Revista Diners
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El mismo director de comedias como El Paseo, Mi gente linda, mi gente bella o De Rolling por Colombia llega a las salas de cine con Lactar. Un largometraje protagonizado por María Helena Döering, Diego Trujillo y Julián Díaz que cuenta la historia de Victoria, una mujer de clase alta, esposa y madre de ocho hijos que a los 62 años queda embarazada.
Esa es la trama de Lactar, la nueva película de Harold Trompetero. Un melodrama en forma y fondo producido en tiempo récord y rodado entre Bogotá y La Calera que, como el mismo Trompetero lo indica, es una «deuda» con el cine nacional.
Victoria, que todavía vive, no es solo un personaje de ficción. Está inspirada en una mujer que trabajó en la casa del director, quien sin necesidad económica llevaba una doble vida para llenar vacíos. Aparte de limpiar casas, vendía minutos de celular y cuidaba niños, pero siempre regresaba a su realidad llena de privilegios pero a la vez de carencias. Esta historia se quedó en la mente del director por décadas y tomó forma primero como una novela. Ahora llega a los cines colombianos buscando implantar en los espectadores la misma pregunta que se hace su protagonista: ¿Qué hacer con la vida?
Conversamos con Trompetero sobre el camino de regreso al drama, el reto de movilizar espectadores a ver cine colombiano, distinguir el humor del bullying y el gran reto de hablar de la experiencia femenina con la distancia biológica de por medio.
Esta es la entrevista completa.
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‘Lactar’ es un libro que usted mismo escribió y ahora es una película. ¿Cuál fue la semilla de las dos obras?
La semilla parte de una historia real. Yo tenía una señora que me ayudaba en mi casa cuando vivía en Bogotá. Venía cuando ella quería, literalmente, y me hacía el oficio. Pero era una señora que no necesitaba trabajar y yo decía: «Esta señora tan rara». Ella se llama Victoria y un día le pregunté por qué hacía lo que hacía si no tenía necesidad y me dijo: «Es que yo vengo acá donde usted, veo gente, escucho sus historias y me divierto en vez de estar en mi casa o ir al club».
Entonces, a partir de esa historia pensé: «¿Qué pasaría si esta señora se mete en una locura y termina teniendo un hijo?» Lo primero que se me ocurrió fue hacer un guion de cine y, paradójicamente, los guiones que yo hago los hago muy rápido y encuentro la financiación muy rápido y esta película no se daba. Fue un proceso casi de 10, 12 años en donde yo escribía versiones. En ese trayecto puede haber hecho 10 películas. Entonces un día dije: «Tengo que sacar esto por algún lado, voy a escribir una novela». Me senté a escribir después de haber escrito como 30 versiones de guion y la primera frase que se me vino fue «qué hacer con la vida», y ahí entendí la historia de verdad.
El libro salió en la Feria del Libro del año pasado, la película se filmó en enero y se está estrenando en mayo.
Mencionó que sus anteriores películas habían sido fáciles de lograr. ¿Por qué esta no?
Lactar es un punto de quiebre en muchos sentidos. Yo he hecho películas populares, sin que Lactar deje de serlo. Lo que pasa es que las otras películas eran dentro de un lenguaje y una estructura muchísimo más naif, más predecible.
Mi búsqueda siempre ha sido un diálogo con el espectador, y Lactar ha sido encontrar esa forma de adaptarse a las nuevas formas de percibir que tiene el público colombiano. El público colombiano cambió rotundamente y eso es algo que nos ha costado muchísimo a los directores y a los productores asimilar. Este público estuvo expuesto durante un periodo muy largo, durante la pandemia y pospandemia, a insumos audiovisuales de un nivel totalmente distinto a través de las plataformas y las redes sociales. El alfabetismo audiovisual que tiene hoy la audiencia es mucho superior al que teníamos hace 10, 12 o hasta 5 años atrás. Y se ha alejado muchísimo de la narrativa televisiva. Entonces Lactar me costó muchísimo por ese mismo proceso.

Las cifras de asistencia de cine colombiano a salas van cayendo año tras año y usted ha hecho películas muy exitosas comercialmente. Ahora con ‘Lactar’, ¿Le preocupa la taquilla?
Pues realmente esta es una apuesta para reconquistar la taquilla. Yo creo que ese detrimento de la taquilla es resultado de la repetición de ese cine casi que empaquetado dentro de una fórmula de un humor básico. Y mi apuesta es recuperar la comunión con el espectador que está ávido de otro tipo de productos audiovisuales. Un poeta es un ejemplo de eso. Películas como El otro hijo, Malta, Adiós al amigo han demostrado que el público está ávido por otras narrativas, y creo que ese es el camino que requiere hoy nuestra audiencia para entrar en una conexión con ellos.
Ahora, yo creo que el problema del humor en Colombia es que no sabemos hacer humor. Confundimos el humor con el bullying. Burlarse del otro, meterle en la llaga, acoger a alguien que tiene un defecto o tiene una característica y arañar en torno a esa característica y sangrarlo, y el público está totalmente cansado de eso.
Y las críticas ¿Cómo las lleva?
Yo ya tengo cuero con eso. Me gusta escuchar las críticas buenas y malas, de todas aprendo. También soy muy sordo y voy en la contravía de todo. O sea, yo soy un outsider dentro de los outsiders. No estoy con los de arte y los comerciales dicen: «¿Este man cómo hace estas películas?» Pero mi objetivo es no perder nunca mi autenticidad, así me lleve a hacer películas súper populares.

Eres director de cine pero antes de eso eres un hombre. ¿Cómo fue el acercamiento a la maternidad teniendo en cuenta todas las distancias, en especial, la biológica?
Ese era un pero que se veía siempre en la película: cómo un hombre se acerca a este tema. Primero tocó investigar muchísimo, sentarme con muchísimas mujeres. Y hay una vaina, y es que socialmente estamos en un momento donde aún estamos muy primarios en el tema de los géneros. Eso es eco de que vivimos en una sociedad polarizada. Y el siguiente paso al que va la humanidad es entender que somos el género humano y que en cada ser humano hay latencias femeninas y masculinas.
Hubo mujeres adultas mayores que se sentaron conmigo a leer línea por línea el guion y a darme comentarios. María Elena me decía: «Harold, lo que más me sorprende es el entendimiento de lo femenino que usted tiene». Y yo le decía: «No es el entendimiento, sino que entramos en un diálogo para descubrir lo femenino que hay en todos nosotros».
¿Qué papel interpreta el color rojo en esta película?
Fue una propuesta del director de arte Luis Vargas y el director de fotografía Óscar Jiménez. Yo quería hacer una película muy audiovisual, planteada a la narrativa de hoy en día, de las redes sociales y TikTok, haciéndolo sensacional. Y el director de arte me propuso totalmente lo contrario.
Creo que el mayor hallazgo fue utilizar unos lentes anamórficos que dan una belleza a los paisajes y hacen ver al personaje muy pequeño y muy solo. Era como ver a ese ser féminus andando en esta soledad tremenda. Fue un acierto conceptual muy grande no haberla hecho como se planteaba inicialmente.

En el elenco de ‘LACTAR’ están María Helena Döering, Diego Trujillo, Julián Díaz pero también hay caras nuevas. ¿Cómo fue dirigir actores y actrices nuevos y consagrados al tiempo?
Eso fue un lío grandísimo porque el libro tuvo muchísimo éxito. Entonces, el primer impulso cuando fuimos a hacer la película fue hacer la traducción literal del libro. Y llegó un momento donde tanto el director de arte como el director de fotografía me plantearon que la película fuera una cosa totalmente distinta.
En el libro ella tiene solo tres hijos; en la película es un grupo de hijos muy grande que se vuelve como un coro griego. Hacer ese casting fue súper complejo: conseguir esos ocho hijos. Producción me decía que estaba loco, todo el mundo me decía que era un desgaste. El jefe de casting me ayudó muchísimo y me trajo actores muy noveles en el sentido de que no son tan reconocidos, pero con un gran valor actoral. Fue una maravilla hallar esa lógica dentro de esa familia numerosa.
¿Por qué los mataste a todos?
Lo primero que yo tuve claro de esta historia fue el final. Y para llegar a ese final no podía quedar nadie. Eso me lo han cuestionado, pero creo que es lo que le da muchísimo valor a la película, porque nadie se espera que pase lo que pasa en ningún sentido. Nadie espera que pase lo que pasa con Camilo, nadie espera que pase lo que pasa con María Elena y mucho menos esperan lo que pasa con Diego. Entonces, una película deja huella cuando uno no puede predecir qué va a pasar al final. Y de lo que me doy cuenta es de que está dejando huella.
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