Revista Diners
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Levantarse con cansancio y tener antojo de dulce o de harinas durante el día pueden ser señales de que cenó muy tarde, por lo tanto, el sueño fue intermitente y, no dejó que el cuerpo hiciera su trabajo de reparación. En el largo plazo, todo esto puede verse reflejado en su peso corporal y en su estado general de salud. Tener clara una rutina de alimentación – lo que se conoce como crononutrición-, dormir al menos ocho horas, realizar actividad física y controlar el estrés, son los tres pilares para vivir mejor.
Y aunque suena a una fórmula convencional, estas claves, que deben aplicarse a diario y ser más regla que excepción como parte de la vida diaria, ayudan a la salud, al bienestar y a la felicidad, así que es mejor ponerlas en práctica para verse bien y sentirse mucho mejor. Desayunar como príncipe, almorzar como rey y cenar como mendigo pueden ser consejos de la sabiduría popular para tener una buena salud, pero no aplican a todo el mundo, pues es necesario considerar las particularidades de cada persona.
La nutricionista y creadora de la metodología Nutrivita, Diana de la Ossa, asegura: “me gusta explicar la nutrición y la alimentación y los pilares del estilo de vida a partir de nuestra naturaleza primitiva, pues seguimos siendo homo sapiens sapiens, así que todos nuestros procesos fisiológicos están regidos por ese diseño primitivo, que liga nuestras hormonas a esos ritmos biológicos relacionados con la luz del día y con la noche”.

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Las hormonas trabajan a favor de los ritmos circadianos. “El cortisol, la famosa hormona del estrés, tiene una participación muy importante a primera hora del día, no solamente para levantarnos, sino también dentro de esa naturaleza muy primitiva nuestra. Es un booster de energía que se activa con la salida del sol, precisamente para buscar elementos de supervivencia como el agua y los alimentos”.
Así que, la hora en la que tomemos los alimentos, según la nutricionista De la Ossa, influye en nuestro metabolismo.
La rutina ideal
La evidencia más reciente habla de que existe una ventana ideal de entre 10 y 12 horas para alimentarse, comenzando temprano. “Por ejemplo, hay gente que se levanta, se toma un café, entrena y luego desayunan para iniciar el día con los nutrientes adecuados”.
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Según la nutricionista De la Ossa, “la hora ideal no existe, sino que la persona tenga unos horarios regulares que le funcionen. Y se recomienda cenar de dos a tres horas antes de irse a dormir para que el cuerpo se concentre en su proceso de reparación y descanso y pueda dormir de manera continua y no de forma intermitente”.

Lo recomendable es que las personas tengan horarios específicos: después del entrenamiento, desayuno, un almuerzo muy completo, una merienda balanceada por la tarde y luego, la cena, dos a tres horas antes de dormir.
“La crononutrición es importante, pero se debe sumar a dormir bien – con una adecuada higiene del sueño-, lo que permite que los niveles hormonales estén balanceados, en cambio, cuando no dormimos bien desarrollamos resistencia a la insulina y tenemos antojos de azúcar”.
A esto debemos añadir otras fórmulas: cuidar la calidad de lo que comemos, no darle al cuerpo más comida de la que necesita, hacer ejercicio y controlar el estrés. En resumen, aplicar los tres pilares para vivir mejor: buena comida, buen sueño, actividad física y mantener el estrés a raya.
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