Foto: Cortesía: Disney+
octubre 16, 2026
Cine y TV

The Shards, la serie de Disney+ que mezcla adolescencia, deseo y un asesino serial en los años ochenta

Nina Jacobson y Brad Simpson, productores ejecutivos de la serie, conversaron con Diners sobre la adaptación, la construcción de Bret, el terror de ser observado y el universo creado en los años 80.
POR:
Mateo Bonilla Moreno
Revista Diners
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Cuando Bret Easton Ellis planteó el escenario de The Shards, situó la historia en Los Ángeles de 1981, entre adolescentes privilegiados, fiestas interminables y el miedo que despierta un asesino serial. Ahora, esa novela bestseller llega a la televisión con una adaptación disponible en Disney+, bajo la producción ejecutiva de Ryan Murphy. La serie sigue a Bret, un estudiante de secundaria que aspira a convertirse en escritor y cuya vida cambia con la llegada de Robert Mallory, un compañero enigmático que despierta sus sospechas justo cuando el llamado The Trawler comienza a aterrorizar a la ciudad.

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La historia se mueve entre las relaciones de Bret con Susan, Debbie y Thom, las rivalidades de su círculo social y las dudas que despierta Robert. En ese entorno de privilegios, las apariencias empiezan a perder estabilidad a medida que el protagonista intenta entender qué ocurre a su alrededor y cuánto puede confiar en quienes conoce. Llevar ese relato a la pantalla implica trasladar una historia en la que el suspenso criminal convive con la percepción de un adolescente que aspira a ser escritor y observa cómo su mundo empieza a cambiar.

La adaptación reúne a Nina Jacobson y Brad Simpson, dos productores que han participado en proyectos de gran alcance para el cine y la televisión. Desde Color Force, la compañía que fundó Jacobson, se han desarrollado la franquicia Los juegos del hambre y series como American Crime Story y Pose; Simpson, por su parte, ha estado detrás de películas como Guerra mundial Z, Locamente millonarios y Regresa a mí. En conversación exclusiva con Diners, ambos profundizan en el proceso de llevar The Shards a la pantalla, el trabajo con el universo narrativo de Bret Easton Ellis y los desafíos de adaptar una novela en la que el suspenso depende tanto de los hechos como de las sospechas de su protagonista.

En una serie como The Shards, gran parte de la tensión surge de estar dentro de la mente de Bret. ¿Cuál fue el mayor desafío al llevar esa perspectiva tan subjetiva a la pantalla sin explicar demasiado lo que está pensando?

Nina Jacobson: Brad y yo hemos trabajado en bastantes películas, especialmente en películas que utilizan voz en off, y sabemos muy bien lo difícil que es encontrar ese equilibrio. Muchas veces, sobre todo cuando se trata de una adaptación, intentamos obligarnos a contar la historia sin recurrir a la voz en off, incluso cuando sentimos la tentación de hacerlo.

Pero en un libro como este, al final depende de uno dramatizar las emociones y los momentos, sin tomar el atajo de decirle al público: «Esto es lo que estoy pensando». En este caso, sin embargo, es evidente que la voz de Bret y su narración son absolutamente esenciales. En el centro del libro están su relato, su manera de contar la historia y su perspectiva. Las dudas sobre qué tan confiable es como narrador son uno de los grandes placeres de la novela.

The shards and bret easton ellis' trawler, explained
La llegada de Robert Mallory coincide con la aparición de The Trawler, un asesino serial que tiene como objetivo a adolescentes de Los Ángeles en 1981. Crédito: Disney+.

Esos momentos en los que uno se pregunta si puede confiar en él o no están entre mis partes favoritas del libro. Por eso sentimos que teníamos que mantener viva la voz en off. El reto era conseguir que el público se concentrara en la historia, especialmente en una época en la que la gente mira varias pantallas al mismo tiempo: ve algo mientras revisa el teléfono. Queríamos que se involucrara en las relaciones entre los personajes y se diera el tiempo de escuchar la perspectiva de Bret, para que pudiera contrastar su versión de los hechos con lo que cree que está sucediendo realmente.

Ese ha sido el ejercicio de equilibrio. Uno de los grandes desafíos consistía en darle al público suficiente narración para conservar la esencia del libro, pero no tanta como para ralentizar la historia o dificultar la conexión con los demás personajes, que no tienen la posibilidad de contarle al espectador lo que están pensando.

Bret es un protagonista bastante inusual. Observa, registra, sospecha, pero no necesariamente controla lo que sucede a su alrededor. ¿Qué les interesaba de construir un personaje cuya principal herramienta es su capacidad de observar, más que de actuar?

Brad Simpson: Él es un observador y, en el libro, su papel es precisamente ese. En la serie, sin embargo, decidimos darle más iniciativa, quizá de una manera más rápida de lo que ocurre en la novela. Allí tiene algunos enfrentamientos, pero para la adaptación necesitábamos convertirlo en un personaje más activo.

A partir del tercer episodio, cuando empieza a sospechar que Robert quizá no es quien aparenta ser, hacemos que Bret tome la iniciativa. Lo llevamos a enfrentarse con él de una manera mucho más directa y a intentar actuar a lo largo de la historia. Se convierte en alguien que busca desenmascararlo; incluso lo vemos ir a la estación de policía para denunciarlo. Así que, aunque en el libro es un observador absoluto, alguien que comenta lo que sucede, en la serie buscamos que pasara de esa posición más pasiva a una mucho más activa.

Espero que eso se note. También añadimos más elementos a la trama de los que aparecían en el libro en ese punto de la historia.

La serie transcurre en 1981, pero los años ochenta no parecen estar ahí únicamente por nostalgia. ¿Qué pudieron explorar sobre estos adolescentes gracias a que la historia ocurre antes de internet, los celulares y las redes sociales?

Brad Simpson: A comienzos de este año hicimos una serie llamada Love Story, sobre JFK Jr. y Carolyn Bessette. Parte del atractivo de esa producción fue que quienes tienen edad suficiente para recordar los años noventa podían verla con nostalgia. Pero también tuvimos muchos espectadores jóvenes que disfrutaron la serie y sintieron una especie de nostalgia por una época que no vivieron: un tiempo anterior a los celulares, cuando conocías a la gente en persona, en los bares, y no sabías todo sobre alguien antes de conocerlo; cuando todavía había misterio y se podía fumar en los bares. Todo eso conectó mucho con el público joven, y esperamos conseguir algo parecido con esta serie.

Era una generación con menos supervisión de sus padres que la actual. Nina y yo crecimos en esa época. Había momentos en los que no sabías dónde estaban tus padres y ellos tampoco sabían dónde estabas tú. Salías de casa sin que nadie tuviera idea de dónde ibas a terminar. Los jóvenes tenían mucha más libertad y, además, estaban obligados a conversar cara a cara. Cuando llegaba alguien nuevo a la ciudad, no sabías todo sobre esa persona de antemano. Había algo atractivo en eso porque permitía contar historias de una manera más tradicional.

También creo que mucha gente añora esa época, incluso si no llegó a vivirla. Quienes crecimos entonces podemos mirar atrás y decir que había cosas mejores. Pero los jóvenes de hoy, que están conectados todo el tiempo, ven estas series y piensan: «Dios, ¿no sería maravilloso poder desconectarse del mundo?». Para nosotros, eso ya es imposible.

En numerosas historias ficticias sobre asesinos seriales este termina convirtiéndose en el principal objeto de fascinación. En The Shards parece igual de importante, quizá incluso más, observar lo que la posibilidad de que haya un asesino provoca en los demás. ¿Era importante evitar que el asesino se convirtiera en una figura demasiado idealizada?

Nina Jacobson: Creo que, desde el principio, una de las cosas que conversamos sobre el libro fue la idea de que The Trawler podía funcionar como una metáfora del sida y de la epidemia que lo rodeó: la manera en que jóvenes que estaban en la plenitud de sus vidas simplemente desaparecían. Un día estaban ahí y, al siguiente, esa persona ya no estaba.

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Bret es un estudiante de un colegio privado que aspira a convertirse en escritor y comienza a sospechar de Robert mientras intenta entender la amenaza que rodea a su círculo de amigos. Crédito: Disney+.

Vivir con esa certeza de que, en cualquier momento, podían llevarte a ti o a uno de tus amigos hacía que nadie se sintiera a salvo. Creo que ese temor constante, esa sensación de que algo terrible se cierne sobre todos, es más importante para la historia incluso que la identidad del asesino. Es el miedo y su impacto: cómo cambia tu vida convivir con esa amenaza, cómo acaba con tu inocencia y te lleva a sospechar de todo el mundo.

La historia aborda la identidad, el sexo, el deseo, los celos y la violencia, pero todo está filtrado por adolescentes que todavía no tienen la perspectiva necesaria para comprender lo que están viviendo. ¿Qué les permitió explorar esa mirada sobre la adolescencia que quizá no habría sido posible desde el punto de vista de un adulto?

Nina Jacobson: Una de las cosas que me encantan del libro es cómo recuerda esa etapa de la vida en la que tomas tantas decisiones desacertadas, tantas malas decisiones. Eso forma parte de la juventud. De hecho, creo que es algo que la gente añora: la posibilidad que teníamos de cometer errores, pasar vergüenza, fracasar, aprender algo —ojalá— y seguir adelante. Hoy, en cambio, cada error y cada defecto quedan expuestos en internet, a la vista de todo el mundo y para siempre.

Ya casi no existe ese margen para tomar decisiones impulsivas propias de la juventud que, al menos en apariencia, parecen no tener consecuencias. Estos personajes sienten que tienen una riqueza que los mantiene a salvo de ellas. Sin embargo, eso convive con algo muy evidente en el libro, sobre todo en su dimensión sexual: lo excitados que están, lo impulsivos que son, cómo se dejan llevar por sus deseos y por lo que quieren.

También está el hecho de que, cuando eres joven, tus amigos son tu mundo entero. Incluso si tus padres están más presentes que los de Bret o los de cualquiera de estos personajes, tus amigos siguen siendo tu mundo. En esa etapa de la vida, eso lo es todo.

Y este momento histórico permite explorar esa experiencia porque ocurre antes de los padres sobreprotectores, antes de la vigilancia masiva, antes de que todo el mundo supiera a cada instante qué estaba haciendo todo el mundo. Trabajar con personajes jóvenes y elegir actores jóvenes para interpretarlos resultaba esencial, porque muchas de las corrientes que atraviesan el libro dependen de esa edad. Esa juventud les da a los personajes la libertad de tomar decisiones que uno puede perdonarle a alguien joven, pero quizá no a un adulto.

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