Hugo o Chaparro, amante excepcional del cine, pero con un carĆ”cter lejano a la agresividad requerida para la realización cinematogrĆ”fica, logra en esta novela una de las ilusiones de su vida: hacer un falso documental, con un sólido planteamiento lĆŗdico. Sus cimientos son un juego: el kahla. Los protagonistas āliberarĆ”nā una obra de arte robada por los nazis (una habitación de Ć”mbar) repartiĆ©ndola en varios sitios como sucede con las piezas de este juego.
El narrador nos explica de quĆ© se trata el kahla: āEl jugador que mueva sus semillas segĆŗn el ritmo de su corazón comprenderĆ” que el verdadero premio del kahla es conocer y atesorar las ventajas de la pacienciaā. La dinĆ”mica de estas semillas (las fi chas del kahla) nos hablan de un juego en oposición espiritual al Monopolio y de una belleza mĆstica que tiene por objeto el desprendimiento.
Lo demĆ”s tambiĆ©n es un juego. La estructura argumental de la novela es un rompecabezas: a partir de una foto que sirve de pista, el autor va entregando pequeƱas historias para construir la historia total. Por Ćŗltimo, la tonalidad musical de āEl museo itineranteā es un ajedrez: un ajedrez es la pieza central de la habitación de Ć”mbar que plantearĆ”, como en los buenos temas de jazz, la reiteración que le darĆ” sentido al estilo del narrador. De este modo, las piezas del rompecabezas se van armando con el mismo gusto y rigurosidad con que fueron encontradas. La novela de Hugo Chaparro es un juego en el que participan los personajes y el lector. La foto que servirĆ” de guĆa para armar el rompecabezas la entrega el narrador al principio del libro. En ella, un grupo variopinto de personas posan frente al Palacio de Versalles, convocados por la seƱorita Schaff para rescatar la habitación de Ć”mbar. Hugo Chaparro nos irĆ” revelando la identidad de cada uno de estos personajes de distintas nacionalidades y las rutas del azar, parecidas a las de las semillas del kahla, que los reĆŗnen en esa fotografĆa, que es apenas una de las muchas imĆ”genes que nos entrega la novela como prueba de la honestidad de la ficción.
ConĀ El museo itinerante de la seƱorita Schaff, Hugo Chaparro enriquece de manera generosa un panorama refrescante de autores y editoriales colombianas. Obras que buscan y encuentran nuevamente el placer de narrar historias sin compromisos con la retórica periodĆstica tan machacada en las letras colombianas y con un profundo desprecio por el estilo āmade in Colombiaā de mariposas amarillas y/o sicarios. La novela de Chaparro apuesta, en cambio, por el gusto de fabular con seriedad. Literalmente la misma seriedad del niƱo que juega titĆ”nicas batallas, la misma del adulto que juega al ajedrez.
Consejo: si le da curiosidad y quiere aprender a jugar el kahla, hay aplicaciones para dispositivos móviles. El consejo es que se mantengan alejados del jueguito. Es altamente adictivo.
LAS AVENTURAS DEL BUEN SOLDADO SVEJK
JAROSLAV HASEK
EDITORIAL: GALAXIA GUTENBERG
PĆGINAS: 730
El mejor libro sobre la Primera Guerra Mundial (y sobre cualquier guerra) es sin dudaĀ Las aventuras del buen soldado Svejk. Y no por la fi nalidad mezquina de aprender la historia entre 1914 y 1918 leyendo una novela para que sea mĆ”s fĆ”cil, sino por el gusto de poderse reĆr de la estupidez profunda que se esconde detrĆ”s de las decisiones que llevan a que millones de personas se quieran matar. ĀæQuiĆ©n mejor para la tarea de poner en evidencia a las instituciones bĆ©licas que un soldado idiota? Heredera ilustre de la tradición quijotesca, el ātontoā soldado Svejk tendrĆ” deliciosas aventuras soltando perlas como estas: āSi todo el mundo tuviera buenas intenciones, pronto los hombres se matarĆan unos a otrosā.
LA FĆRMULA PREFERIDA DEL PROFESOR
YOKO OGAWA
EDITORIAL: FUNAMBULISTA
PĆGINAS: 300
Imaginemos por un momento una novela para público amplio como La elegancia del erizo, El niño del pijama a rayas o El curioso incidente del perro a media noche. Me refi ero a una novela fÔcil de leer con un personaje central vulnerable, pero que tiene una cualidad extraordinaria, personaje que debe inmolarse al final para que su tragedia les sirva de catarsis a los demÔs personajes y al
lector de modo que todos queden con un sentimiento de profunda consideración con el gĆ©nero humano. Imaginemos esta novela, pero mucho mejor. Una novela que logre todo esto, pero sin que se noten sus costuras, sin que se note la impaciencia del autor por lograr el efecto. Una novela asĆ, pero sin truculentas peripecias que le hagan perder la dignidad. En donde lo Ćŗnico extraordinario sean sus personajes. Esta novela ya estĆ” escrita y se llamaĀ La fórmula preferida del profesor.Ā Esta novela hace Ć©nfasis en la necesidad humana de la belleza. En este caso, la belleza del lenguaje numĆ©rico. Una empleada de servicio conoce a un matemĆ”tico con un problema de memoria de corto plazo. El profesor le darĆ” un nuevo sentido a su vida y a la de su hijo de diez aƱos