Revista Diners
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Hay restaurantes a los que uno va a comer y otros a los que llega, sin saberlo, para recordar. Tapeo, en una casa bonita de la calle 85 de Bogotá, terminó siendo las dos cosas para mi esposa y para mí. La llevé a celebrar su cumpleaños porque durante su época de estudiante universitaria vivió un tiempo en España. Quería regalarle algo más que una comida: una tarde para volver, al menos por unas horas, a los sabores y a los recuerdos de Madrid.
Yo también tenía mis propias razones para sentarme a la mesa. Estudié en un colegio español y allí probé la que, hasta entonces, había sido la mejor tortilla española de mi vida. No era solo una cuestión de ingredientes o de técnica. Aquella tortilla quedó asociada a una época, a los recreos y a los pequeños rituales de la vida escolar. Desde entonces, encontrar una que estuviera a la altura se había convertido en una tarea difícil. En Tapeo, por fin, volví a probar una que me recordó a aquella, con el mismo nivel y esa capacidad de convertir un plato sencillo en algo memorable.
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El restaurante está en Casa República, en la avenida calle 85 # 7-74, en el sector de La Cabrera. La casa tiene mucho que ver con la experiencia. Antes de sentarse a la mesa, uno encuentra una arquitectura acogedora y una terraza bellísima que invita a quedarse un rato más. Hay algo mediterráneo en el ambiente, en la manera en que se relacionan los espacios y en esa sensación de que la comida no tiene que ser una carrera contra el reloj. Por un momento, el ruido de Bogotá parece quedar un poco más lejos.
Tapeo propone una idea familiar para quien haya recorrido los bares españoles: pedir varios platos, compartirlos y dejar que la conversación avance entre una tapa y otra. La cocina toma como punto de partida algunas preparaciones clásicas, pero no las entiende como piezas intocables. Hay técnica detrás de cada plato, aunque la intención no sea convertir la experiencia en un ejercicio solemne. Se trata, más bien, de comer bien, conversar y disfrutar.

La tortilla fue para mí la protagonista de la tarde. En España, como sucede con tantas recetas que parecen sencillas, cada persona tiene una opinión sobre cómo debe prepararse. En Tapeo encontré una versión que me devolvió a los recuerdos del colegio. Además, la cocina contempla los gustos de sus comensales: si alguien prefiere la tortilla más cocida, puede pedirla así. Es un detalle pequeño, pero habla de una cocina que conoce la tradición sin perder de vista a quien se sienta a la mesa.
La carta permite seguir ese recorrido por los sabores españoles. El pan con tomate y anchoas es una buena manera de empezar; las gildas recuerdan la importancia de los bocados pequeños, en los que cada ingrediente tiene un papel preciso. También aparecen las patatas bravas, los boquerones, los calamares y las tostadas de atún, junto con preparaciones más contundentes como los torreznos, la morcilla y el chorizo ibérico. Para quienes prefieren probar un poco de todo, la selección de charcutería ibérica y los productos asociados a la matanza amplían las posibilidades de la mesa.

En las patatas bravas, por ejemplo, la salsa rosada tiene un picante moderado, pensado para que el sabor acompañe sin imponerse. En otros platos, la cocina busca ingredientes que permitan acercarse a las referencias españolas, como el pan cristal. Son decisiones que muestran cómo Tapeo intenta construir su identidad entre dos lugares: la tradición que lo inspira y la ciudad en la que cocina.
La experiencia también se extiende a la barra. Alejandro, el jefe de coctelería, está detrás de una propuesta que acompaña bien el espíritu del lugar. Entre las opciones está el cóctel Entre Cañas, una alternativa para quienes quieren explorar algo distinto, mientras que la carta de vinos permite acompañar las tapas con un tinto o con un albariño, como Mar de Frades.
La música termina de darle carácter a la casa. En la selección aparecen canciones de Mecano, Ana Belén y Víctor Manuel, además de Hombres G y ska: sonidos que evocan otra época de la cultura popular española y que, entre plato y plato, contribuyen a la atmósfera del restaurante. No hace falta que todo remita literalmente a Madrid para que uno encuentre allí algo de su memoria.
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Ese día, sin embargo, lo más importante no fue identificar cada referencia ni comparar cada receta con las que habíamos probado antes. Fue sentarnos juntos, compartir los platos y dejar que la comida hiciera lo suyo. Mi esposa pudo revivir algunos de sus tiempos en Madrid; yo regresé, por un instante, a los años del colegio. Entre la tortilla, las tapas, la terraza y la conversación, celebramos su cumpleaños con una comida muy buena y, sobre todo, con el placer de reconocer algo propio en un lugar nuevo.
Quizás esa sea una de las virtudes de la cocina española: su capacidad para reunir a las personas alrededor de platos que se comparten sin demasiadas ceremonias. En Tapeo, esa idea encuentra un escenario propicio, en una casa bonita de Bogotá que invita a quedarse y en una carta que recorre algunos de los sabores más reconocibles de España.
Para una primera visita, empezaría por el pan con tomate y anchoas, seguiría con unas gildas, pediría la tortilla y dejaría espacio para las patatas bravas y los churros. Un Entre Cañas o una copa de vino pueden acompañar la mesa. Pero también reservaría tiempo para lo que no aparece en la carta: conversar sin afán, recordar y descubrir que, a veces, un buen plato tiene la capacidad de acercarnos a un lugar en el que ya estuvimos.
Tapeo
Casa República, avenida calle 85 # 7-74, Bogotá.
Especialidad: tapas españolas, charcutería ibérica, cócteles y vinos.
Carta: https://qr.precompro.com/?source=tapeo.precompro.com


