Revista Diners
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La palabra mestizo suele cargar una historia compleja en Colombia y en toda América Latina. Durante décadas, el término fue utilizado para hablar de mezclas culturales atravesadas por tensiones sociales, raciales e identitarias. Sin embargo, para el diseñador Milciades Castro, creador detrás de la marca Somos Mhuyscas, la palabra también puede convertirse en un punto de encuentro.
“En cierta medida todos venimos de un mismo origen”, explica el creativo al hablar sobre Mestizo, la colección más reciente de la marca presentada en la novena edición de Bogotá Fashion Week 2026. La frase atraviesa toda la propuesta de la firma, un proyecto que, desde sus primeras colecciones, ha buscado reflexionar sobre la identidad a partir de preguntas sobre el origen y la percepción del entorno: de dónde venimos, cómo nos relacionamos con el territorio y cuáles son las conexiones invisibles que aún permanecen entre las personas.
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Antes de Mestizo llegaron colecciones como Caminos del Agua y Tomsa. La primera exploró el agua como símbolo de vida dentro de la cosmovisión muisca, incorporando la iconografía de zihita (rana) —vocera de conocimiento por medio de su canto— y muyso (serpiente) —guardiana entre la tierra y el agua— en ruanas y kimonos. La segunda, cuyo nombre significa ombligo, funcionó como una invitación a reconectarse con el origen. Ahora, la nueva colección amplía esa conversación hacia los cruces culturales que atraviesan la sociedad colombiana contemporánea.
“Somos muchos, pero todos nos conectamos en algún punto”, comenta Castro sobre una propuesta que entiende el mestizaje no como una categoría cerrada, sino como una red de relaciones construidas históricamente entre comunidades, territorios y saberes.
Además, Milciades Castro se ha consolidado como una figura pionera dentro de la moda colombiana al liderar una marca construida desde una perspectiva indígena contemporánea, donde la dirección creativa y el liderazgo también surgen desde alguien que hace parte de la comunidad, al ser originario del resguardo muisca de Cota, Cundinamarca.
La evolución de Somos Mhuyscas también se refleja en las prendas. Las tradicionales ruanas continúan presentes dentro del universo de la marca, aunque ahora conviven con chaquetas, petos y siluetas más urbanas que expanden el diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo. La intención no consiste en abandonar ciertos códigos tradicionales, sino en permitirles transformarse sin perder su identidad.
“Comenzamos a generar esos diálogos entre lo tradicional y lo contemporáneo”, explica el diseñador sobre una búsqueda en la que la innovación aparece desde la reinterpretación de técnicas y símbolos que históricamente habían permanecido en pausa para gran parte de la sociedad.
Tejer desde la memoria
Dentro del universo de Somos Mhuyscas, la innovación no se entiende como una ruptura absoluta con el pasado. Por el contrario, Castro insiste en mirar hacia atrás para recuperar conocimientos textiles, procesos manuales y formas de construcción que aún permanecen vivas dentro de distintas comunidades. Esa búsqueda también ha significado un redescubrimiento de sus propios orígenes, así como un ejercicio de memoria colectiva.
“¿Qué pasaba con la tejeduría? ¿Qué pasaba con esos saberes?”, cuestiona el diseñador sobre un ejercicio creativo que busca trasladar esas prácticas hacia nuevos contextos y nuevas generaciones.
(Para saber más: “Queríamos lograr la primera colección masiva hecha 100 por ciento desde la remanufactura”, Alejandro Crocker)

La marca trabaja sobre procesos artesanales vinculados al tejido y al bordado, entendiendo cada prenda como el resultado de múltiples manos y oficios, una muestra del lujo nacional. Todas las piezas incorporan etiquetas con los nombres de quienes participaron en su elaboración, una decisión que busca reconocer el trabajo colectivo detrás de cada colección.
“¿Quiénes son nuestras manos?”, plantea Castro al explicar una lógica de creación atravesada por la comunidad. En lugar de construir una narrativa centrada únicamente en el diseñador, Somos Mhuyscas insiste en visibilizar los procesos colaborativos que sostienen cada pieza. Una idea que también se refleja en la manufactura de las prendas: mezclas de algodón y lana virgen transformadas mediante técnicas de telar vertical y horizontal.
Esa noción de colectividad también atraviesa Mestizo. Para Castro, las culturas y los saberes siempre han estado en movimiento y han sido permeados por distintos intercambios a lo largo del tiempo. Desde ahí nace una colección que propone entender la identidad desde la convivencia y no desde la separación.

“Somos de muchos colores, tenemos diferentes culturas, pero siempre hay un hilo que nos está cruzando”, reflexiona el creativo sobre una propuesta que entiende la moda como un espacio donde tradición, contemporaneidad y comunidad pueden coexistir sin anularse entre sí.
En medio de una industria donde las referencias identitarias suelen convertirse rápidamente en tendencia visual, Somos Mhuyscas continúa construyendo una conversación distinta: una en la que el diseño funciona como memoria viva, diálogo colectivo y reflexión sobre las formas en que las personas siguen conectándose a través del territorio, los oficios y la historia compartida.
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