Folías Antiguas y Criollas. Foto: Andrés Londoño/Festival Internacional de Música de Cartagena
Foto: Festival Internacional de Música de Cartagena
enero 12, 2016
Cultura Música y Teatro

Jordi Savall en Cartagena: entre el viejo y el Nuevo Mundo

De todo lo que pasó con este choque de culturas, quizás la música es lo que salva a los españoles de lo que hicieron.
POR:
Carolina Conti

Esto es lo que piensa Jordi Savall, una de las estrellas de la X edición del Cartagena Festival Internacional de Música. Intérprete de la viola da gamba y creador y director de diversos ensambles, Savall es un referente en la música antigua. A lo largo de muchos años ha consolidado una carrera que se caracteriza por la calidad musical y por una exhaustiva investigación histórica, aspectos que dan un carácter especial a cada uno de sus proyectos.

Savall trajo cuatro conciertos al Cartagena Festival Internacional de Música que en su décima edición, Hacia tierra firme, gira en torno a las músicas del viejo y el nuevo mundo. Estos concierto tiene que ver con el descubrimiento de América, la conquista, la esclavitud y la evangelización, momentos que tuvieron su propia música. A través de ese repertorio, el músico catalán ha contado la historia de otra manera.

Cristóbal Colón Paraísos Perdidos fue el concierto que inauguró en Festival en el Teatro Adolfo Mejía. Aquí contó con la participación del conjunto Hesperion XXI y miembros de la Capella Reial de Catalunya. Para este espectáculo, Savall, con la dramaturgia de Manuel Forcano, escogió textos históricos que se alternan con músicas árabo-andaluzas, judías y cristianas de la Antigua Hesperia que datan del periodo previo al descubrimiento del Nuevo Mundo.

El espectáculo nace, como explica Savall, de la combinación de fuentes históricas, literarias y musicales de una época de cambios y transformaciones. La época corresponde a la vida de Colón y a lo largo del concierto se habla de su nacimiento, su matrimonio, de los reyes católicos, la conquista de Granada, los viajes, el descubrimiento de América y de Moctezuma. Como todo lo que hace Savall, es una creación muy profunda, documentada juiciosamente en la historia, con textos magníficos y música maravillosa, interpretada impecablemente. Sin embargo esa misma profundidad hace que el espectáculo sea hermético en ocasiones, más aún cuando los documentos citados, fieles a la historia, se leen en los lenguajes originales que además del castellano son latín, árabe, arameo, náhualt y hebreo, que no siempre están traducidos, y cuando lo están aparecen con subtítulos en inglés.

Más cercano al público fue el segundo concierto Folías antiguas y criollas. Aquí, junto con miembros de Hesperion XXI y del conjunto mexicano de música popular Tembembe, Savall demostró las innumerables cosas que tienen en común el repertorio europeo con las músicas populares latinoamericanas. Cómo la música tradicional llanera, huasteca o mestiza hace referencia a formas y temas europeos. El escenario fue el patio del convento de La Popa que no podía ser mejor para escuchar estas piezas y apreciar los bailes tradicionales que hacían parte del espectáculo.

La ruta de los esclavos es el nombre del tercer concierto, sin duda el más emocionante de los 4 programas. A través de músicas provenientes de Europa, África y América y con la lectura de documentos históricos, se cuenta la escalofriante historia de la esclavitud desde la perspectiva de las víctimas. Este montaje fue un encargo que la UNICEF hizo al músico y que solo se había presentado una vez en Ginebra, Suiza.

El sentido que cobra al ser interpretado en Cartagena es enorme y apabullante. Savall considera que el dolor de los esclavos, la nostalgia de sus tierras y de la libertad encuentra su expresión más humana y hermosa la música. Los cantos, danzas y lamentos que trajeron como único tesoro los esclavos africanos luego tomaron elementos cristianos y locales que dieron como resultado una serie de piezas mestizas muy interesantes musicalmente. El escenario lo compartieron La Capella músicos procedentes de España, México, Venezuela, Brasil, Argentina, Madagascar y Malí. Además de músicas diferentes, conmovedoras, alegres, llamó la atención el uso de instrumentos exóticos para estas latitudes como el oud, la kora o la valiha, así como las voces africanas llenas de vida y nostalgia.

Para completar el ciclo, el último concierto Cashuas y Bayles del Códice de Trujillo, (parte de la Serie Oro Davivienda) mostró la riqueza musical del siglo XVIII en el Perú que se conoce gracias a la recopilación de obras que hizo el sacerdote español Baltasar Jaime Martínez Compañón en un valiosísimo códice que recoge también información sobre la vida, la geografía, las costumbres y la cultura del país. Estas danzas populares, cantos de diversos temas y formas, dieron una dimensión universal a nuestra música tradicional.

A su paso por Cartagena, Jordi Savall descubrió la riqueza musical de América y España y dejó también profundas reflexiones que siguen siendo vigentes en estos tiempos.

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