Revista Diners
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Desde hace cuatro años, casi 1.200 piezas arqueológicas colombianas que estaban regadas por el mundo alistaron maletas, se subieron al avión presidencial, al buque Gloria o a transportes puerta a puerta desde distintos países y regresaron a su terruño. Desde hoy y hasta el próximo 23 de agosto estarán en el Museo Nacional de Colombia contando en primera persona la historia de sus travesías, en la exposición ‘Pasados en retorno. Repatriación del patrimonio arqueológico’.
Una figura antropomorfa, conocida como retablo Quimbaya, es una de las piezas emblemáticas de esta exposición y refiere así parte de su historia: “Fui desenterrada en la cuenca del bello río Cauca y fui llevada en un viaje de kilómetros hasta el Reino Unido, donde me dispusieron en un salón atiborrado de objetos. El intermediario de una casa de subastas alertó a la embajada de Colombia en el Reino Unido al saber que estaba próxima a ser subastada. Esa advertencia lo cambió todo: evitó mi venta y abrió el camino para mi entrega a la embajada. En noviembre de 2022 regresé, por fin, a Colombia”.
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Según la curadora de la exposición, la antropóloga Natalia Angarita, las piezas hablan en primera persona y cuentan para qué sirven, cuál es su función, de qué región provienen, cómo se fueron del país y cómo regresaron para “darle voz a esa materialidad”.
Angarita agrega que de ese universo de 1.194 piezas que conforman la muestra, destacan 14, bajo el criterio de poder hablar de un caso de cada uno de los 13 países desde donde se recuperaron. “Tenemos unas piezas orfebres muiscas que fueron devueltas al gobierno colombiano por una ciudadana suiza y muchas han sido objeto de incautaciones. El tráfico de piezas arqueológicas es un fenómeno global y también lo es la repatriación de este patrimonio”, explicó.
En el país, la máxima autoridad para los temas del patrimonio arqueológico es el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH. Esta entidad, en conjunto con los ministerios de Culturas y de Relaciones Exteriores, mediante la Cancillería coordinan esfuerzos, evalúan si las piezas reportadas y ubicadas en el exterior son patrimoniales y luego comienzan el proceso de repatriación, operación que implica altos costos por los requerimientos especiales de embalaje y transporte, por lo que se apoyan también en el transporte oficial.

Según la curadora, las piezas son tan distintas que relatan la diversidad de gentes y culturas que existió incluso antes de que este territorio se llamara Colombia, reflejada en artefactos Quimbaya, Tumaco – La Tolita, que comprende el sur del país y norte de Ecuador, Alto Magdalena, donde se ubican las piezas de San Agustín, del Bajo Magdalena, Tairona, Nariño y Calima.
En la exposición, los visitantes podrán encontrar piezas desde el 1.000 a. de C. hasta algunas más recientes, que coinciden con la llegada de los españoles en el 1.600 d. de C. Las piezas repatriadas están en constante investigación, para determinar con claridad su contexto arqueológico, desconocido hasta el momento. “Podemos aproximarnos a decir, ‘esta es una pieza muisca’ y las fechas en las que fue creada, pero tener una cronología concreta implica análisis científicos que no se han hecho, por lo que planteamos una cronología relativa. Lo interesante es que nos permite ver una secuencia muy amplia en el tiempo de diferentes culturas y prácticas de su vida cotidiana”.
La experta asegura que estos objetos son el legado de las comunidades que habitaron el territorio y cuentan la historia de cómo nos configuramos como sociedad, la visión de mundo que tuvieron y entender quiénes somos y de dónde venimos.
Tareas pendientes

La exposición saca a la luz tres temas: la repatriación, la normativa que protege el patrimonio arqueológico nacional y cómo opera el tráfico ilícito de bienes culturales. En ella se destacan dos casos representativos que no se han podido resolver: la Colección Quimbaya, conformada por 122 piezas de orfebrería y cerámica, que se exhibe en el Museo de América, en Madrid y de la cual el artista Juan Covelli hace una creación multimedia de “arqueología especulativa”, que simula la colección; y la Colección Lítica de San Agustín, unas 20 estatuas, alojadas en el Museo Etnológico de Berlín, reclamada por el movimiento civil Veeduría por Repatriación del Patrimonio Arqueológico del Macizo Colombiano, que ha participado de los esfuerzos por recuperarla.
Pero, ¿por qué el patrimonio arqueológico colombiano está disperso por el mundo? Según Angarita, cabe resaltar que a finales del siglo XIX y comienzos del XX expedicionarios europeos venían a Latinoamérica, especialmente a Colombia, México y Perú, en busca de artefactos, no sólo con fines investigativos o con destino a los museos, sino para las colecciones familiares de antigüedades.

“Es por su alto valor estético. Las sociedades que habitaron el pasado hacían cosas muy bonitas. La búsqueda también tiene que ver con el gran mito de Eldorado, donde la relación de los españoles con el oro estaba dada, principalmente por el valor del material y era muy distinta a la de las sociedades del pasado, que lo usaban como tributo o pagamento. Eso da origen a saqueos, principalmente de las piezas orfebres”, concluyó la experta.
Sobre la expo en el Museo Nacional
Abierta del viernes 26 de junio al domingo 23 de agosto.
Lugar: Museo Nacional de Colombia. Av. Cra. 7 No. 28 -66, Bogotá. Sala Talleres del Panóptico (primer piso).
Horario: de martes a domingo de 9:00 a. m. a 5:00 p. m.
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