Revista Diners
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Algo se esconde en esos colores saturados, dentro de esos vestidos inmensos, debajo de esas pelucas que rayan en lo estrambótico. Algo, en la relación de esa mamá que no es capaz de defenderse por sí sola y de esa hija que a duras penas es capaz de sostenerse a sí misma, se ha cocido durante tanto tiempo que ya se descompuso.
La mamá se llama Esther, tiene la tierna edad de 90 años y es interpretada por Juanita Cetina. A la hija, Ida, que está cumpliendo 50 años, o puede que 52, incluso 55, o, más precisamente, 60, le dan vida en algunas funciones la actriz Marcela Valencia y, en otras, el actor Javier Riveros.
Esos personajes salieron de la mente de Fabio Rubiano, dramaturgo y director de El pabellón del oído, la más reciente obra de su grupo, Teatro Petra, que fundó junto a Valencia en 1985.
“Parte de observación -explica Rubiano sobre esta pieza- y de casos muy cercanos de amigos, amigas, la familia propia y la familia extendida, en las que se ven ese tipo de situaciones. Nos atraía mucho que las mujeres mayores siempre estaban acompañadas por una hija mayor y, en algunos pocos casos, como un 10 %, del hijo”.
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Esther e Ida viven, o sobreviven, en una casa que tal vez es demasiado grande para ellas y tienen que ocupar un tiempo que ciertamente es demasiado amplio para sus nervios. Se la pasan entonces cuidándose y, al mismo tiempo, recriminándose por cosas que pudieron o no haber ocurrido.
Para Rubiano, esa relación está envuelta en una primera capa en el amor, porque si alguien se queda con una persona mayor es porque la quiere, pero eso también conlleva un sacrificio que está permanentemente atravesado por el pensamiento de: ‘¿Y si yo no me hubiera quedado con ella?’.
“Pero nunca las abandonan por amor, pero también por culpa, por manipulación, por creencia religiosa, por muchas razones y también por la idea de ‘Si yo no hago esto, ¿qué voy a hacer con mi vida? ¿Qué sentido tiene mi vida?’ Eso lo he escuchado muchas veces: si yo no cuido a mi mamá, ¿para qué voy a servir?”, explica el dramaturgo.
Más allá de la historia y de la investigación que el grupo llevó a cabo para llegar a ella, El pabellón del oído, en la que también actúa Derly Neira, está plagada de recursos que alteran las expectativas de sus espectadores.

Están los detalles artesanales del teatro, esos artilugios que desgarran el tejido de la realidad y nos recuerdan que estamos ante una representación, como esas tormentas de polvo que emergen de los muebles como consecuencia de algún golpe, como los personajes secundarios que no están encarnados por actores sino por luces y como los cientos de pepitas que reemplazan los líquidos y que a cada tanto se esparcen por el escenario.
“Ellas están llenas de capas, de ropa, de alimentos, de máscaras, de pelo. Entonces, es como si hubiera una acumulación que se ha ido llenando por años. Eso nos interesaba mucho”, explica Rubiano, quien agrega que esta pieza fue su trabajo de grado de la maestría en Dirección teatral que realizó en la Universidad del Valle.
Los profesores de Rubiano en esa maestría, entre los que se contaban Alejandro González Puche, Ma Zhenghong y Rolf Abderhalden, valoraban el hecho de que Petra no suele repetir los éxitos. Rubiano asegura que, como parte de esa búsqueda de nuevos lenguajes, para esta obra el grupo quiso subvertir todo: el lenguaje, el tono, el tema, los diálogos, la actuación y la imagen.
“Esta imagen de una mamá y una hija en una familia tradicional con una historia dura, porque ellas se tratan muy duro, se dicen cosas demoledoras, que yo las he escuchado muchas veces en ese tipo de familia, la teníamos que contrastar con color y con una actuación que negociara permanentemente con el realismo, pero que tuviera algunos momentos de cortes”, explica el director.
Petra es, sin duda, uno de los grupos más representativos del teatro colombiano contemporáneo. Esta calificación se sostiene gracias a una producción consistente, a partir de la dramaturgia de Rubiano, que ha generado piezas tan importantes como Sara dice, Mosca, inspirada en el Tito Andrónico de William Shakespeare, y Labio de liebre, que pronto volverá a temporada.
Para Rubiano, los procesos creativos de un grupo que ya lleva 41 años haciendo teatro ininterrumpidamente no dejan de ser conflictivos y siempre generan un ida y vuelta permanente entre actores y directores. En el caso de esta obra, las propuestas de los intérpretes se fueron ajustando hasta llegar a este tono, que, según su director, le han definido de maneras muy interesantes.
Algunos dicen que es una pieza de horror cómico y sus maestros, por ejemplo, opinaron que era realismo psicológico, un género que para Rubiano está más relacionado con Antón Chéjov o con August Strindberg. El director piensa que puede haber elementos en común con El padre, del dramaturgo sueco, sobre todo en la crueldad de las relaciones personales.
“La pregunta es: ¿qué pasa cuando uno convive con alguien durante 60 años y no se ha separado un solo día? ¿Y si ese alguien es la mamá o la hija? Se generan unas tensiones muy fuertes, porque en ese tipo de relaciones cada gesto, cada movimiento, cada respiración es susceptible de generar conflicto o, por lo menos, comentarios”, añade.
Gabo en Rusia
Paralelo a este proyecto, Rubiano fue invitado por el Teatro de las Naciones de Rusia para dirigir una pieza inspirada en la obra de Gabriel García Márquez, que se estrenará en diciembre de 2027, el año en el que se celebrará el centenario del nacimiento del nobel colombiano.
Esta agrupación, que recientemente presentó su obra Muerte ordinaria en el FIAV Bogotá – Festival Internacional de Artes Vivas, suele invitar a renombrados directores internacionales, entre los que han estado el inglés Declan Donnellan, el alemán Thomas Ostermeier y el canadiense Robert Lepage. Según Rubiano, el grupo se interesó en el estilo de Petra tras ver su obra Perderse, una visita a La vorágine, inspirada en la novela de José Eustasio Rivera.
“Les gustó mucho el formato, el espacio, y, lo que más les gustó, fue la potencia de los actores, tan variopintos, de tantos colores y de tantas dimensiones. Entonces, dijeron: ‘Vente a dirigir a Rusia’. Y ellos querían hacer un García Márquez y yo les dije: ‘Pero, ¿montar otra obra de García Márquez? Porque no hacemos una sobre García Márquez”, cuenta.
Rubiano, quien asegura que en honor dirigir en aquel país que ha sido tan importante para el desarrollo del teatro mundial, ya realizó una primera etapa de audiciones para seleccionar a los personajes que protagonizarán el montaje.
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