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Revista Diners
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Durante décadas, las universidades buscaron construir edificios capaces de resolver una necesidad clara: enseñar. Sin embargo, esos mismos espacios también contemplan arquitecturas en la búsqueda de inspirar, conectar disciplinas y convertirse en lugares donde la investigación, la vida cotidiana y la naturaleza convivan bajo un mismo techo. Esa evolución es la que atraviesa la lista de las universidades más hermosas del mundo de 2026, realizada por Prix Versailles.
La selección no premia los campus más grandes ni los más antiguos. Reúne ocho proyectos que entienden la arquitectura como parte de la experiencia universitaria: bibliotecas concebidas para armonizar detalles contemporáneos de su estructura con textos del siglo pasado, centros de investigación que borran la frontera entre el edificio y el paisaje, y espacios donde estudiantes, docentes e interesados por la academia comparten un mismo ecosistema. Para Jérôme Gouadain, secretario general del premio, esa transformación responde a un momento en el que las universidades están llamadas a afrontar desafíos globales sin perder el vínculo con el mundo tangible.
Health Translation Hub en la UNSW Sydney
En Randwick, Australia, el Health Translation Hub de la University of New South Wales se levanta sobre Bidjigal Country con una arquitectura inspirada en las dunas costeras moldeadas por el viento. Su fachada, desarrollada como un sistema complejo de protección solar, logra reducir cerca del 60 por ciento de la radiación solar mientras conserva una apariencia ligera y transparente, una combinación entre eficiencia y apertura que define la propuesta del edificio.

El proyecto incorpora también una interpretación indígena del lugar a través del paisaje y los espacios interiores públicos, con referencias a plantas nativas de importancia medicinal y cultural. Colores, texturas y materiales construyen una atmósfera alejada de la imagen tradicional de una institución médica. Más que un edificio hospitalario, el Health Translation Hub funciona como un “superconector” dentro del distrito de salud de Sídney, al reunir investigación, educación, práctica clínica e industria en un mismo espacio, con la intención de acelerar el paso de los descubrimientos científicos del laboratorio hacia sus aplicaciones médicas.
Ray Dolby Centre en la Universidad de Cambridge
Bautizado en honor a Ray Dolby, el ingeniero y exalumno de la Universidad de Cambridge que revolucionó el sonido con el sistema de reducción de ruido que lleva su apellido, el Ray Dolby Centre fue concebido como la nueva sede del histórico Cavendish Laboratory (departamento de física). Diseñado por Jestico + Whiles, el edificio reúne en un mismo lugar 173 laboratorios, salas limpias, oficinas y espacios colaborativos dotados con sistemas de control de vibración, humedad y temperatura, condiciones indispensables para la investigación científica de alta precisión.

Pero el proyecto no gira únicamente alrededor de la tecnología. La colaboración también define su arquitectura. Corredores inundados de luz natural, espacios comunes y circulaciones abiertas buscan favorecer encuentros espontáneos entre investigadores, estudiantes y visitantes, mientras un atrio de cuatro alturas, junto con áreas destinadas a exposiciones y divulgación, mantiene el edificio abierto al público. Más que albergar la investigación, el Ray Dolby Centre convierte el intercambio de ideas en parte de su propio diseño.
Stephen A. Schwarzman Centre for the Humanities en la Universidad de Oxford
Por primera vez, las distintas facultades de Humanidades de la Universidad de Oxford comparten un mismo edificio. El Stephen A. Schwarzman Centre, diseñado por Hopkins Architects, reúne áreas como Lengua y Literatura Inglesa, Historia, Filosofía, Música, Teología, Lenguas Modernas y Lingüística, además del Institute for Ethics in AI, el Oxford Internet Institute y la nueva Bodleian Humanities Library. La apuesta busca acercar disciplinas que durante años ocuparon espacios separados y favorecer el diálogo entre ellas.

Levantado en el histórico Radcliffe Observatory Quarter, el edificio se organiza alrededor de un amplio atrio coronado por una gran cúpula y revestido con piedra Clipsham y ladrillo color crema, materiales que dialogan con la arquitectura tradicional de Oxford. Parte de sus espacios permanece abierta al público e incorpora un auditorio para 500 personas, un teatro, una sala de cine y áreas para exposiciones, ampliando el campus hacia la vida cultural de la ciudad. En un momento marcado por el avance de la inteligencia artificial y otras tecnologías, el proyecto reivindica el lugar de las humanidades como un espacio para la reflexión y la construcción de perspectivas.
University Library en la Universidad de Amsterdam
Antes de convertirse en la nueva biblioteca de la Universidad de Amsterdam, este edificio formó parte de un antiguo complejo hospitalario protegido por su valor patrimonial. El proyecto, desarrollado por MVSA Architects junto con Buro van Stigt, conservó la identidad histórica del conjunto mientras transformó su patio interior en un gran atrio cubierto por una esbelta estructura de acero inspirada en la geometría de una hoja. La cubierta permite el ingreso de luz natural, mejora el confort climático y establece un diálogo permanente entre la arquitectura original y la intervención contemporánea.

Ese atrio se convirtió en el verdadero centro de la biblioteca. Allí sobresale la escalera escultórica conocida como Tree of Wisdom, concebida para favorecer el movimiento y los encuentros entre quienes recorren el edificio. Hacia el exterior, la nueva fachada incorpora una intervención tipográfica que reproduce un verso del poema Awater, de Martinus Nijhoff, en 24 idiomas y seis sistemas de escritura, un guiño a las disciplinas que integran la Facultad de Humanidades de la universidad y a la vocación de un edificio pensado para despertar la curiosidad desde su propia arquitectura.
Anthony Timberlands Center for Design and Materials Innovation en la Universidad de Arkansas
La madera no solo da forma al Anthony Timberlands Center de la Universidad de Arkansas: también explica buena parte de su identidad. Diseñado por las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelley McNamara, ganadoras del Premio Pritzker 2020, el edificio parte de un material profundamente ligado a la historia y la actividad económica de Arkansas para construir la nueva sede dedicada a la enseñanza, la investigación aplicada y la fabricación experimental de la Fay Jones School of Architecture and Design.

Aquí, la arquitectura funciona como un laboratorio a escala real. Toda la estructura permanece expuesta para que estudiantes e investigadores comprendan de primera mano las posibilidades constructivas de la madera maciza. Bajo una cubierta dentada se distribuyen laboratorios, estudios, un auditorio y un gran taller abierto hacia la ciudad, donde el propio edificio se convierte en una herramienta pedagógica. La amplitud de los espacios, la entrada constante de luz natural y los altos estándares ecológicos completan un proyecto que demuestra, más que explica, las posibilidades de una arquitectura concebida para enseñar.
Robert Day Sciences Center en el Claremont McKenna College
El Robert Day Sciences Center del Claremont McKenna College nació con una idea clara: reunir en un mismo lugar áreas que durante años funcionaron por separado. Sus 13.500 metros cuadrados albergan programas de ciencias de la computación, ciencia de datos y ciencias de la vida, en un edificio concebido para favorecer el trabajo conjunto entre disciplinas que cada vez comparten más preguntas que respuestas.

Diseñado por Bjarke Ingels Group (BIG), el proyecto organiza su arquitectura alrededor de un gran atrio central que surge de la rotación de volúmenes superpuestos, una composición que permite mantener los laboratorios visualmente conectados y facilita el intercambio entre estudiantes e investigadores. A ello se suman terrazas, pasarelas abiertas y numerosos espacios colaborativos que prolongan esa idea de un aprendizaje sin compartimentos. Incluso la fachada responde a ese equilibrio entre expresión y funcionalidad: paneles de concreto reforzado reproducen la textura de la madera, al tiempo que cumplen las exigencias de resistencia y seguridad propias de un laboratorio científico.
David Rubenstein Treehouse en la Universidad de Harvard
Más que un centro para conferencias, el David Rubenstein Treehouse de la Universidad de Harvard replantea la manera en que un edificio universitario puede propiciar el intercambio entre la academia, la industria y la comunidad. Ubicado dentro del Enterprise Research Campus, el proyecto fue concebido como un destino abierto que acerca a sus visitantes a la naturaleza y toma como punto de partida una imagen poco habitual en este tipo de espacios: la sensación de encontrarse en una cabaña suspendida entre las copas de los árboles.

Diseñado por la arquitecta Jeanne Gang, egresada y profesora de Harvard, el edificio conduce el recorrido a través de una escalera escultórica que envuelve ascensores independientes hasta llegar a Canopy Hall, el principal espacio de reunión, conectado con una terraza panorámica. Es además el primer edificio de la universidad que incorpora de manera conjunta estructuras de madera maciza y concreto de bajas emisiones de carbono, acompañado por sistemas de alto desempeño que buscan reducir el impacto ambiental y mejorar el bienestar de quienes lo habitan.
Bloomberg Student Center en la Universidad Johns Hopkins
El Bloomberg Student Center de la Universidad Johns Hopkins no fue concebido para impartir clases, sino para todo lo que ocurre entre ellas. Primer edificio de la institución dedicado exclusivamente a la vida estudiantil, el proyecto reúne en un mismo lugar espacios para encontrarse, crear y compartir, transformando el campus de Homewood en un punto de encuentro permanente. Diseñado por Bjarke Ingels Group (BIG) junto con el estudio de interiores Rockwell Group, el edificio se despliega como una sucesión de pabellones de madera que siguen la pendiente del terreno y permiten acceder directamente a cada uno de sus cuatro niveles.

Más de 200 organizaciones estudiantiles conviven en un complejo que incorpora salas para presentaciones, estudios de arte, danza y música, un centro de medios digitales y un comedor, además de múltiples espacios inundados por luz natural concebidos como una gran sala de estar para la comunidad universitaria. Sobre sus 29 cubiertas se distribuyen cerca de mil paneles solares, una decisión que acompaña una propuesta donde la sostenibilidad y la vida colectiva forman parte de la misma arquitectura.
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