que esperar para todo. ¿Vas a llamar por teléfono? Tienes que esperar. ¿Quieres ver un programa de televisión? Tienes que esperar a que dentro de 8 días lo den. No hay más donde verse, solo en ese día y a esa hora; si lo viste, te lo perdiste.

Estamos con la generación de la inmediatez. No son capaces de esperar.

Le digo a alguien,»espérame en tal parte» y me responde: «¿qué hago?». Nosotros nos sentábamos a esperar; cruzábamos las manos y nos sentábamos a esperar.

En esta segunda novela aborda nuevamente un tema bastante personal como lo es la infancia y el proceso de introspección. ¿De qué forma es volver a esa época de la niñez por medio de las páginas?

Hay dos cosas. La primera: no quería relatar el barrio del sufrimiento. O sea, esto es un barrio popular, pero no me interesaba el barrio del sufrimiento. Hubo, y hay, cosas buenas y cosas malas.

Me interesaba decir que había muchas cosas difíciles, que se naturalizó la muerte, el asesinato. Entonces, para nosotros era muy normal; pero como era muy normal, crecimos sin sentir que habíamos tenido una vida horrible, sino una feliz.

Cuando yo estoy grande, me doy cuenta —salgo al mundo, voy a otras ciudades, a otros países— que nadie había visto un asesinato. «¿Cómo así? ¿Usted no ha visto matar a nadie? Eso es normal», pensaba. Ahí descubrí eso.

No viví una infancia mala, yo viví una infancia muy feliz. Veo con mucha fortaleza a ese joven de 17 años que tuvo que superar la muerte de todos sus amigos. No había psicólogos como ahora en los colegios que trataran o que miraran, sino que las cosas se tramitaban de otras formas.

Lo veo como una etapa muy bella, pues por algo la recuerdo así; no quería, insisto, recordar el barrio como lo ven desde afuera: con la condescendencia. Nosotros vivíamos felices. Si me devolviera al pasado, viviría lo mismo. Viviría en la misma parte. Tal vez jugaría más porque me gustan más los juegos.

Los juegos eran de interacción, de conversar, por eso mismo, que no teníamos más que hacer.

Entre el saudade del escrito, el tema de la muerte está presente en los capítulos con la pérdida de sus amigos. Además de profundizar en el proceso acerca de qué manera escribió sobre ellos, ¿cómo ve ahora esas vivencias plasmadas en el papel en las cuales los lectores pueden conocer sus historias pese a no ahondar en las identidades per se?

Escribo este libro porque ahí hay una culpa que siempre anduvo en mí. La muerte del último de mis amigos se narra ya al final del libro; fue esa la que me generó a mí la culpa, porque yo siempre iba con él. Debí ir a lo que él fue. Entonces, digamos que muy posiblemente me hubieran matado a mí.

Todas las historias son reales. Algo ficcionadas en la trama y en cómo se cuadra y tal, pero todos los sucesos son reales. Entonces, como de alguna manera es un canto que estaba haciéndole a todos ellos. El libro se hubiera podido llamar Los amigos cantan. Esto es un canto a los amigos y ellos lo hace; cada una de esas frasecitas de salsa es es como si ellos las cantaran.

Ellos se me aparecen en sueños, ya no tanto. Lo hacían mucho porque todos quedamos perturbados con la muerte en el río y con lo de Benny. Hay cosas que nunca se me olvidan.

Dany hoyos
La primera novela de Hoyos, El árbol de guayacán, narró la historia de su abuelo. Crédito: Catalina Forero – Penguin Random House.

El sábado, yo siempre iba con él y ese día, por estar detrás de una vieja, decidí no ir. Ese día lo mataron y se suponía que yo iba a ir con él. Fue a la primera persona que yo le escribí algo. A los 19 años empecé a hacer un cuento y lo hice sobre él. O sea, el primer escrito es sobre nuestro Augusto Villegas Quintero.

Es mi forma de liberarme un poco de eso, que la gente conozca la historia de un pelado que, como muchos, tenía un sueño y cosas por hacer. Esa es, más o menos, mi intención.

¿Por qué, en especial, la salsa está presente en todo el relato?

No sé muchas cosas, pero de salsa sí sé. Mis temas son el fútbol, la salsa, el entretenimiento y la literatura. No me interesan otros temas. No sé de carros, yo no sé de nada físico, no sé. Converso con la gente, pero eso son como mis temas hobby. Yo quería hacer un libro de fútbol, de salsa y de barrio.

Quería hacer eso. Si a la gente le gustaba, bien; y si no, pues yo quería hacer eso. Hacer literatura, contar la historia de estos manes. Para mí, para nosotros, la salsa es a las clases bajas lo que es el rock a las clases altas.

El que era rockero, era porque sabía inglés y bien puestecito. Los que éramos de barrio escuchábamos vallenatos o salsa. La salsa tiene una connotación en la que cuenta cosas muy tristes con música alegre. Tiene letras, música, compositores, tipos que saben mucho de música y no hay un libro de salsa así.

Novelas de salsa hay muy pocas; novelas de fútbol, varias. Aunque hay muchos más cuentos de fútbol de Argentina y Uruguay.

La salsa para mí ha sido un momento también de nostalgia. Por ejemplo, siempre me acuerdo de las personas a través de una canción y de los momentos a través de una canción de salsa. Soy muy auditivo y me acuerdo qué estaba sonando tal día cuando conocí a alguien. Por ejemplo, a Benny y al barrio siempre lo voy a acordar si escucho Monín de la Orquesta la Dicupe.

Siempre me acuerdo de Juan, que en el libro se llama Rubén, quien es el hijo del señor don Alonso, nombrado en homenaje al máximo compositor de salsa Catalino Curet Alonso.

Le puse ese nombre porque él era el señor más sabio del barrio. Era el papá que nos ayudaba con las tareas.

Cada que escucho alguna canción de salsa es imposible no acordarme de ellos. La salsa fue la banda sonora.

Me acuerdo exactamente la primera vez que escuché La vida es bonita de Héctor Lavoe. Mis conexiones con la salsa y los momentos del pasado son muy grandes. Me acuerdo exactamente la primera vez que escuché Tiempo para matar de Willy Colón: estaba en octavo y salía del salón, venía el mellizo —un compañero del colegio— cantando esa canción.

Primavera detalla cada escena desde los olores y sensaciones de un claro barrio de Medellín. ¿Cómo espera que se digieran esos códigos sociales en cada uno de los lectores ajeno a la realidad antioqueña de los 90?

Eso es trabajo de la literatura.

La literatura tiene eso tan bonito en que tú no te conectas con el suceso, sino con la emoción que te da el suceso o la sensación; lo comparas contigo y vas a lo que eso te produce.

Te puedes conmover, producir nostalgia, puedes tener algunas alegorías o símiles en tu vida que te conectan. Me han escrito: «uy, lo que pasa con la salsa, a mí me generó eso mismo, pero con el rock». También que recuerdan al señor que vendía en la calle; para mí gritaba aguacates; para ellos, zapotes.

Eso es un cargo de la literatura. Todos tuvimos amigos, adolescencia, una primera vez con la mujer y todos estuvimos en esos miedos del momento.

A mí me gusta recrear esas imágenes que te evocan. Cuando esas imágenes evocan, a mí no me interesa si eso es de aquí o de China. Hay una frase del Tolstoy: describe a tu aldea y serás universal.

"no estoy buscando la comedia. Busco una emoción distinta", dany hoyos
El libro da un paso más para separar al personaje cómico de Suso del a figura del escritor de Dany Hoyos. Crédito: Catalina Forero – Penguin Random House.

Yo tuve que entender, y todo el mundo tuvo que entender, cómo era la vida con los zares en la Rusia del siglo XIX y no tuvimos que ir allá. Jugaban algo, yo no lo jugué, pero tenía la sensación de que algo estaban jugando. Que es lo mismo aquí, que juegan cartas en una tienda de barrio. Que piden fiado. Todo el mundo en Colombia ha pedido fiado.

Tú lo trasladas a tu sensación. Es la emoción. Si me pongo a hablar de cosas que no sé y a volverlo u homologarlo para el mundo, entonces estaría diciendo mentira porque no estoy contando mi barrio. A la gente le interesa que yo cuente mi barrio.

Sucede con el extranjero que se viene de allá para acá y la gente quiere llevarlo a cosas gringas, como hamburguesas, y pues no. Él quiere ver es cómo vivimos aquí.

Y quiero ver cómo porque algo que también leí de varias eh partes a un amigo paisa, le pregunté le le puse a leer ciertas partes del libro, me dijo que es una infancia que ve en distintos barrios de Medellín, o sea, no lo ve solamente en un barrio, sino en en las partes de Medellín, que incluso nota esa diferencia de alguien que no vive en un barrio de Medellín, aquel que sí vivió Claro y aquel que incluso hizo el traspaso de vivir de un barrio o en unidad, era distinto. O exacto.

Quiero hablar acerca de no la inspiración de primavera, sino como es ver a primavera en todo este cambio de tiempo que abarca el libro.

Primavera es un barrio ficticio, pero aún así abarca las situaciones reales de crecer en Medellín. Sin embargo, ¿cómo ve el cambio del barrio que narró en esta segunda novela?

He ecorrido barrios y mi trabajo me ha dado la oportunidad de recorrer no solo Medellín, sino de Colombia. He visto gente que tiene las mismas necesidades, los mismos miedos, las mismas vainas, las mismas fiestas, las mismas cosas, pero con diferente música.

Diferente forma de vestir, pero en sus necesidades básicas son lo mismo. Primavera, porque es obvio, es una alegoría a Medellín. Es la estación donde puede pasar todo: llueve, hace frío, ventea mucho o puede hacer un calor horrible. Es el momento donde todo florece, pero también dice que la sequía está cerca.

Para mí, el nombre tenía que darle alegría y primavera no me lleva a la tristeza. Me recuerda, claro, a la muerte de mis amigos, al calvario o a ese tipo de cosas que inspiraban, como la gente. A estos otros escritores que no han vivido allá, que no son de allá, van y nos narran sabiduría, con conocimiento, con buena literatura, pero desde afuera. «Esta gente lo hace tan particular, tan gracioso», pero para nosotros no era particular, era la vida. Eso me parecía supremamente potente literariamente. Éramos un grupo de amigos que decían: «vamos a ir a mirar un muñeco con un tiro» y que hay unos niños que miran un rastro de sangre en el piso. Eso me parecía imágenes muy potentes

Con el título, quería inspirar algo bonito. No quiero que nos miren con lástima. Sí, era pesado, pero yo era feliz. O sea, jugaba escondite o fútbol toda la tarde. Escuchaba salsa, no aprendí nada en el colegio. No sé qué le evoca primavera a las personas, pero para mí no da tristeza en ningún momento. No quería que el barrio fuera el cielo a tiros o el mundo oscuro.

Aunque el libro trata temas bastante personales, usted ya viene con una trayectoria en la cual habla abiertamente de salud mental y sus momentos álgidos. Pese a lo anterior, ¿qué expectativa tiene sobre el recibiento de Primavera contemplado que la mayoría del público lo conoce en su faceta de Suso?

Es más el asombro para el nuevo. Tengo ya un público que va creciendo, el que empezó con literatura. Soy licenciada en lengua castellana; entonces, ahí se fue metiendo el público de eso, de lo que yo hablo y tal. El primer libro ayudó mucho, lleva unas 12.000 copias vendidas.

Aquí hay otra otra cosa que no tiene nada que ver. La gente lo puede leer independientemente. De hecho, hay gente que me ha dicho: «leí el libro. No sabía que usted era Suso porque no hay rastro del comediante por ninguna parte». Aquí no hay esas cosas. Me gusta dar cosas divertidas y que si salen, pues salen divertidas. No estoy buscando la comedia. Busco una emoción distinta, como la felicidad, la tristeza.

Un día, a mí me llega una idea y ese pensamiento lo tengo que definir: si lo hago en comedia como Suso o si lo hago en literatura como Dany.

Por ejemplo, la historia de mi abuelo —El árbol de guayacán—no la podía contar en comedia. Para la historia de mis amigos siempre pensé en literatura. Quería contar un barrio. Me sentía identificado con un barrio y tenía el deber de escribir sobre ello. Cuando la gente va a leer eso dice: «no, aquí no hay Suso por ningún lado». Ha ayudado mucho el pódcast y el primer libro para que la gente sienta eso.

También mi forma de hablar, de decir las cosas. Soy un tipo mucho menos escandaloso,

(Continúe leyendo: Los libros desaparecidos del Proyecto Panamá)

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