Reseñas de libros:
Mural / Ricardo Silva / Alfaguara, 2025

En los murales suele haber muchos personajes que coexisten en un mismo plano. Quien los mira se puede detener en algunos de ellos, mirar una esquina durante un tiempo y, después, cambiar de punto de vista: acercarse para prestar atención y alejarse para descubrir conexiones.
Ricardo Silva le puso este título a su novela más reciente porque quería entrar en el Palacio de Justicia y revolotear por ese espacio que hemos imaginado tantas veces, al oír los relatos de los días 6 y 7 de noviembre de 1985. Se propuso contar qué pasaba en cada piso, qué sonidos se oían, quiénes eran las víctimas, qué coincidencias, decisiones y contradicciones los habían llevado a estar ahí en esa fecha y a no poder salir; en últimas, cómo iba pasando el tiempo, convertido en un caudal de atrocidades, imparable.
Este libro se puede conseguir en Tornamesa.
Archivo agonía / Marina Azahua / Sexto Piso, 2025

Los capítulos de esta novela son cartas escritas por un personaje al que conocemos como R. De él sabemos que es lector (le gustan el ensayo y la narrativa; cita a Sontag, a Benjamin, se la pasa teorizando) y que quiso mucho a Edith, una artista con la que vivió. Ahora que ella ha muerto, él está convencido de que los papeles que dejó encierran algo que nadie ha sabido mirar con la atención que merece, y que precisamente por eso —porque aún no se ha leído del todo— ahí debería haber un libro.
Mientras va explicándole al amigo por qué quiere tanto que publique algo sobre el trabajo de Edith, nos permite asomarnos a las imágenes creadas por ella: composiciones visuales, fotografías intervenidas, fragmentos de texto y materiales gráficos a medio camino entre el collage y el storyboard.
Su obra giraba en torno a una idea: que la muerte no es un instante, una distinción clarísima entre estar y no estar, sino (incluso en las muertes violentas) un proceso que toma tiempo. Según R, ella querría que pudiéramos hacernos preguntas sobre esa duración y sobre las sensaciones de morir, así fueran preguntas que nos dejaran incómodos o aterrados, como si cada imagen abriera un umbral.
Este libro se puede conseguir en Tornamesa.
(Siga leyendo: Salman Rushdie regresa a la ficción y desafía la muerte con su más reciente libro La penúltima hora)
Montaña en dos actos / Sebastián Isaza / Angosta, 2024

La primera mitad de este libro es un diario de viaje escrito por alguien que no viajó. En mayo del 2021, cuando faltaba tiempo para que se acabara la pandemia, Mateo Isaza estuvo en Nepal porque iba a subir al monte Everest.
Después de una exigente preparación, se unió a una expedición y le dio a su hermano, Sebastián, suficiente contexto para que este pudiera contarnos a los lectores cómo se sentía estar allá, en medio del frío, con el viento rasgando las carpas, el peligro de caerse entre la nieve y las ganas de subir a la montaña, pero también la convicción de que a veces es mejor no llegar hasta la parte más alta, sino leer el paisaje, obedecer al clima y, sobre todo, dejarse guiar por los sherpas, una etnia de origen tibetano que migró hace siglos a Nepal, cuya resistencia física y conocimiento del terreno los han convertido en figuras claves para estas expediciones.
Ese diario en tercera persona, que Isaza llama el primer acto, es impactante por la descripción del Everest, pero también por la atención, amorosa y científica, que el autor le ha prestado a su hermano: su capacidad para ser la voz, desde Colombia, del que está en Nepal. El segundo acto empieza dos años después, cuando Sebastián empaca su maleta y acompaña a Mateo hasta el campo base: la última gran estación antes del ascenso definitivo para los alpinistas, pero también el destino final para muchos viajeros. A más de 5.000 metros de altura, Sebastián mira hacia el cielo y le cuesta contener las lágrimas.
El libro se puede conseguir en Tornamesa.
(Para saber más: El escritor mexicano David Toscana conquista el Premio Alfaguara 2026 con su libro «El ejército ciego»)


