Juvenal Ravelo tiene 88 años, pero se siente en la flor de la vida. Sus palabras son certeras y su plan desde hace más de 60 años es hacer del mundo una gran obra de arte a través de las figuras geométricas. Su obsesión por los cuadrados y los rectángulos lo han llevado a convertirse en el padre de un mundo artístico en el que combina relieves, juego de luces y colores.
Esto lo ha hecho merecedor de la Medalla del Ciudadano de Honor de Marcigny en Francia; una mención honorífica en la Exposición de Arte del Cariba en Nueva York y el premio nacional del III Festival Internacional de Arte de Cagnes Sur-Mer.
Actualmente Ravelo ha desarrollado propuestas artísticas que se fusionan con la arquitectura de las calles de Venezuela, como su mural a cielo abierto de 2.400 metros a lo largo de la Av. Libertador de Caracas, además de dos murales realizados en Francia, La Habana y próximamente en Estambul, lugares donde ha tenido gran acogida entre la crítica y los ciudadanos, pues su arte impulsa una transformación social.

En esta ocasión el artista venezolano llegó a Bogotá para presentar Módulos Cromáticos, una selección de obras inéditas especialmente montadas para apreciar la técnica del pintor para fragmentar la luz, los espejos de colores y los efectos ópticos que se obtienen al caminar alrededor de la obra. La exposición está acompañada por Effa y Arraiz, dos jóvenes artistas aprendices de Ravelo con la línea del cinetismo, además de una exposición especial de Omar Rayo, el exponente del arte óptico colombiano.
La exposición en conjunto estará disponible hasta el 20 de marzo en el Museo Casa Grau (Calle 94 No. 7-48) con entrada gratuita. Entre tanto, lea la entrevista que Diners tuvo con el maestro Juvenal Ravelo sobre su carrera artística, su percepción del mundo como artista y lo que le depara en el futuro.
¿Cuál es su primer recuerdo con el mundo del arte?
Cuando empecé a pintar lo hice con mi padre y recuerdo que lo primero que plasmé fue un Francisco de Miranda en la Carraca. Lo copié de un pintor venezolano llamado Arturo Michelena (1896). Tuve muchos aplausos en la escuela porque era un cuadro grande en óleo. Ese es de mis mejores recuerdos cuando empecé a tomar los pinceles.
¿Qué sentimientos tiene cuando pinta?
Ese es un don de la naturaleza humana y yo sentía diversas sensaciones de felicidad. Quería estar todo el tiempo pintando y dibujando, eso produjo que me fuera a Caracas a estudiar en la Escuela de Bellas Artes.
Cuando veía el periódico y hablaban de un artista, me daba una emoción muy grande, una emoción inexplicable y eso produjo mi viaje por el mundo del arte y la pintura.
¿Cuál es el secreto para mantenerse vigente?
El trabajo diario, porque en nuestro mundo del arte tiene diferentes aspectos cercanos como la bohemia, que si uno se deja arrastrar por esto pierde el rumbo del camino. En este nuevo milenio, ya uno tiene que dotarse e interpretar los cambios en el desarrollo tecnológico y humanístico. Por eso el arte, ya no es lo que era antes, ahora nos enfrentamos a nuevas formas distintas como el arte figurativo, el cubismo, lo abstracto.
Ahora se necesita estudiar constantemente, porque primero hay que entender cómo sale la geometría de las matemáticas, para luego darle la vuelta desde la visión plástica.
¿De qué se alimenta su arte?
Se alimenta de la visión diaria en la ciudad, en el campo, en las praderas. A uno lo va persiguiendo el color, por ejemplo, mi periodo en París me salieron cuadros grises y negros con poco color porque en la ciudad de las luces apenas se asoma el sol. Todo eso influye en la percepción diaria y ver lo que ocurre alrededor.
¿Cómo explica su intensa actividad en estos días?
En estos días estoy en Bogotá como invitado de la galería Clever de Santiago de Chile, que dirige Mauricio Ceballos, donde estoy trabajando con computadoras para la realización de mis obras.
¿Cuáles son esas novedades que trae esta exposición en Bogotá?
Es la presentación de mi mundo cromático, se basa en la fragmentación de la luz y el color. Son las obras que están presentes en la exposición en donde el espectador debe desplazarse a lo largo de la galería para ver el efecto reflectante que se da con los elementos en relieve más el color.
¿Cómo son sus días de trabajo?
Me la paso trabajando todos los días. Mi año empezó curiosamente en Colombia, en ese sentido estoy muy contento con lo que estamos haciendo porque tengo un equipo extraordinario.
¿Cuál cree que es esa gran temática que siempre está presente en sus obras?
Las formas geométricas, sin duda alguna. Es la base de esa propuesta sinéctica, lo único que no tomo son las formas redondas, pero sí todo los elementos geométricos cuadrados, los cuales voy metabolizando con la parte creativa.
En medio de este mundo de formas geométricas, ¿qué asuntos del mundo contemporáneo le preocupan?
Todo está relacionado con el color y la luz, estas dos componen mi mundo sinéctico en relación a otros artistas que cada quien tiene su estilo. Me interesa fraccionar el color y la luz siempre.
Y el mundo de la tecnología me sorprende, me parece prodigioso porque me facilita la realización de las obras, acorta el tiempo, un factor que estaba detenido en el siglo XIX, hasta que aparece Einstein con la teoría de la relatividad, él demostró que no existen absolutos, todo es relativo. Entonces si ayer pasé más de seis meses en un cuadro, ahora me gastó un fin de semana.
¿Cree que ya alcanzó su madurez artística o desea explorar otras facetas artísticas?
Yo continúo. Siento que aún puedo encontrar más cosas todavía, hasta donde me alcance la fuerza y me lo permita la vida.
¿Pinta con igual o mayor entusiasmo que cuando empezó en el mundo del arte?
Es la misma pasión, igual. Y el secreto está en el trabajo diario y la misma motivación de expresión. Si no estuviera haciendo nada sería infeliz, porque los pintores nunca se jubilan.
¿Qué se siente crecer en un mundo que no estaba interesadamente masivamente en el arte como ahora?
Se siente uno con la satisfacción de haber aportado un granito de arena a la historia del arte en Latinoamérica. También se trata de tenderle la mano a los artistas jóvenes, como sucede en nuestra exposición en Bogotá, donde hay dos artistas jóvenes del continente. No me gusta el egoísmo del artista porque me gusta compartir mi mundo con los demás, porque así se construye un ejército de pensadores creativos.


