Viña Machado presenta La calma del volcán, su primer poemario, después de más de una década de cultivar la escritura poética en privado.
Foto: Cortesía: Penguin Random House
septiembre 10, 2026
Arte y Libros

Viña Machado: «sin quererlo, me narré a mí»

Más de 20 años escribiendo poesía en privado dieron como resultado La calma del volcán, el primer poemario de la actriz y modelo.
POR:
Mateo Bonilla Moreno
Revista Diners
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Bajo la inquietud que le expuso el periodista Yamid Amat al momento de leer los manuscritos de su prosa personal frente a que si los textos podrían resonar con alguien, la actriz Viña Machado decidió sacar del ámbito privado una escritura que había cultivado durante más de dos décadas. Con la publicación de La calma del volcán, su primer libro, la actriz trasladó aquella poesía que había sido un territorio propio, un lugar en el cual podía poner en palabras el deseo, la ausencia, el amor y las preguntas que acompañan ciertos vínculos sin pensar todavía en un lector al otro lado a un compilado de oraciones que resuenan entre cuatro capítulos nombrados por los elementos: el fuego, la tierra, el aire y el agua.

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La publicación de los proclamados fragmentos eróticos llega después de un año particularmente visible para Viña Machado, quien recibió el Premio India Catalina a Mejor Actriz de Reparto por su participación en la adaptación de Cien años de soledad; no obstante, el libro propone mirar hacia una faceta que existía mucho antes de ese reconocimiento. La actriz y modelo, que entiende su trabajo frente a las cámaras como una vocación de servicio, encontró en la escritura un refugio para hallar su voz.

Acerca de dicha versión más íntima de la esencia detrás de Viña Machado, la actriz conversó con Diners sobre esa voz que durante años escribió para sí misma y que ahora se atreve a compartir aquello que dejó sobre el papel.

Casi 23 años redactando poemas para sí misma frente a distintas experiencias. ¿Por qué publicar el poemario ahora?

Quizás ahora tengo la madurez de poder alejarme de un texto que concebía demasiado íntimo para compartir, que nunca fue pensado para compartir. En el arte tuve una pregunta hace un par de años: ¿de qué otra manera soy creativa? ¿De qué otra manera soy artista?

Viña machado: "sin quererlo, me narré a mí"
La calma del volcán está dividido en cuatro secciones inspiradas en los elementos de la naturaleza: fuego, tierra, aire y agua. Cortesía: Penguin Random House.

En la recolección de todos estos poemas encontré una voz que quería dejar de ser muda o, tal vez, que simplemente estuviera en mi cabeza.

Un poema menciona: «tantas palabras para terminar usando las mismas y encontraré nuevas maneras de narrarme», ¿cómo halla esa forma de expresión?

Quizás ese es un poema en el que explico quién soy. Siempre estoy buscando nuevas maneras de narrarme, sobretodo insisto en esa voz que nos habla. ¿Quién es esa voz que me habla dentro de la cabeza? Ha sido una gran pregunta para mí y quiero que esa voz deje de usar las mismas palabras y, también, encontrar nuevas para encontrar nuevas yo.

Uno no deja de ser uno, pero si uno encuentra nuevas formas de ser. A veces estamos supeditados. «Ya eres actriz», entonces es lo que tienes que hacer. Es parecido a cuando era modelo y preguntaban: ¿qué más vas a hacer? El paso lógico era ser actriz, no sé por qué. A mí no me pegó nunca eso. Ya no le tengo miedo a vivir, a vivir nuevas experiencias, ni a encontrarme nuevas yo en el camino, sino abrazarlas.

Ha hecho hincapié en que Viña Machado aprendió primero a crear poemas antes que actuar. ¿De qué manera se dieron esos primeros pasos?

Fue de toda la vida, ese era el refugio. Crecí en un entorno con mucho ruido, contrariado porque Santa Marta es una ciudad de mucha calma, pero tengo dos hermanos mayores y tengo dos hermanas menores y al ser la del medio había ruido.

Viña machado: "sin quererlo, me narré a mí"
En su páginas, el libro cuenta con ilustraciones de Little Calpurnia. Cortesía: Penguin Random House.

Aislarme siempre ha sido —hoy ya le llaman disociarse y me encanta que le hayamos podido poner nombre. Yo me disocio muy rápido— mi refugio, junto a las letras, al igual que con los libros. Antes decía que era una niña más retraída y que era introvertida, ahora puedo decir que soy extrointrovert .

Los actores terminan viviendo vidas ajenas y diversas experiencias que nunca terminan de imaginar, como su papel más reciente interpretando a una joven Pilar Ternera en la adaptación de Cien años de soledad, ¿cómo cohabitan en estas páginas esos personajes?

Es inevitable que coexistan, que cohabiten; también, que no te permeen.

Creo que hay personajes que han permeado mi erotismo, lo mágico que nos puede rodear. Hay un personaje muy lindo que llama Eugenia Upton, de una novela histórica que hice llamada La esclava blanca, y Eugenia era una mujer adelantada a su época, una sibarita; una mujer que no le tenía miedo a su libertad sexual a pesar de. Ella no estaba para gustarle a todo el mundo, ella era.

Me preguntaba en ese momento qué tanto estaba siendo yo. Cuando llega Pilar, ella tiene un goce único porque no hay espejos en que mirarse. Tiene una paz y una conexión con lo místico, con lo divino, que no dejan de estar agarrados de la mano. Después de Pilar es que yo decido sacar el libro, entonces tiene que haber mucho de las que he habitado y de lo que ellas han dejado en mí.

El erotismo es un eje del libro, pero también existe un triángulo en esa fase acerca de lo físico, lo emocional y lo sexual. ¿De qué manera ve ahora esa unión?

No sabía que estaba escribiendo de esa manera porque, obviamente, mi formación literaria es nula. Lo que sé es porque lo he leído. A mí me puede venir alguien a decir o a corregir y yo lo voy a aceptar con humildad profunda. Lo que hay ahí es un es un salto al vacío y es un atrevimiento de mi parte.

El otro día me dijeron escritora. Yo le le dije: «No, todavía no. Espéreme que algo me lo avale». Fui una osada. Creo que eso coexiste en los humanos. Estamos llenos de deseos, de sueños, de ilusiones y no nos podemos alejar de lo humano y de lo mundano que nos habita.

No dejé la corporalidad al pasar a las páginas. Simplemente me desprendí un poco de la visión íntima propia y decir: «¿Por qué tengo tanto pudor? ¿Por qué me da tanto pudor leer en voz alta? ¿Por qué me da tanto pudor decir que es un poemario erótico? ¿Por qué me da pudor que me lean mis hermanos? ¿Por qué me da pudor que me lean mis amigos? Entonces, yo tengo un pudor frente a mi propio pensamiento». Ahí hallé que lo iba a hacer por mí.

Hoy me preguntaron que a quién le dedicaba el libro y le dije: «a esa que se atreve a escribir». A esa que habita en mí que se atrevió a escribir y que se atreve a ponerlo ahí, a regalarlo y a gritar que esa cosa ya no me pertenece. Cada quien que lo lea llevará sus propias imágenes y hará su propio personaje de esa Viña escritora o de esa Viña osada a escribir.

Si bien hay cuatro elementos como grandes capítulos del poemario, también existen cuatro facetas suyas entre las páginas. ¿Cómo se presentan esas partes de una misma mujer?

Llevo 23 años escribiendo ese libro, el cual no sabía que estaba escribiendo. Ahí hay una Viña poética que me recuerda mucho a la joven que fui. A la de la contemplación. Está la ilustración de una silla y para mí es perfecto, o la de una hamaca.

Hay demasiado contemplación y eso es algo que no quiero perder; me lo repito a mí misma: tómate el tiempo de detenerte. Después llegan como los 30 y ese arrebato de la libertad. Ese: «vamos, uno puede con todo» junto a la exploración de millones de cosas. Creo que es mucho fuego. Ahí está en fuego, está puesto todo eso. Agua, creo, es mucho de quien soy ahora.

Viña machado: "sin quererlo, me narré a mí"
El poemario recorre distintas formas del deseo y aborda el amor, la ausencia, la memoria y el autodescubrimiento desde una voz íntima. Cortesía: Penguin Random House.

Quizás agua es el capítulo más erótico. En su prosa, es más erótico. Es porque ahora en estos 40, uno como mujer cuenta con una calma. Hay una calma de ese volcán que uno creyó que era y ahora existe una observación, una autocontemplación, un realizar frente a ese afán de los 30, que ya pasó, pero yo añoro la juventud porque soy una mujer joven.

Agradezco mucho este tiempo de mi vida en el que puedo volver a esa contemplación juvenil, a ese admirar muchas cosas y a reconocer la mujer que soy en todos los aspectos de mi vida. Una mujer que tiene deseo, que tiene ganas; es una exploración muy distinta. Sin quererlo, me narré a mí en el libro o el libro estaba contando un poco quién soy.

Como actriz ha estado presente en las pantallas colombianas por más de dos décadas y cuenta con una gran presencia en redes sociales. ¿Cuál es la invitación para que esos fanáticos también observen a la Viña que escribe?

Sería lindo que me leyeran porque creo que los poemas son muy necesarios en estos tiempos tan rápidos. El poema tiene la virtud de detenernos, tiene la virtud de la digestión, ¿sabes? No estamos digiriendo absolutamente nada, todo nos pasa de largo y lo que no digerimos nos inflama y nos molesta.

Si te molestan molestan los poemas y dices :»no lo entiendo», pues lo tienes que volver a leer. Ahí algo que hacer. Siempre he creído que el arte incomoda y tiene el deber de sacarnos de esos lugares comunes para ponernos frente a ciertas realidades. Como mujer, es una invitación a reconocernos en los sueños, en el deseo y en la intimidad.

La invitación no es solo a leerme, es a leer. Entregarnos a la lectura es es el viaje más barato.

Huir de los volcanes y aprender a asentar es una de los focos de esta lectura, pero en ese proceso hay un péndulo de tristezas y múltiples felicidades. ¿Cómo compiló todo?

Como no somos una sola cosa, creo que soy de las que me levanto y doy gracias por estar viva, por tener a mi hijo al lado, por la camita rica en la que estoy. He prendido a atesorar; no tesoros, sino momentos. Atesorar el estar y obligarme a estar, no disociarme tanto para así poder estar para los que amo y que los que amo lo sepan.

Hay momentos en los que me puedo levantar con un poquito más de afán, pero que no me robe la paz. Hay momentos donde quiero simplemente irme de viaje.

Hay momentos donde quiero montarme en el carro, irme aprendiendo la letra de un guion, llegar a grabar, grabar, estar todo el día grabando, divirtiéndome y la última hora de grabación decir: «Cómo quiero llegar a besar a León y preguntarle cómo le fue en su día». Descargar la maleta.

He sido una mujer —al ser tan contemplativa, nostálgica o melancólica— que no se da el gusto o la oportunidad de evitar la rabia, la tristeza, el dolor, el llanto o la extrema felicidad. ¿Qué sentido tiene? La compasión, hasta la autocompasión. Somos humanos, estamos hechos de todas esas cosas. No podemos vivir zombies. La pantalla nos pone zombies, es como si todos estuviéramos en el citalopram. No, no, no.

Qué miedo a vivir ni qué mierda. Quiero sentir. Quiero agarrar una tajada caliente con la mano. Quiero meterme al mar cuando crea que está caliente y resulte frío. No quiero estar toda fría tratando de encajar. A esta edad sí que menos.

Y Aquí todavía, la última prosa del poemario, es una declaración a ello…

Fue el último que escribí. Aquí todavía es una tarea. Andrea Loeber, mi editora, me dijo: «Viña, nos quedó muy flaquito el capítulo fuego. ¿Tienes tres poemas por ahí de los que descartamos?». Claro, porque descartamos varios en esa primera edición y yo le respondí: «Espérate, dame hasta mañana». Ahí fue cuando escribí Aquí todavía.

No es un poema es tan largo. El otro día le pregunté a una profesora si Aquí todavía era válido. Me dijo, «Sí, aquí todavía». Todo fue en ese momento sentada en ese borde de la cama —normalmente, los poemas se titulan como la primera frase o la primera palabra porque es por donde arranco, no sé titular un poema si no es por allí—, así empecé con Aquí todavía.

Como me han dicho, hay un como un denominador en el libro: el filo de los dientes, el olor de la barba, el calor de una piel, la profundidad de unos ojos, de una mirada. Las manos son súper importantes para mí. También, no es un hombre que tenga un nombre, es un hombre.

Para mí, la masculinidad tiene mucho que ver con eso: las manos grandes que puedan contener, el pecho ancho y la mirada profunda. Ese hombre ya está en mí. No tengo que pensar en otro hombre que no sea ese hombre sin nombre. Amé Aquí todavía, me pareció precioso y fue muy rápido de escribir.

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