Foto: Luis Alejandro Bernal Romero/ Wikimedia Commons/ (CC BY-SA 2.0)/ http://ow.ly/MX9630psJAw
septiembre 26, 2025
Cultura Archivo Diners

Así era visitar el páramo de Sumapaz en los años 80

POR:
Carlos Mauricio Vega

Antes de hablar del páramo de Sumapaz, hay que poner los focos sobre este hombre. Siempre ha sido hosco con la prensa. Pero cuando uno lo conoce, sentado entre el papel de colgadura amarillo, entre sus miles de libros, las fotos familiares y esos delicados contraluces que proporciona la luz de las cuatro de la tarde en las casas chapinerunas, se comprende que no es una persona hosca.

Es que tiene miedo. Miedo de que le hagan daño, de que lo malinterpreten, de que lo saquen de la torre de marfil de su saber y lo vulgaricen y lo deformen. Y es por eso que huye de la ciudad, de esas dos avenidas que ya cercaron su casa y la estrangulan lentamente, y se sube al páramo, a lo que él llama “el techo de Colombia», y desde allí, por encima de las nubes, mira a sus pies, muy lejano, todo aquello que no le gusta. Es Ernesto Guhl. Un alemán colombianizado, que debe amar tanto el ajiaco con alcaparras como el chucrut. Aunque no haya ido más que tres veces a su país en 45 años, aunque conozca a Colombia mejor que muchos colombianos.

De él se ha dicho que es un segundo Agustín Codazzi. Al oír esto suelta una carcajada por entre las erres de su alemán gutural y pide que por favor se guarden las proporciones. Pero lo cierto es que este geógrafo silencioso y admirable, que aborrece la figuración personal, las fotografías y los pie de fotos de las páginas sociales, ha realizado por Colombia una labor callada y trascendental durante el último medio siglo. No caben aquí todos sus títulos. Tiene, sin embargo, una pasión personal por algo muy colombiano, único, que lo hace diferente y notable: una pasión casi patológica por los páramos. Al descubrir el páramo de Sumapaz Ernesto Guhl ha descubierto que los páramos colombianos, esos yermos fríos y neblinosos que tanto rehuimos, son únicos en el mundo. Son una rareza geográfica y biológica, estética y espiritual de la que no se tiene conciencia. En Colombia está el páramo más grande y complejo del mundo, el de Sumapaz, que de hecho nutre tod [TRUNCADO]

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