Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 150 de septiembre de 1982
Tradicionalmente, en el resto del planeta, la celebración de los enamorados ocurre en febrero; se congestionan los correos con tarjetas anónimas y su emblema, naturalmente, es un corazón.
Se llama el día de San Valentín porque la muerte de este obispo y otro santo homónimo coincidieron en la segunda semana del segundo mes, que, según creencia medieval, es la época de apareamiento de las aves. Además, a nadie se le ha ocurrido celebrar con tarjetas la época de apareamiento de los elefantes o los hipopótamos…
Es necesario aclarar que en Colombia el “día de los novios» no es el “día del corazoncito», como habría de suponerse… éste es un día de promoción caritativa para enfermos cardíacos. Los novios celebran su fiesta «del amor y la amistad» en septiembre, mes cautelosamente escogido para no demeritar las ventas del día de la madre, el del padre o de las secretarias.
Así que el «día de los novios» es un invento comercial reciente que irrumpe en Colombia tan insólitamente como una zambullida de Cleopatra y Marco Antonio en el Canal de Suez.
Pero sea lo que sea, la tarjeta postal se originó entre enamorados y el encanto del cartoncito rectangular se abrió paso por todo el mundo llevando su mensaje de amor y amistad en infinidad de temas. Cuántas cosas decían las tarjetas postales. Cuántas historias sin importancia deslizó el cartero bajo la puerta de alguien recordando a alguien desde el otro lado del mundo.
Charles Baudelaire coleccionó tarjetas postales de ninfas provocativas y vampiresas de ojeras peligrosas. En sus «Curiosidades Estéticas» dio a estas robustas damas un rol onírico (“¿Eres tú el oasis con que sueño?») y fatídico (“máquina ciega y sorda bebedora de la sangre del mundo») o Venus eterna («eres capricho, histeria, fantasía, forma seductora del diablo»), etc.
¡Estremece imaginar la prosa de Baudelaire si de recrearse con la Sota de Bastos se hubiera suscrito a la revista Playboy!
Esas postales mensajeras de amor y amistad dieron la vuelta al mundo en trenes y trasatlánticos y purgadas de malicia por el tiempo se posaron dulcemente entre los libros, sobre biombos y paredes en el fondo de los baúles y de los corazones. Esa era está allá, debajo del jet, el betamax, las computadoras, los misiles, las guerras malvinas y las quiebras financieras.
Vea las 10 cartas de amor del pasado:

Subidos en hilera, estos «galanes jóvenes» de 1927 posan para la tarjeta más solicitada el día de los novios.

Su vida destrozada.»¡Eulalia! ¡Eulalia! ¡Me devolvieron tu cheque! de 1916.

Subida en un sofá, una belleza de 1928 en provocativa pose y camisón transparente.

Subida en una silla, Frieda Shartner, famosa estrella circense de 1904, ilustra con su cuerpo la forma de un corazón.

Subida la mirada, esta doncella evita los peligros de la seducción, de 1922.

Subida de falda de Annette Savary “¿Eres tú el oasis con que sueño?», de 1898.

Subida de punto, esta escena tiene una leyenda: «No siempre es práctico ocuparse de política», de 1912.

Subida de tono, el adulterio era un tema favorito. Sobre la tarjeta alguien escribió «mil besos a todos, Bertha», de 1918.

Subidas de kilos, las hermanas Giampetro reinaron en el Vaudeville italiano a principios de siglo, de 1904.

Subida en un cochino, esta belleza de 1908 proclama atrevidamente cómo todo lo convexo era cóncavo y todo lo cóncavo convexo.

Subidos en un balcón florido estos enamorados anuncian: «¡Somos felices!», de 1900.


