Foto: Taipei Fine Artes Museum
abril 17, 2026
Arte y Libros

“No hay una fórmula para la curaduría”: Raphael Fonseca y el arte de abrir conversaciones

El curador brasileño Raphael Fonseca, responsable de la sección Conversaciones de ARTBO, propone un programa que rehúye las fórmulas y apuesta por el cruce de miradas. En esta entrevista, reflexiona sobre la curaduría como un ejercicio abierto, atravesado por contextos, experiencias y preguntas más que por certezas.
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Revista Diners
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Raphael Fonseca no se mueve por certezas, sino por preguntas. Desde Río de Janeiro hasta Denver, su trabajo como curador ha estado marcado por una mirada que cruza geografías, disciplinas y formas de entender el arte contemporáneo. Hoy, como jefe del departamento de Arte Moderno y Contemporáneo Latinoamericano del Denver Art Museum, y al frente de proyectos como el Pabellón de Taiwán en la Bienal de Venecia 2026 o la Bienal Sequences 2027 en Reikiavik, asume también la curaduría de la sección Conversaciones de ARTBO.

Este espacio, concebido como un escenario de aprendizaje y discusión sobre temas clave del arte contemporáneo, reúne este año a 18 curadores, académicos, artistas y directores de instituciones culturales de distintas regiones del mundo. Con traducción simultánea inglés-español en todos los paneles —y con interpretación en lengua de señas colombiana en la sesión inaugural—, Fin de Semana ARTBO se reafirma como un punto de encuentro para el debate global desde Bogotá. En ese contexto, la propuesta de Fonseca es clara: más que fijar un discurso, abrirlo a múltiples voces y experiencias.

¿Cómo fue la preparación para esta edición de ArtBo y cómo llegó usted a este programa de Conversaciones?

Raphael Fonseca: Esta es la segunda vez que colaboro haciendo conversaciones. Participé hace tres o cuatro años como invitado y fue súper interesante. Antes de eso ya había visitado Colombia muchas veces por trabajo, así que mi relación con el país ha sido bastante orgánica. Me encanta la escena de arte contemporáneo de Bogotá, aunque infelizmente solo conozco Bogotá, lo cual es un crimen. Siempre viajo por trabajo, así que todo se va conectando.


En la última edición recibí la invitación de Jaime y María Fernanda para hacer algo con invitados externos interesados en conocer más la escena colombiana. Propuse que, en lugar de incluir coleccionistas o artistas como en otras ediciones, invitáramos solo curadores. En esa edición fueron alrededor de 16 personas y en esta son 18. Intenté reunir personas de distintos tipos de instituciones, de diferentes partes del mundo y generaciones, con interés en lo que ocurre en Colombia. El formato se fue dando de manera muy orgánica.

(Para saber más: Fin de semana ARTBO 2026: cuatro días, ocho circuitos y una ciudad tomada por el arte)

En este movimiento orgánico, ¿qué espera de esta edición? ¿Hay un hilo conductor o una temática en particular en las conversaciones?

Raphael Fonseca: No me gusta encasillar lo que hago como curador. Mi experiencia principal es con exposiciones y libros, no tanto con programas públicos. Pero creo que es más interesante que las conversaciones no estén tan segmentadas en un solo tema, sino que haya distintos puntos de vista.
Hay curadores con cosas en común —por ejemplo, quienes han trabajado en pabellones de Venecia, quienes vienen del ámbito museal o de la escritura—, pero las mesas se organizan para abordar diferentes aspectos. Hay una mesa sobre Venecia, con participantes de Grecia, Australia o Letonia, y otras con enfoques distintos. Es como un zigzag.


Eso resulta más enriquecedor que centrarse en un único tema. Además, para muchos invitados es su primera vez en Colombia, en Sudamérica o incluso en Latinoamérica, y lo mismo pasa con el público: probablemente será la primera vez que escuchen voces de lugares como Australia o Grecia. Eso lo hace muy educativo.

Usted tiene un interés particular en la relación entre arte y educación. En ese sentido, ¿qué le gustaría que el público se lleve de estas conversaciones?

Raphael Fonseca: Creo que un seminario así debe hacer que las personas entiendan que no hay una fórmula para hacer curaduría. Hay realidades artísticas, históricas, políticas y económicas muy distintas. Tenemos curadores de Taiwán, Kosovo, Colombia, Portugal, entre otros, todos con contextos muy diferentes.
La idea es que la gente salga entendiendo que no hay una manera correcta o incorrecta de hacer curaduría. Es un reflejo de los intereses de cada persona y de los contextos en los que ha vivido y trabajado.
También es importante que se perciba que la curaduría en Latinoamérica puede ir más allá de sus propias fronteras.

En el caso de los invitados que vienen por primera vez a Latinoamérica, ¿qué expectativas tienen sobre la región y sobre Colombia?

Raphael Fonseca: Es difícil generalizar porque son personas muy distintas, pero hay mucha curiosidad. La escena latinoamericana se percibe como fuerte y con mucho protagonismo, especialmente en comparación con otras regiones como Asia Central o los Balcanes.
Hay interés en entender cómo se construyó esa influencia, cómo se desarrollaron las historias del arte en la región y cómo se tejen las relaciones entre museos, colecciones, galerías y artistas.
También es importante que el seminario incluya voces colombianas, para que no sea solo una conversación entre extranjeros, sino un diálogo más global.

Desde su visión como curador, ¿cómo ve el arte contemporáneo en Colombia?

Raphael Fonseca: Me gusta mucho lo que veo, aunque no me considero un especialista en Colombia. Intento mantenerme al tanto de lo que sucede en el país y en la región.
Creo que hay múltiples escenas de arte contemporáneo, no solo en Bogotá, sino también en Cali, Medellín, Barranquilla. Además, hay un cruce interesante con la cultura pop y la música, que posiciona a Colombia en un contexto más amplio.
Eso genera expectativas distintas frente al país en comparación con otros lugares de Latinoamérica.

¿Cree que existe una narrativa común o un hilo en el arte latinoamericano?

Raphael Fonseca: Creo que sí se construyen ideas de lo “latinoamericano”, muchas veces relacionadas con la colonización, las fronteras o la geografía. Pero son construcciones que simplifican.
Como cualquier categoría geográfica —Europa, Asia, África—, son útiles de manera didáctica, pero siempre dejan cosas por fuera. Son, en cierta forma, ficciones.

Desde su experiencia, ¿qué es lo que mueve a un curador? ¿Qué hace que su corazón lata más fuerte en este trabajo?

Raphael Fonseca: La curiosidad es esencial, así como la capacidad de asumir la propia ignorancia. Si no eres una persona curiosa, difícilmente serás un buen curador.
Lo que me motiva es la certeza de que en cada viaje o conversación voy a aprender algo nuevo.

Si no hay una fórmula, ¿existe alguna manera de saber si un curador lo está haciendo bien o mal?

Raphael Fonseca: No, no la hay. Hay muchas perspectivas y respuestas posibles. Esa es justamente la parte fascinante.
Hoy en día el término curaduría se usa para todo, incluso de manera banal o elitista. Pero en artes visuales, con el tiempo entendí que cada quien trabaja a su manera.
La visibilidad tampoco es un indicador claro: hay gente que hace trabajos muy buenos sin reconocimiento, y otros con mucha visibilidad que, desde mi perspectiva, no lo hacen tan bien.
Todo pasa por el trabajo, la investigación, la experimentación, la comunicación, los contactos y también la suerte.

Entonces, ¿qué hace que un curador alcance un alto nivel? ¿Cuál sería el “don”?

Raphael Fonseca: No hay dones, hay trabajo, trabajo y más trabajo, además de suerte. No creo que la calidad tenga que ver con la visibilidad o el éxito.
Tiene que ver con la capacidad de proponer ideas interesantes, tanto específicas como amplias.

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