Hay momentos en la vida familiar en los que la rutina se vuelve un torbellino absorbente. Quienes somos padres de niños pequeños lo entendemos bien: llevar dos años entregados en cuerpo y alma a una hija es una etapa hermosa, pero también una que exige hacer pausas estratégicas para respirar, mirarse a los ojos y revivir la llama del amor. El espacio que encontramos con mi esposa fue HAB café Bogotá.
Aprovechando que se acercaba el cumpleaños de mi esposa —y con la excusa perfecta de celebrar por anticipado Amor y Amistad—, decidimos regalarnos una escapada de fin de semana para dos. El plan no podía ser más acogedor: nos fuimos a caminar sin prisa por Chapinero, perdiéndonos entre sus calles para encontrar librerías independientes y hojear títulos con un café en la mano, antes de terminar en nuestro refugio elegido para la ocasión.
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HAB Café Bogotá: un oasis urbano donde la premisa es sentirse en casa

Ubicado en el corazón de una de las zonas más dinámicas de Bogotá, HAB Hotel no es solo un hotel boutique o un espacio de co-working; es una casa que te abraza. Su restaurante, HAB Café, ha renovado su propuesta gastronómica bajo la dirección del Chef Ejecutivo Felipe González, un cocinero bogotano con un recorrido internacional envidiable que incluye pasos por proyectos con Estrellas Michelin Verdes y distinciones Bib Gourmand en Miami.
Lo fascinante de la cocina de González es que no busca descremar con egos ni pirotecnia innecesaria. Su apuesta es la comfort food de alta costura: sabores reconfortantes y cercanos, construidos desde una rigurosa sostenibilidad y el respeto absoluto por el producto orgánico local.
«Lo que buscamos son preparaciones que conoce todo el mundo y les damos giros o pequeños ‘twists’ que potencializan su sabor. Queremos que la gente se sienta en casa, que nuestra comida sean sabores que dan un abrazo y te invitan a volver», nos comparte el chef sobre la filosofía de la carta.
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El brunch: el arte de prolongar la mañana en pareja

Aunque la carta de almuerzos y cenas es brillante, la verdadera revelación de nuestra visita —y lo que terminó por conquistar nuestro fin de semana— fue sumergirnos en la propuesta de Brunch de HAB Café (disponible sábados, domingos y festivos de 7:00 a.m. a 1:00 p.m.). Pasar de mañanas ajetreadas atendiendo teteros a sentarnos en una mesa luminosa, rodeados de vegetación y sin mirar el reloj, fue el descanso que necesitábamos.
El menú de brunch está pensado para saborear la mañana sin afanes, logrando un equilibrio maestro entre los íconos del desayuno global y la despensa local. Sin saberlo, seguimos la recomendación personal del chef para armar el «recorrido perfecto», comenzamos con un Parfait memorable: yogur griego artesanal traído directamente de Boyacá (de su proveedor Macaní), acompañado de granola hecha en casa y frutas frescas de temporada. Lo acompañamos con su Green Juice, un extracto vegetal fresco, ligero y naturalmente dulce que, en palabras del propio González, «te da una vitalidad que te recarga para el resto del día», aunque no dejamos de lado la mimosa que es un clásico en todo brunch.
El momento cumbre llegó con los platos fuertes del brunch, donde la creatividad de la cocina brilla con más fuerza:
- Huevos cremosos sobre waffle de pan de yuca: Un plato estrella sensacional. La combinación de la textura chiclosa y crocante del waffle de pan de yuca con unos huevos extremadamente cremosos —enriquecidos con queso Colby Jack de producción local y rematados con un toque de kale crocante que aporta una dosis perfecta de umami— es Sencillamente brillante.
- Huevos benedictinos reinventados: Todo hotel de nivel exige unos buenos benedictinos, pero aquí se sirven sobre esa misma base crocante de waffle de pan de yuca, acompañados de trucha ahumada o jamón de bondiola elaborado artesanalmente en casa. El toque diferenciador lo da una salsa holandesa aromatizada con limón mandarino, cuya acidez delicada e intensa eleva el plato a otro nivel.
- Caldereta de huevo con chorizo: Una especie de shakshuka de acento mediterráneo y alma criolla, con una base de tomate ahogada que abraza el queso feta y el chorizo artesanal.
Alta técnica, sostenibilidad y el valor del cordero local

La experiencia en HAB Café se complementa con una carta principal que no se queda atrás. Uno de los mayores orgullos del restaurante es el uso del cordero, proveniente de una finca familiar del hotel en Guasca, donde los animales se crían con agua pura de páramo. «Llegan enteros a la cocina, así que tenemos el hermoso reto de aprovechar cada parte», cuenta González. Desde su emblemática Paletilla de cordero glaseada sobre cremoso de maíz hasta su hamburguesa premium, la suavidad de esta carne derriba cualquier prejuicio.
Además, la técnica del chef está impregnada de una filosofía de bajo desperdicio. Un ejemplo claro es su afamado Pulpo a la parrilla: mientras usan las cáscaras de los limones preservados para hacer el chimichurri marroquí que lo acompaña, la pulpa salada y ácida se aprovecha para aromatizar las mantequillas de las carnes a la parrilla. Incluso los ahumados de la casa se realizan reutilizando cáscaras de coco.
Para el cierre dulce del cumpleaños de mi esposa, una catadora empírica de tortas de chocolate, disfrutamos de una reinterpretación sorprendente: la Torta de chocolate sin harina con confitura de naranja (elaborada blanqueando cáscaras que de otro modo irían a la basura) y un helado artesanal de mambe (el polvo de hoja de coca tostada elaborado por Selva Nevada). «Nosotros lo vendemos como nuestro ‘matcha andino’ o ‘matcha criollo’. Cuando se lo explicas así a la gente, lo entienden de inmediato y se atreven a probar un sabor autóctono fascinante», señala González.
Estar allí, disfrutando de un café de especialidad y una milhoja crujiente mientras conversábamos sin las interrupciones habituales de la paternidad, nos confirmó que HAB Café es ese secreto a voces perfecto para reconectar en pareja. Ya sea para escaparse tras recorrer las librerías independientes de la zona o para refugiarse un fin de semana entero en torno a su espectacular brunch, el lugar nos recordó lo bien que se siente volver a ser pareja por un par de horas.
(Para saber más: Hab Café, un desayuno de la granja a la mesa en Bogotá)


