Revista Diners
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El Teatro Petra regresa con la comedia provocadora «25 Cosas», bajo la dirección y dramaturgia de Fabio Rubiano. A partir de 25 objetos, el director y los actores, logran hilar una historia donde el pasado y el presente entran en tensión constante que impulsan los recuerdos de la narración. Esta es una obra en donde no faltarán las risas y los cuestionamientos. Se puede ver desde el 15 de abril hasta el 30 de mayo.
La historia sigue a Elián Farías (interpretada por Marcela Valencia), quien tras perder la memoria se convierte en una mujer completamente opuesta a su versión antigua. Farías se encuentra en una nueva etapa política en el país. Mientras su círculo más cercano, su esposo (Julián Román), su neuróloga (Liliana Escobar) y su primo (Jacques Toukhmanian), intentan que Elián Farías recobre a la «naturalidad».
El director y dramaturgo Fabio Rubiano, conocido por su larga trayectoria en el teatro, el cine y la televisión colombiana, habló con Diners para hablar sobre esta obra tan distinta a sus anteriores propuestas en el Teatro Petra.

¿Qué los llevó a romper con ese tono más duro y apostar por la comedia en esta obra?
Es una obra diferente a todo lo que hemos hecho antes. Trabajamos otro formato y otros temas. Entonces esto era como una sacudida. Siempre trabajamos temas muy duros, como de conflicto, de masacres, de desplazamiento, de temas sociales, coyunturales, y de vez en cuando hacemos comedia. Entonces nos interesa. Igual este también tiene su veneno y tiene ironías y todo, pero básicamente es una comedia porque la gente se ríe desde que empieza la pieza.
¿Cómo construye el equilibrio entre lo absurdo y lo profundamente humano en la obra?
Digamos que hay una primera parte donde una mujer se despierta y ha perdido la memoria, que es una cosa muy, muy dolorosa y muy triste. Pero descubrimos rápidamente que no solo perdió la memoria, sino que además se levantó siendo otra persona. Eso tiene un nombre científico, bueno, varios nombres: amnesia psicogénica. Y se levanta con una biografía completa, lo cual ya es muy raro.
Y además de que se despierta con otra personalidad, es una personalidad completamente diferente a la que tenía la noche anterior, cuando se acostó. Entonces, si era una mujer con un pensamiento absolutamente reaccionario, facho, antiderechos, de pronto se despierta siendo una mujer progresista, que admira a los inmigrantes, que apoya la diversidad sexual, que todo.
Y pues la familia empieza a decirle “oiga…”, y ya después, cuando se desarrolla la pieza, nos damos cuenta de… bueno, no voy a hacer spoiler, pero aparecen otras cosas: que hay un accidente involucrado, engaños, infidelidades, traiciones de varios lados.
Entonces está como matizada en muchos frentes. El punto de equilibrio es ese, porque la comedia y la tragedia tienen una diferencia muy frágil. Hay como una idea, un poco exagerada, que dice que la comedia es una tragedia vista a la distancia. El ejemplo clásico es cuando alguien se cae en la calle, que a muchos les produce risa.
A mí particularmente eso no me da risa, los accidentes no me producen risa. Pero es el ejemplo de Chaplin: cuando uno lo ve haciendo torpezas, da risa; pero si uno estuviera en ese momento, haciendo esas torpezas y quedando en ridículo frente a todo el mundo, sería una tragedia.
Entonces por eso la diferencia es de distancia. Algunos dicen que es de tiempo. Yo digo que es de mirada: si yo estoy afuera, mirando, no me produce dolor… y a veces tampoco risa.
O también pasa con el tiempo: cuando uno recuerda dolores del pasado, puede reírse. Por eso dicen también: tragedia más tiempo igual comedia.
¿Qué le llevó a trabajar en este formato e incorporar la participación del espectador?
Para serte sincero, cuando yo soy espectador y me involucran dentro del espectáculo, lo odio. A mí no me gusta ni que me saque el mago, ni que me saque el payaso. Yo prefiero estar en el anonimato del público y ver una obra y que me dejen en paz. Pero a raíz de algunas experiencias que hemos tenido con otras obras hemos visto que al público le encanta involucrarse. Es impresionante.
Descubrimos esto porque yo, al inicio, tenía la percepción de que, al igual que yo, al público no le gusta que se metan con él. Fue todo un hallazgo darnos cuenta de que sí le gusta. Y lo descubrimos en una obra que se llama «Sara Dice» porque hay un momento donde la familia tiene que votar.
«Sara dice» no era una comedia. Tenía elementos de comedia, pero no, era una pieza distópica donde se acababan los asesinatos en un país y se necesitaba un asesinato cada 100 días. Entonces por suerte se escogía una familia y ellos votaban por quién iba a ser asesinado. Entonces en el voto de la familia hace falta una persona. Entonces escogíamos a alguien del público para que el escoja la persona que falta.
En la obra «25 cosas» yo dije: «vamos a llevarlo al límite y vamos a repartir muchas cosas». De hecho era mucho más interactiva porque a veces el público opinaba. A pesar de esto, fue en los ensayo que dijimos: «no, esto es muy arriesgado porque no todo el mundo opina o puede opinar de más».
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¿Y qué papel tiene la improvisación en una obra así?
Ellos son muy necios. Improvisan mucho, a veces.
Y yo siempre les estoy diciendo: calma, calma, hay límites. Sí, por ejemplo, a veces alguno le da más duro de la cuenta. O alguien, como el que se baja los pantalones, aparece con unos pantaloncillos diferentes. Yo les digo: hay límites, porque a veces se pasan.
Sí, a veces la pasan tan bien que les da risa, y entonces ahí yo les digo: no, los que tienen que reír son el público, no ustedes. Ustedes están trabajando. Entonces diviértanse, pero manténganse en el personaje.
El rango de improvisación es bastante alto, sobre todo en comedia. Entonces sí hay que tener eso muy controlado, muy apretado. Porque como todos son tan talentosos —Marcela, Jack, Liliana, Julián—, con tanta experiencia, les queda muy fácil improvisar, salir y volver a entrar.
Pero entonces yo les repito: límites, límites, límites. Claro, a veces en esas improvisaciones aparecen hallazgos maravillosos que se quedan definitivamente en la obra, que nacieron en una función y se quedan para siempre.
En su obra suele haber una crítica a la sociedad de manera implícita. ¿Qué le interesa cuestionar específicamente en esta obra?
La gente que piensa de una manera y nos quiere hacer creer que piensa de otra. Esta obra iba a suceder más adelante, pero a raíz de todas estas campañas políticas —donde de un momento a otro un ateo se volvió cristiano, alguien de derecha se volvió de izquierda, alguien de izquierda se volvió de centro— me pareció interesante hablar de eso.
De esos cambios, de esas pérdidas de memoria conscientes.
Eso es lo que me atrae, lo que me interesa. De hecho, la escribí un poco cuando empezó este gobierno, el gobierno de Petro, porque mucha gente que nunca había estado en la izquierda, de un momento a otro se volvió de izquierda. Y los ejemplos se vieron. Años después mostraron su verdadera cara.
Entonces es como eso: esas pérdidas de memoria voluntarias que tienen ciertos… Y si yo no lo ves, que tuvo una revelación divina y ahora soy católico, cristiano, judío, musulmán, y me olvidé de todo lo que pensaba antes.
O los que dijeron: “estamos en contra del aumento del sueldo mínimo”, y tres horas después: “nunca hemos dicho que estamos en contra”.
Entonces esas pérdidas de la memoria son muy, muy significativas.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la obra y de dónde surgió la idea?
Nace de eso, de gente que de un momento a otro cambia su manera de pensar, y obviamente muchas veces es por intereses particulares. Entonces eso me interesaba mucho: empezar a hablar de eso, de gente que transforma su memoria. También hubo muchas investigaciones psiquiátricas.
Empezamos a trabajar con el grupo y ellos me decían: “esto no se va a entender, esto está muy enredado”. Entonces yo preguntaba: ¿qué es lo que no se entiende? Y me decían: “no, tal cosa, tal otra”.
Me acuerdo que hicimos un ejercicio, de los primeros. Yo les dije: vamos a hacer lo siguiente, expliquémonos la obra. Yo les hago preguntas. ¿Por qué pierde la memoria? Ella decía: por tal cosa. ¿Y por qué no quiere a su esposo? El esposo respondía: por tal cosa. ¿Y la amante por qué piensa esto? No, por tal cosa. ¿Y por qué sigue siendo su amiga? No, por eso.
Entonces me explicaron la obra completamente. Y yo les decía: ¿sí ven que sí la entienden? El problema no es de explicación, sino de estructura. ¿Cómo vamos a contar esto? ¿Qué contamos primero? ¿Qué contamos después?
Porque la historia está clarísima. La pregunta era: ¿con qué lenguaje la vamos a contar?
Y empezamos a trabajar. Yo siempre trabajo con improvisaciones, pero no sobre la letra fija ni sobre la escena fija, sino sobre elementos paralelos a la escena. Por ejemplo: alguien que no reconoce su casa, que eso no está explícito en la obra. ¿Qué pasa cuando alguien no reconoce su casa? ¿Qué pasa cuando alguien da una entrevista científica en televisión? ¿Qué pasa cuando alguien dice exactamente lo que no piensa?
Entonces todos esos ejercicios nos fueron alimentando y alimentando. Como te digo, el grupo es súper creativo, pero también muy crítico. Y ellos decían: “esto no se va a entender por esto y esto”. Y yo respondía: tienen razón, vamos a plantearlo desde acá. No, así tampoco. Entonces: vamos a plantearlo desde acá. Así tampoco.
Y así, ensayo tras ensayo, hasta que aparece ese momento de “por ahí es, por ahí es”, y encontramos el camino.
Son ensayos largos, a veces aburridos, pero siempre salen cosas. Siempre, todos los días, aparece un elemento nuevo que alimenta la obra.
¿Cómo ha reaccionado el público frente a una obra que deja más preguntas que respuestas?
De eso se trata. Algunos dicen: “pero ese es tal personaje de la vida nacional”. Y no, no estamos haciendo una alegoría. Esto puede ser muchos, pueden ser muchos… como puede no ser ninguno, porque es una pieza de ficción.
Es eso. Mucha gente ni siquiera se pilla la ironía y dice: “no, es una comedia muy, muy divertida”. Otra gente, que es una definición que a mí me gusta, dice que es una comedia envenenada.
Otros dicen: es muy diferente a lo que ha hecho el Petra, pero como con un poquito de reserva, como diciendo “prefiero las otras obras, las más duras, las que golpean más”. Esta me divierte, pero prefiero las que me golpean.
Entonces ha sido muy variado, y muy bonito. Y es una pieza que nos… pues, en general las obras del Petra suelen llenar la sala, y esta en particular también lo está haciendo.
Como director, ¿qué Le interesa más: que el público entienda todo o que se incomode?
A mí me interesa que entiendan todo y que también se incomoden. Pero no me gusta molestar al público ni echarle la culpa. Porque hay piezas que dicen: “¿qué opinan ustedes?, ¿van a dejar que la sociedad siga así?”. No, a mí eso no me interesa.
Nadie va al teatro a que le echen culpas, ni a que le den clases de historia, ni a que le digan qué tiene que pensar, ni a que le señalen que no tiene conciencia. No. Independientemente de la obra, como tú decías hace un rato, una obra plantea preguntas, genera inquietudes, reflexiones, contradicciones, pero no creo que deba dar lecciones.
Ahora, hay teatro pedagógico que es muy interesante, pero no es la línea que nosotros tenemos. Tampoco tenemos una línea política como grupo: cada integrante tiene un pensamiento distinto al de los otros. No hay una unidad ideológica para decir “vamos a decir esto”.
No. Nosotros no hacemos propaganda a nadie.

