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septiembre 25, 2026
Música y Teatro

La obra ‘Destinitos fatales’ abre el camino hacia la conmemoración de los 50 años de la muerte de Andrés Caicedo

El director Sandro Romero Rey habla sobre esta pieza teatral, para la que se inspiró en los relatos góticos del escritor de ‘El atravesado’ y ‘¡Qué viva la música!’.
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No sería preciso calificar el estreno de la obra Destinitos fatales como el regreso de Sandro Romero Rey, autor y director de esta pieza, al universo narrativo de Andrés Caicedo, el escritor caleño que falleció en 1977 a sus 25 años. Y es que Romero Rey es uno de los grandes conocedores de la obra de Caicedo, un escritor apasionado por el cine que hizo parte del llamado grupo de Caliwood, que también conformaron los fallecidos Carlos Mayolo y Luis Ospina.

“El verbo es continuar -dice Romero Rey- porque es una actividad que he desarrollado casi que ininterrumpidamente desde 1982. Después de que terminó la gesta de Luis Ospina de Pura Sangre, nos juntamos para hacer la compilación de la obra póstuma de Andrés, en una época en la cual el campo de repercusión existía, con ¡Qué viva la música!, pero era muy pequeño”.

El director y escritor caleño cuenta que, al comienzo, trabajó más o menos durante un año en la casa de los padres de Caicedo y, después, le pidió a Ospina que hicieran juntos esa labor de archivo, pues el cineasta que falleció en 2019 fue muy cercano a Caicedo.

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En ese momento, Romero Rey y Ospina dejaron organizado el legado literario de Caicedo, estableciendo además el criterio en el que debía ser publicado. Primero, se lanzó Destinitos fatales, en 1984, y, quince años después, vio la luz Ojo al cine.

“Hoy por hoy, resumiendo toda esta larguísima gesta, ya nos podemos dar el lujo de tener prácticamente sus obras completas publicadas con Planeta Editores. Ya hay nueve tomos impresos y el año próximo, que se conmemoran los 50 años de su muerte, tendremos toda la obra completa y creo yo que cerraré este ciclo, aunque uno con Andrés nunca sabe”, añade Romero Rey.

Destinitos fatales, la primera cosecha de esa gesta, también es el título de esta nueva obra que aúna varios relatos de terror de Caicedo. El espectáculo, que se presentará el sábado 26 y el domingo 27 de septiembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, es protagonizado por Alejandra Chamorro, Myra Patiño, Emmanuel Restrepo y Daniel Gómez Velásquez

¿Qué significa para usted y para las personas allegadas a Andrés Caicedo que 50 años después esa obra se siga consumiendo y siga siendo referente para nuevas generaciones?

Quiere decir que es una obra que trasciende las circunstancias, que se sostiene sola. Esto no es una estrategia comercial, ni de mercadeo, ni mucho menos; si se mira la lista de los autores colombianos de los últimos 50 años, cuáles permanecen, cuáles se reeditan y cuáles han ido lentamente reduciendo su distribución, Andrés ha tenido una cantidad de lectores por la calidad de su obra y porque generacionalmente representa mucho para los jóvenes.

Hay una suerte de reciclaje generacional, siempre utilizo esa misma expresión; yo veo que con el paso del tiempo los lectores de Andrés son fundamentalmente jóvenes. Y tenemos cuatro actores que son nuevos, jóvenes, de los mejores representantes de la escena y de las pantallas de esta generación, que, apenas les propuse el proyecto, inmediatamente aceptaron y se identificaron muchísimo con la obra de Andrés.

La obra ‘destinitos fatales’ abre el camino hacia la conmemoración de los 50 años de la muerte de andrés caicedo
Sandro Romero Rey, autor y director de ‘Destinitos fatales’.

En esa línea, ¿cómo entra a jugar ‘Destinitos fatales’?

Yo quería cerrar este proceso con la obra de Andrés con un espectáculo de gran formato, porque, por lo general, las adaptaciones que se han hecho al teatro de su obra son piezas de cámara, para salas pequeñas y experimentales. Y yo quería hacer un espectáculo que utilizara toda la infraestructura de un teatro moderno y le propuse el proyecto al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Para mí, era un sueño hacer una obra que combinase la literatura con el teatro y con el cine, que son las tres grandes pasiones de la obra de Andrés. También está la música, por supuesto, pero en esta obra no es la de ¡Qué viva la música!, porque esta Destinitos fatales está basada sobre todo en los textos góticos de Andrés.

Por supuesto, es una obra que tiene que ver muchísimo con Cali, pero la idea que tuvimos es que fuera como un gran sueño, una especie de viaje en el que se confundiese el sueño con la realidad y que la estética fuese como la de las películas de terror, tanto del expresionismo alemán como del cine de horror de las décadas sesenta y setenta.

La obra ‘destinitos fatales’ abre el camino hacia la conmemoración de los 50 años de la muerte de andrés caicedo
Emmanuel Restrepo, uno de los protagonistas de la obra.

La textura de lo gótico da una visión muy especial no sólo sobre la obra de Caicedo, sino de todo el movimiento caleño de esa época, al que le interesaba mucho ese género…

Sí, es que el pionero de todo eso que se está llamando ahora el gótico tropical, que antes no se llamaba así, eso es un concepto nuevo, en realidad, fue Andrés Caicedo con sus relatos fantásticos y con sus guiones. En la compilación de sus obras completas, uno puede seguirle los pasos a ese proceso y a esa pulsión de fascinación que tenía Andrés por el cine de terror.

Y esa es la estética que estamos manejando en este espectáculo y tácitamente es un homenaje generacional al grupo de Cali; los que estuvimos más juntos y más próximos trabajamos alrededor de dicho género.

¿Cómo fue la costura dramatúrgica para conectar todos los relatos?

La dramaturgia es mía y cuando hice la adaptación fue un un proceso relativamente rápido porque esos textos los conozco muy bien, los he trabajado, los he editado y los he reeditado y sé cómo es la costura interna de la escritura.

Es una suerte de tejido de relatos construidos en base a Antígona, que es un cuento que él escribió en 1971 y que después se convirtió en Noches sin fortuna, que es quizá la novela gótica de Andrés que a mí más me entusiasma. A partir de Antígona se fueron tejiendo los otros relatos más escabrosos, más lovecraftianos, si se quiere, en los que la presencia del terror estuviese más evidente.

Y quería explorar esto del terror en el teatro a ver cómo funciona y también cómo funciona el diálogo entre el teatro y el cine, entre comillas, porque en realidad es video. Quería conjugar esos lenguajes y ver de qué manera los articulaba, porque siempre he tenido cierta reticencia al diálogo entre el video y el teatro, aunque lo he hecho en muchas obras, pero quería que fuese más orgánico.

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En la obra también actúa Alejandra Chamorro.

¿Por qué es ‘Noche sin fortuna’ la novela gótica de Caicedo que más lo entusiasma?

Bueno, porque es la única novela gótica de Andrés, porque ¡Qué viva la música! y El atravesado no lo son y los otros son muchos cuentos que él escribió. Noches sin fortuna, primero, me parece que es su texto más acabado, a pesar de que es inconcluso, y, en segundo lugar, la historia es más o menos la misma de Antígona, la mujer antropófaga que se llama igual tanto en la novela como en el cuento, y nosotros tomamos el cuento porque es una versión mucho más compacta.

Ahí podríamos abrir puertas para que entrasen otros relatos como Los mensajeros, Felices amistades, fragmentos de El mar, la obra de teatro, e Infección. En fin, hay otros textos que me gusta mucho poner a dialogar y a jugar en términos escénicos y, bueno, ahí está el resultado.

Regresando a la influencia del expresionismo alemán, ¿cómo fue el trabajo para llevar esa estética al teatro?

El punto de partida audiovisual fue El gabinete del doctor Caligari, la película de Robert Wiene de 1920, además, yo tuve una revista que se llamó Caligari. Hay entonces un juego de palabras, pero sobre todo la estética de esa película en la que nada es realista, todo es construido como si fuera una obra de teatro.

También está Nosferatu, de Murnau, pero la estética no es solamente de las películas del expresionismo, sino del cine de terror en general, teniendo en cuenta, por ejemplo, La noche de los muertos vivientes, una película de 1968 que a Andrés le gustaba muchísimo, y las películas inglesas de la Hammer Films de los sesenta y los setenta. Entonces, hay una amalgama de imaginario audiovisual de distintas fuentes.

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Destinitos fatales, obra dirigida por Sandro Romero Rey.

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