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Revista Diners
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Lo más reciente de la banda británica Muse, la segunda parte de Femme fatale de la chilena Mon Laferte y una interpretación de la Misa en C menor, bajo la batuta del director de orquesta canadiense Yannick Nézet-Séguin, son los recomendados musicales de Laura Galindo.
Muse
The Wow! Signal
Helium 3
La relación entre la tecnología y nuestra propia humanidad —sus límites, sus alcances y su evolución— es una preocupación generalizada y globalizada. Más allá de una discusión sociológica, se ha convertido en una exploración desde diferentes disciplinas. The Wow! Signal, el décimo disco de la banda británica Muse, también lo es. Su nombre hace referencia a una señal encontrada por un equipo de astrónomos en 1977, mientras buscaban pruebas de vida extraterrestre.
En el álbum se presentan tres escenarios: la inteligencia artificial, la ansiedad tecnológica y el rechazo a las dos anteriores mediante el aislamiento. Un concepto que se materializa con riffs de guitarra, sintetizadores y arreglos orquestales.
Mon Laferte
Femme fatale vol. 2
Sony Music Latin

La historia es sencilla: Mon Laferte lanzó en octubre del año pasado Femme fatale, un disco que hablaba de la feminidad desde todas sus aristas: la oscuridad, la sensualidad, el deseo, el empoderamiento, la fragilidad y la exposición al machismo. Canciones como My one and only love y Mi hombre siguen ocupando lugares importantes en las listas de reproducción.
Fueron catorce canciones en total, pero, según dijo la misma Mon Laferte, le quedaron muchas cosas por decir. Para efectos prácticos, esto significa que en el proceso de composición logró más cortes buenos de los que grabó finalmente, por lo que ahora lanza una segunda parte. Femme fatale vol. 2 sigue la misma lógica de su antecesor: juegos jazzísticos en la voz y una mezcla de pop y bolero en los arreglos instrumentales. Tiene, además, colaboraciones con Javiera Electra, GRTSCH y St. Vincent.
Yannick Nézet-Séguin
Mozart: Requiem & Mass in C Minor
Deutsche Grammophon

Existieron dos Mozart: el que vendía su música a las cortes y a la aristocracia para tener con qué costear la vida sibarita y licenciosa que llevaba, y el que hurgaba en las profundidades del arte para escribir piezas estilísticamente minuciosas que le permitieran cuestionarse. El primero compuso La clemencia de Tito y La pequeña serenata nocturna, en tanto que el segundo escribió la Misa en C menor: una reflexión sobre la crisis del Barroco tardío y su relación con el clasicismo.
La anécdota que se suele contar dice que la escribió antes de casarse con Constance, quien para entonces se recuperaba de una de las muchas enfermedades que padeció. Fue su forma de celebrar su salud y presentársela a Leopoldo Mozart, su padre, quien no estaba del todo conforme con la elección de esposa que había hecho su hijo. La historia tiene más de ficción que de realidad, pero la Misa en C menor es una obra recomendada para conocer mejor a Mozart.
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