Revista Diners
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El reconocido periodista estadounidense Jon Lee Anderson, colaborador histórico de The New Yorker y cronista de múltiples conflictos internacionales, abrió las puertas de su pensamiento a Revista Diners. Conozca los cinco libros recomendados e indispensables que forjaron su mirada del mundo.
Un día más con vida
Ryszard Kapuściński

Kapuściński, a pesar de la controversia de sus libros, más que todo ficcionalizó su vida. Nunca entendí que sus famosos libros eran no ficción. Su prosa es tan límpida y, otra vez, algo así como Greene. Kapuściński era polaco, niño en la guerra, y pasó su vida profesional en África y Latinoamérica.
Ese periodo de la descolonización de la posguerra es fascinante porque retaba los prejuicios y lugares comunes de esa gente. Muy pocos escritores lograron convencerme o sentí que reflejaban una especie de curiosidad o percepción común a la mía. Cada cual estaba anclado por su cultura o su generación.
La autobiografía
Malcolm X

Era mi biblia de la época. Estaba muy bien escrita, por un tipo que reconoció que había sido criminal y adquirió una conciencia política. Siempre me interesaban los que bordeaban el filo de la legitimidad porque yo siempre he cuestionado la legitimidad de las sociedades.
Desde muy joven, experimenté o presencié revueltas, asesinatos, y no creí mucho en la legitimidad, por ejemplo, de los Estados Unidos de esa época. El sur de ese país era un feudo racista como Sudáfrica y me identifiqué mucho con los que peleaban por los derechos civiles.
Mi familia, de hecho, era muy progresista, ferviente seguidora de Martin Luther King. Cuando murió, nos afectó muchísimo.
Cien años de soledad
Gabriel García Márquez

Leí esta novela a los diecinueve años y me abrió los ojos. De hecho, no era un gran lector de ficción, pero cuando leí Cien años de soledad descubrí que era también la Latinoamérica que había olido y sentido, y desde una óptica que respeté porque también tomó la parte, sea como sea, de los marginados.
Entonces, comprendí que esto era como una novela, como un testamento a las historias no contadas de estos lugares. Yo había estado en la selva, en Perú, Ecuador y en Estados Unidos, y había encontrado personajes que hablaban de tremendas historias; sin embargo, eran testimonios de la historia viva y nunca se habían escrito.
Hijos y amantes
D.H. Lawrence

Me impactó en cierta época por el horror de la vida subterránea y por la forma en que escribía sobre las relaciones de una clase social distinta, normalmente no expuesta.
Me llamaban la atención los autores que se acercaban a mundos que, por lo general, no estaban expuestos, que tenían vida propia y que no habían pasado su existencia detrás de un escritorio. No podía comprender cómo no habían ido a la guerra en su época o no habían sido más aventureros.
El final del Affaire
Graham Greene

Greene era un tipo que, pese a ser inglés y de otra generación, rompía con sus privilegios y su clase y andaba en los márgenes, en la periferia de su mundo. Mientras Haití, Sierra Leona, Paraguay y el Congo se descolonizaban, él bordeaba el filo moral también y eso siempre me intrigaba.
Me interesaba que Greene intentara entender a los otros. En Cuba o en Haití no se quedaba en su burbuja. En ese sentido, encontraba en él a un escritor que miraba hacia la periferia del mundo que era el mío.
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