Foto: Revista Diners
marzo 13, 2014
Cultura Cine y TV

Monika Wagenberg: la dama del cine colombiano

La directora del Festival Internacional de Cine de Cartagena llega a su cuarto año con una gestión envidiable que le ha devuelto el prestigio al festival más antiguo del continente.
POR:
Pedro Adrián Zuluaga

Son los últimos días de febrero bajo el ardiente sol cartagenero y Monika Wagenberg corretea como un viento fresco, de aquí para allá, como si tuviera el divino don de la ubicuidad. En la mañana de ese viernes después de una extenuante noche de inauguración con presidente a bordo en la Plaza de la Aduana, permanece atenta a lo que pueda requerir el cada vez más selecto y numeroso grupo de invitados de un evento que se levantó de la postración en que estuvo sumido en los años noventa o a los pormenores de una programación intensa y de logística compleja; en la tarde presenta con suficiencia la película colombiana Porfirio y lleva de la mano a su director Alejandro Landes, cubriéndolo de sentidos elogios, y en la noche se viste de gala para presidir un tributo a la actriz y modelo Isabella Rossellini.

Es 2012, el año de la 52º edición del Festival de Cine de Cartagena, y el segundo de Monika Wagenberg como su directora. Con igual desenvoltura, Wagenberg mantiene a raya el esnobismo de los cinéfilos, los caprichos de las élites cartageneras, la ansiedad de los gestores culturales y los arranques de divos y divas de mayor o menor calado, sin los cuales un festival no tendría lustre, ni flashes, ni plata para llevarse a cabo.

Antes de asumir la asesoría artística y después la dirección del Festival de Cine de Cartagena, pocos en Colombia sabían de ella. Unos cuantos enterados conocían sus andares en Cinema Tropical, una distribuidora de cine latinoamericano en Estados Unidos que aprovechó la ecuación precisa de tiempo y lugar: “Fue visionaria al darse cuenta, muy anticipadamente, de que el renacimiento del cine latinoamericano coincidía con ese cambio en el posicionamiento económico, social y sobre todo cultural de los latinos en Estados Unidos; fue el momento en que empezamos a ser vistos no tan solo como fuerza laboral, sino también como proveedores de cultura y entretenimiento a niveles más masivos”, dice Diana Vargas, caleña, directora del Havana Film Festival de Nueva York y amiga de Wagenberg.

¿Cómo esta colombiana de una familia judía que salió del país en los años noventa recorrió ese camino de ida y vuelta entre Colombia y los Estados Unidos? ¿Cómo esta mujer que trabajó en la banca de inversión en pleno corazón financiero del mundo se dio cuenta un día de que lo que le gustaba era ver películas y pudo hacer de su gusto un trabajo?

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