Revista Diners
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La música también puede ser un espejo de las emociones, las raíces y las búsquedas personales. Ya sea desde la canción de autor contemporánea, el rock confesional o la música clásica, artistas como Kany García, Draco Rosa y Gustav Mahler proponen obras atravesadas por la identidad, la vulnerabilidad y la transformación. Estos tres lanzamientos invitan a escuchar con atención historias que hablan del amor, la memoria, la espiritualidad y la luz después de la oscuridad.
Kany García
Tierra mía
Sony Music
Si bien Kany García ha querido reivindicar el yo poético de sus canciones desde su disco anterior, llamado simplemente García, ahora es una mujer diversa, puertorriqueña y lo suficientemente fuerte para confesarse insegura ante la vida. Tierra mía es un paso más en esa dirección.
Es un álbum en el que les canta a Puerto Rico, a sus apagones, a sus problemas económicos y a su amenazante relación con Estados Unidos, pero es también un álbum en el que les canta al amor entre mujeres, a la lucha feminista por romper esquemas y al esfuerzo que hacemos todas por quitarnos el síndrome del impostor y el complejo de autoría. Es, además, una apuesta musical a los instrumentos y ritmos que identifican a Centroamérica.
Draco Rosa
Olas de luz
RCA
Draco Rosa es un artista confesional: cada uno de sus discos es un reflejo, incluso una catarsis, de lo que ocurre en su vida. Olas de luz es casi una plegaria, un intento por conectarse con su propia espiritualidad, parar un poco y respirar. Por perdonarse y permitirse ser falible. Versos como “Vendo mis pecados, mis cartas sin respuesta y mis viejas melodías de dolor, mis promesas incumplidas te las vendo yo”, son una muestra de ello.
Aunque no sea explícito, el Caribe siempre está presente en las producciones de Draco Rosa. En Olas de luz aparece, a través de cadencias y sonidos cálidos, un buen ejemplo de cómo no es obligatorio hacer salsa para honrar nuestras raíces.
Gustav Mahler
Andris Nelsons
Deutsche Grammophon
La Sinfonía N.° 5 de Gustav Mahler es uno de los trabajos más relevantes en la obra del compositor. Son cinco movimientos, agrupados en tres partes: una, en la que predomina el contraste entre lo fúnebre y lo carnavalesco, con cierto aire macabro; otra, en la cual aparece un scherzo, largo y dramático, que se sale del carácter juguetón de los scherzos tradicionales, y una tercera, brillante, pausada y triunfante.
Según los biógrafos, está inspirada en la llegada de Alma Mahler —Schindler para entonces— a la vida del compositor, con quien se casó y pasó de una vida lúgubre a una llena de luz. Esta versión, dirigida por Andris Nelsons, transmite esa misma sensación de plenitud en su último movimiento, con la reaparición de su famoso coral en re mayor.


