Revista Diners
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El primer cuento que narró Diego Camargo se llamaba El rey. En aquel momento, el comediante estudiaba primer semestre de Ingeniería de sistemas en la Universidad de Los Andes y, a partir de esa experiencia, creó la historia de un primíparo que no quería estar allá, pero que trataba de ganarse el corazón de una estudiante de segundo semestre.
“Era un tipo que no empataba, pero se jugaba la vida por tratar de hacer parte de algo… Lo delataba que era el único de la universidad que fumaba pero no tenía encendedor, sino que cargaba una cajita de fósforos El Rey. Quería contar mi propia historia”, cuenta Camargo.
El comediante siguió contando sus historias, hablando sobre las cosas que le dolían. Lo hacía incluso cuando relataba cuentos de aquellos maestros del género, como el ruso Antón Chéjov, en los que iba filtrando las cosas que él sentía, las anécdotas que había experimentado, los recuerdos que había forjado.
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El cuento se transformaba y se volvía casi una creación propia de Camargo, quien, tras empezar formalmente en la comedia con las típicas rutinas observacionales, generó su propio estilo hablando de las cosas que le dolían o que lo asustaban.
“Me acuerdo de que una de las primeras rutinas que construí fue sobre la primera visita a ver la ecografía de mi hija, Ana, que para mí fue un momento aterrador. Era asumir finalmente que iba a ser papá y que no tenía ni idea de cómo enfrentarme a ese problema de la paternidad. Y cuando me reí de lo que a mí me dolía, la gente se conectaba mucho con el material que estaba entregando en el escenario”, añade el comediante.
Ese sello se imprime en el nuevo espectáculo de Camargo, Modo avión, que se presentará del 30 de octubre al 5 de diciembre en la sala Cabaret de Casa E Borrero. El comediante cuenta que una de las fuentes de inspiración de este nuevo montaje fue su acercamiento a la temática de la salud mental, pues estuvo en terapia psiquiátrica y psicológica.
“Descubrí varias cosas de mí mismo, entre esas varias neurodivergencias, que un poco me explicaban a mí por qué veía el mundo de esa forma. Me ayudó muchísimo empezar a reírme de mis propios problemas, de mis desgracias. Para mí, subirme a un escenario es una terapia porque desacralizo las cosas que escondo, las inseguridades, los miedos, el fracaso, los temores”, enfatiza Camargo.
A partir de esas neurodivergencias, el comediante habla en el escenario de las ocasiones en las que nos hemos sentido culpables por sentirnos menos, porque, según él, parte de los síntomas y de la forma de manifestación del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es la incapacidad de responder a las reglas que exigen normalmente los trabajos comunes.
“Hoy en día, las cargas laborales son muchísimo más fuertes que hace diez o quince años. Y siempre hay una amenaza constante de que hay alguien detrás que pueda hacer el trabajo de uno más barato. Eso me parecía monstruoso, pero luego me di cuenta de que pasa lo mismo en todos los ámbitos de la vida y dije: ‘Esto requiere un espectáculo’”, añade.

En ese proceso de probar rutinas y materiales, Camargo comprendió que muchísimas personas sufren de enfermedades y problemas mentales, algo que probablemente creció tras la pandemia del Covid-19. El comediante cuenta que se fue dando cuenta de lo que estaba pasando con toda la gente a su alrededor, desde su pareja y su hija hasta sus amigos, que vivían en un estado constante de angustia y no eran capaces de cumplir con las cosas que se supone que tenían que hacer.
“Nosotros tenemos cosas como la ceguera del tiempo. Para nosotros, el tiempo corre de otra manera. Si yo tengo hoy una cita a las 5 de la tarde, ya perdí todo el día. Tengo que estar desde las 9 de la mañana preparándome para la cita y no voy a llegar a las 5, siempre voy a llegar a las 5 y media, a pesar de que esté listo”, cuenta Camargo.
Más allá de inscribirse en el género del stand-up comedy, Modo avión les da la oportunidad a sus espectadores de entender que no está mal sentirse insuficiente, pues, según su creador, hay una sobrecarga de exigencia emocional y de información, que excede la capacidad mental.
Para el comediante, la risa tiene un poder sanador absoluto porque cuando nos reímos de algo que normalmente nos duele, ya no es tan peligroso, ya no es tan grande ese monstruo en la oscuridad y, por ende, esas preocupaciones y angustias terminan siendo más vulnerables.
“El eslogan del espectáculo es: ‘Tú traes las ganas de reírte, la redención va por cuenta de la casa’. Es un espectáculo para estar en paz con uno mismo y hay unos rituales: cuando llegas, te dan un pasabordo y, mientras esperas, llenas un jueguito con todos los que estén en la mesa, sean tus amigos o sean desconocidos, para ver qué tan parecidos somos, qué tanto nos angustian las mismas cosas”, finaliza Camargo.
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