Revista Diners
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Los libros pueden ser refugio, denuncia o territorio de preguntas difíciles. En estas tres obras recientes, la literatura explora la obsesión por la lectura, la reconstrucción de una voz después de la violencia y la posibilidad de entender la familia desde el afecto y no desde la semejanza. Desde la intriga literaria de Carlos María Domínguez hasta el testimonio de Gisèle Pelicot y el universo visual creado por Juan Senís y Carmen Segovia, estas páginas invitan a mirar el mundo desde perspectivas profundamente humanas.
La Casa de Papel
Carlos María Domínguez
Periférica, 2025

La novela empieza con acción: en el primer párrafo, Bluma Lennon compra un libro de Emily Dickinson y muere atropellada porque lo está leyendo mientras cruza la calle. Desde el comienzo, Domínguez deja claro que los libros no viven aparte del mundo material, sino que conviven con los carros, el polvo y el cemento. Están en las casas, en las universidades y en el espacio público haciendo algo. Tras la muerte de Lennon, a un colega argentino le toca remplazarla en Cambridge. Es el narrador de la historia.
Cuando está en la oficina de ella, recibe un sobre que le habían enviado desde Uruguay con un ejemplar de La línea de sombra, de Joseph Conrad, cubierto de cemento. El paquete era para ella. Ha llegado muy tarde. Y es un objeto extraño que pone al narrador a actuar como detective. Lo que sigue es una búsqueda que se transforma en un viaje, una novela de cuatro capítulos, breve, precisa, en la que el misterio sirve para entrar en el mundo de los lectores obsesivos.
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Un himno a la vida: mi historia
Gisèle Pelicot
Lumen, 2026

Sabemos de esta violencia extrema antes de leer la versión de la víctima: no conozco a nadie que no se hubiera enterado de lo que tuvo que vivir Gisèle Pelicot en su casa de Mazan. En este libro, aunque no se evita el relato de lo que ya conocemos, se está hablando de otro tema: del proceso por el cual una mujer logra verse a sí misma, reconocerse y contar su historia, la de su vida y sus decisiones.
Es decir, lo más importante de estas páginas es que la autora transforma una experiencia diseñada para borrar su voluntad en la construcción de una voz pública imposible de pasar por alto. Pelicot sostiene, o entiende, que la privacidad no siempre protege. De hecho, la intimidad de la casa, del matrimonio (o de los juicios a puerta cerrada), aparece aquí como el espacio en el que el abuso no se resuelve. A oscuras, el abuso se repite durante mucho tiempo sin testigos. Abrir el proceso judicial y escribir un libro son formas de dejar de estar sola.
Hay cosas
Juan Senís y Carmen Segovia
A buen paso, 2025

Este es un libro-álbum sobre qué significa pertenecer. La frase que se desarrolla a partir del título —“Hay cosas que no se parecen”— sustituye esa expectativa tan arraigada (y aburrida) en las historias que los niños suelen ver en los libros: la idea de que la familia debe reconocerse por similitud física, por continuidad biológica. Pero la gran fuerza de este proyecto está en las ilustraciones de Carmen Segovia.
Las escenas están construidas con planos cromáticos intensos: rosados eléctricos, verdes profundos o amarillos muy amarillos, imposibles de ignorar. El color organiza la lectura, dirige la atención y construye climas emocionales. Hay páginas en las que una escena doméstica se vuelve casi abstracta, sin perder claridad narrativa. Un conejo, un cocodrilo, un perro y una niña-unicornio conviven en el mismo universo visual con absoluta naturalidad y permiten hablar de diferencia sin fijarla en categorías rígidas. Para pertenecer a una familia, hay que quererse.


