El escritor Salman Rushdie (Bombay, 78 años) regresa a la ficción con La penúltima hora (Random House), una colección de cinco relatos que marcan su primer incursión en el cuento en más de tres décadas. Tras sobrevivir a un brutal ataque en 2022 —narrado en sus memorias Cuchillo (2024)—, el autor de Hijos de la medianoche adopta un tono crepuscular para interrogarnos: ¿nos rendimos a la muerte o resistimos? ¿Cómo nos despedimos de los hogares que nos formaron? Este libro recorre India, Inglaterra y Estados Unidos, reencuentra personajes de su obra fundacional y celebra la literatura como resistencia.
Rushdie no se rinde. Caballero del Imperio Británico, galardonado con el Booker de los Booker por Hijos de la medianoche (1981), vivió 13 años oculto por la fatwa iraní contra Los versos satánicos (1988). En 2022, un atacante lo apuñaló 15 veces en Nueva York, cegándole un ojo. Con el cristal derecho de las gafas velado, a modo de parche, amplia sonrisa y tono afable, compareció virtualmente ante periodistas hispanohablantes para presentar La penúltima hora. «No tengo planes de retirarme», bromeó, descartando la jubilación como su par Julian Barnes. Tras Ciudad Victoria (2023) y Cuchillo, estos relatos —crecidos «de forma no premeditada»— lo devuelven a sus raíces.
Cinco relatos que exploran la «penúltima hora» de la vida

Los cuentos convocan ancianos criminales, matrimonios infelices con magia y dólares, fantasmas vengativos, muertes misteriosas y parábolas sobre libertad de expresión. Rushdie regresa a Bombay —barrio de su infancia— para revivir personajes de Hijos de la medianoche, satirizando a los «superricos ridículos» y exaltando el «milagro del arte». Inglaterra evoca a E.M. Forster y Alan Turing, Cambridge de su juventud; Estados Unidos, su hogar de 25 años; e incluso España inspira un relato con ecos de Goya y Bosch en el Prado. «El hogar es plural», reflexiona Rushdie. «India es demasiado grande; son barrios de Bombay. Vivimos una era de migración e identidad múltiple».
A sus 78 años, Rushdie enfrenta «el acto final de los artistas». Compara su roce con la muerte a Beethoven furioso componiendo la Novena, Dylan Thomas rugiendo «rabia ante el ocaso» o Picasso en plenitud tardía. «Cuando era joven escribía de gente joven; ahora, de cómo encaran el final».
Influido por Borges y Ficciones, defiende el relato corto: «Te permite algo serio que se lea con profundidad». La frase final, «nuestras palabras nos fallan», advierte de divisiones como en EE.UU., donde «el idioma se ha roto» y defiende a la literatura como resistencia: «Es la mejor forma que yo he encontrado de responder al mundo en el que vivo, porque la escritura cambia según lo hace el mundo», asegura.
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Salman Rushdie y la literatura como resistencia
«El crecimiento de la censura en Estados Unidos es un problema muy grave. En primer lugar, es un crimen contra la Primera Enmienda, lo cual va contra la libertad de expresión. La manera en la que esto se lleva a cabo en las bibliotecas, en las escuelas, es algo totalmente aleatorio. Hay escuelas en las que, si un padre se queja de que un libro que está en la biblioteca, de repente se quita y se tiene todo un proceso de si se debería volver a permitir ese libro o no. Es específicamente en libros importantes, Cien años de soledad o Matar a un ruiseñor”, expresa.
Desde Joseph Anton (2012) hasta hoy, Rushdie lucha contra prohibiciones —como las de libros en escuelas estadounidenses, «violación de la Primera Enmienda»—. Elude profecías sobre Irán («ya tuve problemas con profetas»), pero alerta: «Oscuridad define el presente, pero las sociedades cambian».
«Todo el mundo está preocupado. Y habiendo dicho esto, hay muy poco que añadir. Es un momento muy oscuro en la vida pública estadounidense y lo vemos con esta discusión de Groenlandia y de Canadá. Se está convirtiendo en un momento oscuro no solo para el resto de la sociedad, sino para todo el mundo», expresa el escritor.
En Latinoamérica, donde migración e identidades híbridas resuenan —de India a Colombia—, La penúltima hora es bálsamo. No es memoir; es ficción viva que vence fanatismos. Alfonso Monteserín (Penguin) lo resume: imaginación desbordante ante la «penúltima hora». Rushdie, sonriente con parche, confirma: «Literatura para disfrutar, llorar y reír».



