Revista Diners
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Alrededor de las 11:30 a. m. del 6 de noviembre de 1985, un comando del M-19 ingresó por la fuerza al Palacio de Justicia, en el centro de Bogotá, y tomó como rehenes a más de 300 personas, entre ellas magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Durante las siguientes 28 horas, la toma por parte del grupo insurgente y la operación militar para recuperar el edificio dejaron al menos 94 personas muertas o desaparecidas, entre civiles, funcionarios judiciales, integrantes de M-19 y miembros de la Fuerza Pública. 41 años después, Netflix lleva los mencionados acontecimientos de la historia nacional al consumo vía streaming con Palacio, una miniserie de ocho episodios que reconstruye lo ocurrido y sigue también la búsqueda de respuestas y justicia emprendida por los familiares de las víctimas.
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La producción, realizada por la compañía colombiana Dynamo, estuvo precedida por más de siete años de investigación y parte de hechos reales y de conocimiento público para desarrollar una narración de ficción que reúne distintas perspectivas sobre la crisis. La historia no se limita a las horas del asedio: avanza por las investigaciones periodísticas, los testimonios de sobrevivientes, el trabajo de los abogados que acompañaron a las familias y los procesos judiciales que, durante décadas, intentaron esclarecer lo sucedido. En ese recorrido aparecen personajes como la periodista Olga Behar, el abogado Eduardo Umaña, la entonces fiscal Ángela María Buitrago y Pilar Navarrete, esposa de Jaime Beltrán, uno de los trabajadores de la cafetería del Palacio que fue desaparecido.
La propia historia del edificio también permite dimensionar lo que estaba en juego aquel noviembre. El Palacio de Justicia que ocupaba entonces la Plaza de Bolívar había sido diseñado por Roberto Londoño Domínguez y Humberto Cruz, quienes ganaron el concurso convocado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos en 1960. La construcción fue entregada en 1969, pero quedó destruida durante la toma y retoma de 1985. No era, además, la primera sede de los tribunales en desaparecer: el edificio anterior, ubicado en la calle 11 con carrera sexta, donde hoy está el Centro Cultural Gabriel García Márquez, había sido destruido durante el Bogotazo de 1948. Sobre esa sucesión de hechos y las distintas memorias que dejó la tragedia se construye Palacio.
Interpretar una crisis nacional
Lograr el sentimiento y, como menciona la conocida expresión, ponerse en los zapatos de personas que existieron y que estuvieron involucradas en uno de los episodios más dolorosos de la historia colombiana supuso una responsabilidad particular para el elenco. Natalia Reyes, quien encarna a Pilar Navarrete, señaló que el reto estaba en investigar y complejizar una conversación que durante años se abordó de manera superficial. Para la actriz, la toma del Palacio no puede entenderse únicamente a partir de las 28 horas de enfrentamiento, sino también de las circunstancias políticas que condujeron a ese momento y de las razones por las que sigue siendo un asunto que divide al país.
«Se siente una responsabilidad grande de investigar, de no juzgar, de complejizar la conversación», afirmó Reyes. La actriz también destacó el trabajo de investigación detrás del guion y la posibilidad de rendir homenaje a quienes han dedicado su vida a esclarecer los hechos: periodistas, defensoras de derechos humanos, familiares de desaparecidos y abogados que asumieron la defensa de las víctimas.

Dicha intención de ampliar las perspectivas aparece en las distintas líneas narrativas de la serie. Mientras Pilar Navarrete busca respuestas sobre la desaparición de su esposo, Jaime Beltrán, la periodista Olga Behar, interpretada por Luna Baxter, intenta reconstruir lo sucedido a partir de testimonios y registros en medio de las restricciones y la censura militar. Por su parte, Eduardo Umaña, a quien interpreta Andrés Castañeda, representa el trabajo jurídico de acompañar a las familias y llevar sus denuncias ante la justicia. Su historia se conecta con la del coronel Alfonso Plazas Vega, interpretado por Carlos Manuel Vesga, cuyo proceso judicial fue uno de los casos más relevantes relacionados con la desaparición forzada durante la retoma.
Mariana Gómez, quien da cuerpo y voz a La Mona, la única sobreviviente del M-19 que salió con vida del Palacio; posteriormente, en la serie, entrega su testimonio a Olga Behar. Gómez considera que la serie permite acercarse a las personas que estuvieron detrás de los distintos bandos, sin reducir el relato a una división entre buenos y malos. «El gran antagonista es la violencia», señaló. Desde su perspectiva, la historia invita a mirar principalmente a quienes sufrieron las consecuencias del enfrentamiento y a preguntarse cómo evitar que hechos semejantes se repitan.
La serie también reconstruye las decisiones de quienes estuvieron en las instituciones durante la crisis. Robinson Díaz interpreta al entonces presidente Belisario Betancur, mientras Santiago Alarcón encarna a Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema de Justicia, quien murió durante los acontecimientos. Díaz destacó el rigor histórico del guion, aunque reconoció que se trata de una obra de ficción y no de una reproducción exacta de la realidad. «Yo representé un ser humano, un ser humano en una condición, en una coyuntura muy difícil», explicó sobre su aproximación al personaje.
A ese panorama se suman figuras como Ángela María Buitrago, interpretada por Nicole Santamaría, quien encarna a la fiscal que reabre el caso décadas después, y Santiago Álvarez, un soldado ficticio interpretado por Jacobo Millán. Este último personaje permite introducir el testimonio de un integrante joven del Ejército que presenció los procedimientos contra personas que salieron con vida del Palacio y que posteriormente aportó información en los procesos judiciales. Millán explicó que espera que la serie despierte en los espectadores la inquietud por conocer más sobre lo sucedido: «Que les dé ganas de investigar, de empaparse más de esto».

La perspectiva militar también tiene un lugar en el relato a través de Santiago Álvarez, un personaje ficticio que permite representar a los jóvenes soldados que participaron en la retoma y presenciaron los procedimientos contra quienes salieron vivos del edificio. En la trama, su testimonio escrito termina por aportar elementos a los procesos judiciales relacionados con las actuaciones del Ejército y el caso de Plazas Vega. Para Millán, asumir este papel implicó acercarse a una historia que todavía necesita respuestas y que no debería quedar reducida a una conmemoración anual.
En esa misma línea, Nicole Santamaría interpreta a Ángela María Buitrago, la fiscal que retoma una investigación atravesada por pruebas extraviadas, testimonios y años de procesos judiciales. La actriz explicó que su preparación partió de las entrevistas públicas de Buitrago, el guion y las conversaciones con los directores. También señaló que el propósito no era imitar a la persona real, sino construir el personaje a partir de la investigación y de las herramientas interpretativas del elenco.
Palacio, una memoria vigente
Uno de los ejes que atraviesa los ocho episodios es la búsqueda de las familias de quienes desaparecieron durante la toma y retoma. La serie sigue especialmente a Pilar Navarrete, esposa de Jaime Beltrán, conocido como Jimmy, quien trabajaba como mesero en la cafetería del Palacio de Justicia. Beltrán fue desaparecido y posteriormente se estableció que había sido víctima de una ejecución extrajudicial. Desde su desaparición, Navarrete ha dedicado buena parte de su vida a buscar respuestas sobre lo ocurrido con su esposo y con las demás personas que nunca regresaron a sus hogares. Pilar aparece en varias escenas, en especial en la última escena, una de las más emotivas de la serie y que conecta la ficción con esa búsqueda que continúa fuera de la pantalla.

La historia de Umaña también permite comprender el alcance de esa lucha. El abogado, defensor de derechos humanos, asumió desde 1985 la representación de las familias de los desaparecidos del Palacio y sostuvo que integrantes del Ejército habían detenido, interrogado, torturado y desaparecido a civiles durante la retoma. Su trabajo se extendió a otros procesos relacionados con violaciones de derechos humanos, entre ellos la defensa de las víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica. En la serie, Andrés Castañeda encuentra en ese personaje una forma de acercarse a quienes quedaron en medio del enfrentamiento y a las familias que durante décadas han cargado con la incertidumbre. «Alguien que los mire humanamente, que los escuche humanamente», explicó sobre lo que buscó representar.
La dimensión judicial de la historia tampoco se agota en el trabajo de los abogados. Los últimos episodios avanzan hasta la reapertura del caso, veinte años después de los acontecimientos, cuando las pruebas audiovisuales obtenidas por Olga Behar y los registros de las comunicaciones se convierten en elementos importantes para el proceso. En ese recorrido, la serie presenta las dificultades de una investigación en la que los testimonios, las evidencias y las responsabilidades institucionales estuvieron en disputa durante años.
Para Luna Baxter, quien interpreta a Behar, el valor de una producción de este tipo no está en reemplazar los documentos históricos. «La televisión y el cine y el arte tienen la responsabilidad de informar y generar preguntas», afirmó. La actriz considera que la miniserie puede funcionar como un punto de partida para que los espectadores busquen otras fuentes, conozcan las distintas versiones y se acerquen a los personajes históricos más allá de la representación que propone la ficción.

Santiago Alarcón, por su parte, recordó que la toma y retoma siguen siendo una herida abierta. Cada conmemoración trae nuevos datos y preguntas, una situación que, a su juicio, demuestra la necesidad de mantener la conversación. Robinson Díaz también planteó que la serie debe entenderse como la mirada de sus realizadores sobre un episodio nacional, no como una reconstrucción definitiva de todo lo ocurrido. Su expectativa es que una producción colombiana de esta escala pueda llegar a públicos de otros países y acercarlos a una historia que, aunque tiene un contexto particular, también habla de los enfrentamientos políticos y de las consecuencias de la violencia.
Los ocho capítulos de Palacio recorren desde los días previos a la toma hasta los procesos judiciales posteriores, con saltos temporales que permiten entender por qué la búsqueda de justicia se prolongó durante décadas. Fuera de cerrar una discusión, la nueva producción vuelve sobre una pregunta que sigue vigente: qué ocurrió con quienes entraron vivos al Palacio de Justicia y nunca regresaron, así como qué responsabilidades quedaron pendientes después de la retoma. Una pregunta que, 41 años después, continúa teniendo nombres, familias y una búsqueda de verdad detrás.
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