Revista Diners
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Un viaje por la isla griega de Mykonos, un encuentro en Cartagena y las vivencias de un periodista de La Dorada, Caldas, junto a las de un administrador de empresas de Medellín terminaron encontrando un punto común entre textiles. Diego Alejandro Rodríguez y Juan Fernando Pérez llegaron a Europa por caminos distintos; no obstante, fue allí donde inició la construcción de una historia que pasó por un blog llamado Hombre Chic a un romance y, claro, a la concepción de Ombre, una marca de moda que, pese a movilizarse principalmente en las calles de Zúrich, Suiza, conserva una ideación y producción 100 por ciento colombiana; la cual estará presente en Milan Fashion Week con su propuesta para la temporada de verano 2027.
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En cuatro años, dicha historia ha pasado por distintas semanas de la moda europeas, junto a una serie de colecciones en las cuales sus creadores han ido definiendo la manera en que quieren hablar de Colombia desde Europa. El recorrido también les ha permitido entender qué ocurre cuando una propuesta concebida desde sus propias referencias culturales llega a públicos acostumbrados a otros códigos de vestir. En ese proceso, Ombre ha mantenido en Colombia buena parte de la cadena que sostiene sus prendas, con equipos de trabajo en Boyacá, Medellín y Cartagena, mientras Rodríguez y Pérez construyen desde Suiza el camino comercial y creativo de la marca.

Ese recorrido tendrá ahora uno de sus momentos más importantes en Milán. El próximo 26 de septiembre, durante la Semana de la Moda de la ciudad italiana, Ombre presentará 25 conjuntos en la Residenza Vignale, en una colección inspirada en los paisajes de Barú y Cartagena, desde el mar y la arena hasta la vegetación y la luz que atraviesan estos territorios. La propuesta parte de esos elementos para construir una lectura del Caribe que no depende de reproducir de forma directa sus imágenes más reconocibles, sino de trasladar sus colores, materiales, volúmenes y atmósferas a una propuesta poco presentada desde mentes nacionales para el público europeo.
Ombre, la propuesta colombiana para el verano europeo
Bajo una propuesta que busca señalar un punto colombiano en el verano de 2027 de Europa occidental, Ombre encuentra en el Caribe una forma de hablar de Colombia sin necesidad de explicarlo todo a través de sus símbolos más inmediatos. Rodríguez lo resume al hablar de la colección: “Caribe no son solamente palmas, mangos, papayas”. A partir de esa idea clara, los creativos trabajan con referencias que pueden aparecer de manera más sutil en una prenda, en un color o en la elección de un material.
La propuesta también fue pensada a partir de una paleta donde un verde puede remitir a un paisaje sin representar una vegetación genérica y tonos terracota que evoquen un atardecer sin convertirlo en una imagen estampada. Esa traducción se extiende al lino, uno de los materiales centrales de la colección y un tejido asociado a la manera de vestir en el Caribe colombiano que, al llegar a Europa, adquiere nuevas lecturas. Rodríguez explica que el proceso creativo comienza precisamente ahí, en el material y en la forma en que se siente, para después relacionarlo con un paisaje, un momento o una sensación.

La colección, como ya se ha mencionado, reúne 25 conjunto que abarcan siluetas fluidas, sastrería, transparencias y capas, trabajados principalmente en seda, lino y algodón. El resultado conserva el carácter genderless de Ombre y, al mismo tiempo, responde a una búsqueda que sus creativos han desarrollado durante sus años en Europa: construir prendas que puedan incorporarse a la vida cotidiana y que no dependan de una referencia colombiana evidente para expresar de dónde vienen.
Pérez encuentra precisamente en esa raíz uno de los elementos que han distinguido a la marca en Europa. “La autenticidad, nuestras raíces colombianas”, comentó el cofundador de la marca a Diners cuando puntualizó en aquello que ha permitido que Ombre encuentre un lugar propio. Para los diseñadores, la ya mencionada autenticidad pasa por preguntarse qué significa representar a Colombia cuando se trabaja para un público que conoce el país desde otras referencias, y qué pueden aportar ellos desde la experiencia de haber construido la marca entre ambos contextos.
Expectativas, Colombia y Europa
La llegada a Milán también ocurre en un momento en que Ombre empieza a preguntarse qué viene después de estos primeros cuatro años. La marca ya recibe propuestas de tiendas interesadas en vender sus prendas y sus diseñadores han aprendido que crecer en Europa implica tomar decisiones que van mucho más allá de una colección. Para Rodríguez, una de las prioridades es que ese crecimiento sea saludable y que la marca conserve la posibilidad de representar a Colombia, mientras que Pérez ve en el mercado italiano una oportunidad para ampliar las conversaciones que hasta ahora han construido mayoritariamente desde Suiza.
Existe, además, una dimensión bastante personal en el punto actual de la marca. Rodríguez, al hablar de Ombre como proyecto en el ahora, visualiza ese paso de una iniciativa que comenzó casi como un pasatiempo y terminó convertido en una empresa, una fuente de empleo y algo que ambos sienten como propio. Pérez describe los cuatro años de trabajo como un periodo en el que han cometido errores prácticamente a diario, pero también como una etapa en la que han aprendido a tomar decisiones juntos. Esa relación entre lo creativo y lo empresarial es parte de lo que ahora llevan a Milán.
Para Pérez, incluso, esta presentación puede marcar una división en la historia de la marca: un antes y un después. La expectativa no está únicamente en que las prendas encuentren compradores, sino en que el público italiano comprenda qué hay detrás de ellas y pueda leer una propuesta que nació entre Colombia y Europa sin perder ninguna de las dos partes, asumiendo los códigos del Caribe en un público alejado de dicha costa.
Después de haber pasado por Zúrich, Mykonos y otras plataformas europeas, Ombre llega a Milán con una colección que también condensa lo que sus diseñadores han aprendido hasta ahora: escuchar sin dejar que el mercado dicte por completo el rumbo, crecer sin desprenderse de Colombia y entender que una marca puede cambiar de escala sin dejar de preguntarse qué quiere representar.
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