Revista Diners
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Del 6 de junio al 12 de julio del presente año regresa la vigésimo quinta edición del Ciclo Rosa en la Cinemateca de Bogotá. Considerado una de las muestras de cine LGBTIQ+ más antiguas de América Latina, el Ciclo Rosa continua consolidándose como un espacio de encuentro, reflexión y creación alrededor de las diversidades de genero en las artes audiovisuales. A lo largo de este cuarto de siglo, la iniciativa ha acompañado las transformaciones de las narrativas y representaciones de las comunidades LGBTIQ+, reuniendo cine, arte, academia y activismo en una programación que incluye proyecciones, diálogos, laboratorios de creación e instalaciones.
En esta edición, la programación reúne una muestra nacional e internacional del cine queer, este año se le rendirá un homenaje al cineasta alemán Rosa von Praunheim, espacios de conversación sobre representación e identidad, y propuestas que exploran la relación entre tecnología, inteligencia artificial y género. En conversación con el director de la Cinemateca de Bogotá, Ricardo Cantor Bossa, comentó sobre la programación y la importancia de este ciclo en la Cinemateca.
El Ciclo Rosa cumple este año 25 años de trayectoria. ¿Qué significa para la Cinemateca de Bogotá haber impulsado y sostenido durante tanto tiempo un espacio dedicado a las diversidades sexuales y de género a través del cine?
Es un hito muy importante en la historia de la Cinemateca de Bogotá porque, justamente, desde la Cinemateca nos proponemos propiciar espacios de diálogo social a partir del cine, o provocados por el cine. Dedicar un espacio alrededor de las diversidades y divergencias sexuales y de género ha significado generar la posibilidad de construir un espacio seguro para la libertad, la manifestación personal, el debate y la reflexión acerca de las experiencias de vida trans, las experiencias de vida lésbica, las experiencias de vida gay, las experiencias de vida transexual e intersexual.
Además, permite que el cine nos ilumine en esa conversación, nos proponga puntos de vista de realizadores de todo el mundo y nos permita tener, como te decía, espacios seguros de conversación y reflexión sobre cómo el cine da cuenta de las conquistas de los derechos humanos alrededor de estas comunidades.
¿Cómo ha sido el proceso de construir un espacio en el que las personas de las comunidades LGBTIQ+ se sientan representadas, escuchadas y seguras?
Por un lado, hay una programación de películas que plantean la representación y autorrepresentación de personas en experiencias de vida LGBT, con diversos puntos de vista de todo el mundo y de muchos lugares de Colombia. Esto ocurre, por ejemplo, a partir de una muestra nacional que se convoca de manera abierta o de curadores invitados que han traído panoramas del cine queer del mundo. Pero también existen espacios de diálogo y conversación. En una primera etapa del ciclo se denominó Ciclo Rosa Académico; hoy en día lo llamamos Diálogo Ciclo Rosa, donde incluimos voces desde la academia, desde procesos sociales y comunitarios, y desde procesos culturales alrededor de las comunidades LGBTI.
También generamos espacios de creación alrededor de escrituras queer, curadurías queer y propuestas artísticas transdisciplinares, donde la creación visual, la creación sonora y el cuerpo en movimiento plantean narrativas y estéticas en relación con la diversidad sexual y de género. Son espacios en los cuales la creación artística permite esas conversaciones. Además, son programaciones no dedicadas exclusivamente a ciertas comunidades; es decir, no están pensadas únicamente para que personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales o intersexuales disfruten de ellas, sino para la sociedad en general: personas interesadas, curiosas, desconocedoras o incluso ajenas a estos temas, que a través de las películas, las conversaciones y la programación conocen o reconocen puntos de vista lejanos o con los que coinciden.
Digamos que el cine ha acompañado las evoluciones sociales alrededor de las personas LGBT. Esa evolución se ha dado, por un lado, conforme esos derechos se han ido ganando o, por el contrario, en algunos lugares del mundo se han mantenido coartados o incluso se han ido perdiendo. Pero, por otro lado, también ha evolucionado en términos de lenguajes artísticos, en los que junto al cine existe la posibilidad de la escritura, la curaduría, la investigación y obras de otras disciplinas que se conjugan con las artes audiovisuales, desde la música y la poesía hasta el performance. De esa forma, han existido diferentes formas de evolución del ciclo.
¿Qué características particulares tienen las narrativas colombianas y latinoamericanas que presenta el Ciclo Rosa frente a las producciones de otras regiones del mundo?
Es un enfoque que ha sido de completa apertura e inclusión de las pulsiones que los artistas y los cineastas tienen y que están retratando a través de sus obras.
Las programaciones, cada año, proponen curadurías. Estas se entienden, por un lado, como instantáneas de esos temas coyunturales, de esas pulsiones que están obligando o llevando a los cineastas a contarse o a contar sobre otros objetos de las sociedades o de sus imaginarios.
Por otro lado, funcionan como cartografías que nos permiten acercarnos a una producción contemporánea del cine, pero que también nos ayudan a entender el pasado y las aproximaciones artísticas que tuvieron cineastas de otras épocas. Esto permite comprender otros contextos históricos y sociales, así como las evoluciones o los retrocesos que se han dado en términos de derechos humanos y, en este caso, alrededor de las comunidades LGBTI.
La muestra nacional reúne obras de Medellín, Bogotá y otras regiones del país. ¿Qué importancia tiene para el Ciclo Rosa abrir espacio a voces y narrativas provenientes de distintos territorios de Colombia?
Es muy importante. La Cinemateca de Bogotá ha cumplido históricamente una misionalidad nacional sin ser una cinemateca nacional, como ocurre en otros lugares del mundo. Ha hecho las veces de esa gran cinemateca del país y, justamente, la inclusión de las voces, los puntos de vista, las miradas, las sensibilidades, la sabiduría, los conocimientos y el intelecto de diferentes personas en distintos lugares de Colombia es fundamental.
Esto responde al espíritu de inclusión, respeto y encuentro con la diversidad, no solamente en términos sexuales y de género, sino también de pensamiento y de puntos de vista. Por eso ha sido muy importante convocar voces de muchos lugares del país, no solo en el Ciclo Rosa, sino en general en nuestra programación, para generar ese encuentro y suscitar ese diálogo social.
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Dentro de la programación hay una instalación que explora la relación entre inteligencia artificial e identidad de género. Desde la perspectiva de la Cinemateca, ¿qué papel cree que están jugando las nuevas tecnologías en la creación y representación de identidades en el ámbito audiovisual?
Las tecnologías de punta, digamos, las que todos los días están en desarrollo y aparecen constantemente, pero también las tecnologías del pasado, que fueron novedades en su momento y que hoy son elementos, artefactos y formas de aproximación a lecturas del mundo, se están retomando para la creación.
Nosotros siempre tenemos una mirada crítica sobre esas tecnologías, tanto las emergentes como las del pasado, para integrarlas en procesos de creación y experimentación. Hemos tenido desde laboratorios de cine en 16 milímetros, donde se sale a rodar con una cámara de 16 milímetros, se hace revelado artesanal, se digitaliza ese material y después se realiza una edición digital. También la transmedialidad ha sido muy importante en nuestros procesos desde que inauguramos la nueva sede.
Asimismo, trabajamos con tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, las realidades aumentadas, las realidades virtuales, los contenidos para domo, el mapping y los videojuegos. Digamos que la aproximación que hacemos a estas herramientas es entenderlas como lenguajes, mecanismos y recursos que permiten la manifestación del ser y que, desde una mirada crítica y una aproximación ética, potencian la creatividad humana.
Por eso no las miramos con recelo; las observamos de manera crítica y las utilizamos como herramientas o formas posibles de aproximación.
¿Hay algún cambio social o cultural que haya observado en estos 25 años y que considere que el Ciclo Rosa ha ayudado a impulsar o fortalecer?
Aumentar los niveles de participación en espacios que antes se consideraban dirigidos únicamente a ciertas personas ha permitido la inclusión de quienes, si bien no hacen parte de esas comunidades, tienen familiares, amigos o allegados que sí pertenecen a ellas. Esto les ha permitido comprender, desarrollar empatía y generar otros puntos de vista a partir de esas vivencias y experiencias de vida.
Desde que nació el Ciclo Rosa hasta hoy, ¿cómo ha visto evolucionar la representación de las comunidades LGBTIQ+ tanto en el cine como en la sociedad?
El cine convoca películas de muchos lugares del mundo. Hay países donde los derechos de las comunidades LGBTI aún siguen siendo coartados y sus libertades continúan siendo reprimidas. También hay lugares donde se han logrado grandes conquistas en materia de derechos, pero donde, por decisiones políticas, se han producido retrocesos. Y existen otros contextos en los que ha habido una evolución histórica hacia una mayor apertura y hacia la garantía de derechos para estas disidencias sexuales y de género.
En ese sentido, el cine ha dado cuenta y ha representado diferentes realidades en distintas partes del mundo, de acuerdo con los contextos históricos y sociales de cada lugar y de las experiencias de estas personas.
Después de 25 años de historia, ¿cuáles cree que serán los principales retos y oportunidades para el Ciclo Rosa en la próxima década?
Yo creo que seguirá evolucionando conforme evolucionen los lenguajes artísticos, las herramientas que permiten esas manifestaciones y también el desarrollo social e histórico, ya sea que avance o retroceda; eso no lo sabemos. Creo que el cine va a seguir dando cuenta de esos procesos, de la integración de nuevas herramientas de creación y de las transformaciones que se produzcan en términos de garantizar derechos y libertades para las personas diversas.


