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Revista Diners
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Hay quienes eligen un destino por la promesa de un gran museo o por la posibilidad de contemplar un paisaje remoto. Otros, en cambio, compran el tiquete con un único propósito: descubrir una cocina nueva. Para ellos, el viaje comienza en un mercado, continúa en un pequeño restaurante escondido y termina con la maleta llena de ingredientes locales. Pensando en ese tipo de viajero, el estudio Travel Trends 2026 de Booking reunió cinco destinos que responden a distintas personalidades gastronómicas, desde quienes persiguen joyas culinarias fuera de las guías hasta quienes organizan todo el itinerario alrededor de un solo plato.
Los cinco destinos seleccionados no responden a un ranking gastronómico ni a una lista de los restaurantes más famosos del mundo. Cada uno representa una manera distinta de acercarse a la culinaria local, desde una cocina oculta para los extranjeros hasta espacios sociales con ingredientes autóctonos como las plazas y mercados, un puesto callejero que se hizo viral en redes sociales o una tienda de comestibles icónicos para tener como souvenir.
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Los resultados parten del estudio Travel Trends, realizado gracias a la respuesta de 32.800 viajeros de 34 mercados a nive global que realizaron al menos un viaje durante el último año y planean volver a hacerlo en 2026. Entre los viajeros colombianos, el informe refleja un interés creciente por descubrir el mundo a través del paladar con la visita a restaurantes premiados, sitios tradicionales y comida casual de la zona, todo en una búsqueda para entender la vida cotidiana de cada destino a través de su gastronomía.
Para los amantes de las joyas ocultas que no aparecen en las guías
Con un gusto popular por alejarse de aquellos espacios mainstream e imprescindibles, dejando de lado la reserva en el restaurante más famoso, Oaxaca, México, aparece como un destino ideal para el viajero que, en lugar de ver rankings de las mejores cocinas, prefiere preguntar al conductor del taxi o al barista de una cafetería dónde comen ellos cuando quieren celebrar o simplemente almorzar bien.
El destino, que comprende una de las gastronomías más famosas del mundo, halla su magia en las calles coloniales, el aroma del mole recién preparado acompaña el recorrido hacia mercados como Benito Juárez o 20 de Noviembre, donde generaciones de cocineros mantienen vivas recetas familiares. Tlayudas —tortillas de maíz de un diámetro de 30, o más, centímetros con carne de cerdo, fríjoles negros y quesillo— recién hechas, chocolate artesanal molido frente al visitante y pequeños comedores hacen parte de una escena gastronómica que, precisamente, conserva buena parte de su encanto por permanecer al margen de las rutas más evidentes.

Como hospejade para esta personalidad, el ranking señala a Casa Antonieta, un hotel boutique ubicado en el centro histórico de Oaxaca, permite recorrer a pie cafeterías de especialidad, mercados tradicionales y pequeños restaurantes frecuentados por residentes.
Fuera de la tendencia en redes por experimentar el viaje de la forma más local posible desde el paladar, el 52 por ciento de los viajeros colombianos encuestados señaló su deseo por descubrir restaurantes auténticos considerados verdaderas joyas ocultas, según Travel Trends 2026.
Para quienes creen que un mercado cuenta más historias que un museo
Hay ciudades que se entienden mejor desde sus plazas, y Lima es una de ellas. Antes que empezar el recorrido por monumentos o edificios históricos, la capital peruana invita a recorrer mercados donde la rutina cotidiana se mezcla con algunos de los productos que han convertido al país en una de las grandes potencias gastronómicas del continente.
En Surquillo, por ejemplo, conviven frutas amazónicas, ajíes de todos los colores, pescados recién llegados del Pacífico y los ingredientes que abastecen las cocinas de algunos de los restaurantes más reconocidos del mundo. A pocas calles de allí, pequeños establecimientos familiares sirven ceviches, anticuchos y sánguches tradicionales que permiten entender la ciudad desde el plato mucho antes que desde cualquier recorrido turístico.

Ese tipo de experiencias coincide con el interés de muchos viajeros colombianos. El informe indica que el 43 por ciento de los viajeros nacinales asegura que le gustaría recorrer mercados locales durante sus viajes para acercarse a la cultura cotidiana del destino, una forma de conocer qué compra la gente, cómo cocina y cuáles son los sabores que definen su identidad.
La recomendación para quedarse es Fausto, un alojamiento con apartamentos completamente equipados, pensado para quienes regresan del mercado con ingredientes frescos y sienten la tentación de llevar parte de la cocina local a su propia mesa.
Para quien el viaje se realiza por un plato inolvidable
En Osaka, el deseo por degustar platos nipones marca el itinerario. Basta recorrer Dotonbori — espacio de culto para turistas y amantes de la fiesta— para entender por qué la ciudad carga desde hace décadas con el sobrenombre de la cocina de Japón: los puestos humeantes, las barras donde se preparan takoyakis y okonomiyakis frente a los comensales, el ir y venir constante hacia el Mercado Kuromon y los pequeños locales de ramen convierten cualquier caminata en una sucesión de aromas difíciles de ignorar.

Para recorrer a pie algunos de los barrios gastronómicos más conocidos de la ciudad, Booking recomienda una estadía Hotel The Leben Osaka. Por otro lado, quienes prefieran combinar las comidas fuera de casa con la posibilidad de preparar ingredientes comprados en los mercados locales pueden optar por Mimaru Osaka Shinsaibashi North.
No es un destino para comer entre una actividad y otra; aquí la gastronomía suele convertirse en la actividad principal. Esa forma de viajar coincide con el 47 por ciento de los viajeros colombianos, quienes, según Travel Trends, aseguran que quieren probar precisamente la comida por la que un destino es reconocido, hasta el punto de convertir ese plato emblemático en uno de los momentos centrales de la experiencia.
Para quienes no pueden pasar de largo frente a un puesto de comida callejera
Bangkok tiene una particularidad: basta caminar unas pocas cuadras para entender que buena parte de la ciudad se vive alrededor de un fogón. En mercados, aceras y callejones, los puestos de comida preparan brochetas al carbón, curries, sopas aromáticas y postres tradicionales frente a quienes hacen fila sin demasiada prisa. Aquí, comer no exige una reserva; alcanza con seguir el aroma que llega desde la esquina siguiente.
La cocina callejera forma parte del paisaje cotidiano de la capital tailandesa y también de la experiencia de quienes la visitan. Más que una alternativa económica, representa una manera de descubrir sabores que nacieron lejos de los restaurantes y que siguen preparándose frente al visitante, casi siempre con recetas transmitidas entre generaciones.

Ese interés también se une con las dinámicas entre los viajeros colombianos, con un 45 por ciento que asegura un deseo por probar la comida callejera —o la que se vende en puestos y food trucks— durante sus viajes. Para explorar con facilidad algunos de los mercados tradicionales y barrios donde la cocina callejera marca el ritmo de la ciudad, la recomiendación de hospedaje es Old Capital Bike Inn.
Para quienes regresan con una receta nueva en la maleta
Existen recuerdos que no caben en una fotografía ni en una publicación para redes. Algunos viajeros señalan la mejor forma de prolongar un destino consiste en llevarse un queso imposible de encontrar en casa, una botella de aceite de oliva de origen, un paquete de pasta artesanal o una mezcla de especias con la esperanza de recrear, meses después, aquel plato que probaron durante el viaje.

Palermo, Italia, parece hecha para esa costumbre. Los mercados históricos de Ballarò, Capo y Vucciria reúnen los aromas del Mediterráneo con una cocina marcada por las distintas culturas que han pasado por Sicilia. Recorrer sus puestos significa descubrir ingredientes, conversar con comerciantes y entender que, en esta ciudad, comprar para cocinar también hace parte de la experiencia turística.
Ese interés también se refleja entre los viajeros colombianos: el 59 por ciento asegura que le gustaría visitar tiendas de comestibles locales para conocer de cerca la cultura gastronómica cotidiana de un destino, según Travel Trends 2026. El espacio para disfrutar a pie los mercados tradicionales, panaderías artesanales y trattorias familiares del centro histórico de Palermo es Palazzo Natoli Boutique Hotel.
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