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Revista Diners
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Franz Kafka murió hace ciento dos años, un 3 de junio de 1924. Poco importa ya eso. Lo importante es que, poco antes de su muerte, estaba convencido de que nadie debería leer jamás una sola página suya. Creía que su obra no lo merecía. Le pidió a su amigo Max Brod que quemara todo: las novelas, los diarios, las cartas y los fragmentos sueltos garabateados en las noches de Praga. Brod desobedeció.
Y de esa negativa de su amigo emergió la figura de uno de los escritores que más se anticipó a nuestro tiempo y uno de los faros de la literatura contemporánea.
Un siglo después de esa desobediencia luminosa, el director David Schalko y el novelista Daniel Kehlmann se atrevieron a hacer algo que parecía imposible: no contar la vida de Kafka, sino habitarla como autores dentro de su propia cabeza. Lo hicieron recreando la ambientación de un siglo atrás, y a la vez invitando al espectador a meterse dentro de su cabeza a partir de la mirada fragmentada de las personas que mejor conocieron al escritor checo. El resultado es un crisol de miradas sobre una única figura.
Esta técnica literaria es la columna vertebral de Kafka, la miniserie austro-alemana de seis capítulos que apuesta por la creatividad narrativa y que que el canal Film & Arts estrenó el pasado 6 de agosto a las 8 p.m. (hora de Colombia) con la idea de romper las biografías convencionales.
Por cierto, cada episodio queda disponible en VOD (Video on demand) 24 horas despues de su estreno en lineal por Film&Arts en los principales cableoperadores de Colombia. A partir del 10 de septiembre queda completa en VOD (6 episodios).
Pero ¿cómo fue encontrar a Kafka cien años después para crear un viaje alucinante por la imaginación de uno de los escritores más perturbadores que ha existido?
(Siga leyendo: Franz, la película biográfica que redescubre al escritor Kafka)

La Revista Diners accedió a hablar en Austria con David Schalko y Daniel Kehlmann, director y guionista, respectivamente, de los seis episodios de 44 minutos que transforman la vida del autor de La metamorfosis, El castillo o El proceso en un territorio donde los hechos históricos se retuercen constantemente con la ficción.
David, si hubieras sido Max Brod, ¿habrías cumplido los deseos de Kafka de quemarlo todo o habrías salvado sus obras y sus diarios?
David Schalko: Es difícil de decidir. Cuando cuestionaron a su amigo Max por no cumplir la voluntad de Kafka, siempre enfatizó el punto de que el escritor sabía que nadie había amado su trabajo tanto como él, y que si se lo había pedido era porque sabía que sería incapaz de hacerlo. Brod salvó los manuscritos y los logró sacar de Praga antes de la invasión alemana.
¿Lo habrías hecho?
David Schalko: Uf. Dificil pregunta. Nadie me la había hecho nunca. Yo creo que habría hecho lo mismo que Brod: los habría salvado del fuego.
Daniel Kehlmann: Si eres consciente de que él es uno de los grandes escritores que existen, no puedes hacerlo. Kafka, contrario a lo que le pidió a su amigo Max Brod, le dio sus diarios a la periodista y escritora checa Milena Jesenská, la primera traductora de su obra al checo, con quien estableció un vínculo emocional profundo. Eso es raro, porque pidió que los libros no sobrevivieran, pero no pidió quemar los diarios, cuando estos tenían información sobre su vida que no le beneficiaba. Fue claramente ambiguo.

La serie es una especie de rompecabezas: fragmentada, cambia constantemente entre flashbacks y varias miradas. ¿Cuál fue el proceso de construir un guión de esta manera?
David Schalko: Al principio tuvimos conversaciones generales sobre la miniserie y definimos de qué trataría cada episodio: aclaramos hablar de la familia, de su oficina, de su amigo y sus amores, como una guía general. Luego, tras definir cada episodio, nos reuníamos y hablábamos de una idea o outline.
Daniel Kehlmann: Después de hablar con David del enfoque de cada historia, me encontré varias veces con Reiner Stach, el biógrafo oficial de Kafka, para revisar que todo lo que estábamos creando tuviera sentido. Ya con su validación, yo escribía el episodio, lo enviaba a David con notas y se lo daba a Reiner Stach para verificar si algo nuevo estaba mal. Lo corregía y cambiaba una vez más, y así de vuelta para más correcciones. Finalmente tuvimos reuniones con amigos de la TV.
David Schalko: Creímos que narrar su vida desde seis puntos de vista era la manera más clara de establecer una imagen completa de Kafka, porque cada visión depende del punto de vista del narrador de cada capítulo.
Además de la fragmentación, hay cambios frecuentes en el narrador. ¿Este quiebre narrativo está basado en algo que hallaron en Kafka o es un enfoque libre del guion?
David Schalko: Quisimos crear un Kafka completamente diferente al que todos conocen. No buscamos contar una crónica ni una historia convencional, sino una narrativa enfocada en la perspectiva que otros tenían sobre quién era Kafka. En ese proceso tuvimos que seleccionar en qué concentrarnos y nos dimos libertades a partir de toda la información que él dejó. Es importante mencionar que el segundo episodio es sobre su vida privada y cómo influyó en él, y cómo lo privado se une a su proceso de creación.

¿Cuánto tiempo tomó realizar una producción tan compleja?
Daniel Kehlmann: Es una pregunta compleja de contestar, porque fue un proceso de muchos pasos. De hecho, yo quería hacer esta historia años antes de llegar al proyecto. Pero desde que llegué, fueron casi diez años y, luego de empezar, tuvimos que repensarlo completamente. Tardamos casi dos años de escritura antes de empezar a grabar.
¿Qué lección nos ofrece la literatura de Kafka para estos tiempos extraños en que vivimos?
David Schalko: Él, en términos del mundo en que vivimos, vio la burocracia como una trampa antes que nadie más la viera. Hoy todos estamos atrapados en eso tan oscuro llamado “burocracia”. No es algo solo de la oficina de correos, sino que forma parte de todas las dictaduras y de todos los controles burocráticos de la vida de todos nosotros. Kafka lo vio como una posibilidad. Él estaba metido en su mundo, pero fue capaz de trascenderlo. Hoy, todavía todos vivimos en su mundo.
Daniel Kehlmann: Kafka fue muy moderno para sus tiempos. Era solitario, vegetariano y un hombre de pensamiento moderno para hace un siglo. Su literatura, estilo y estética reflejan un pensamiento para tiempos como el actual. Tomó contenidos de la pura realidad. Vio lo que seríamos.

¿Por qué deberíamos leer a Kafka? ¿Y, por supuesto, por qué deberíamos ver Kafka?
David Schalko: Podría responder en términos de hacer promoción al show, pero también es una respuesta honesta: tratamos de hacer algo que no he visto que otra gente haga: mostrar la mente de un artista en su trabajo. Partimos de la pregunta que tanto les hacen a los autores: ¿cómo consiguen las ideas? ¿De dónde vienen?
Así que abordamos esa pregunta seis veces durante 44 minutos para dar seis ejemplos sobre la vida de uno de los más grandes escritores.
Detalles de la miniserie
La miniserie Kafka de 6 capítulos centra cada episodio en una persona diferente, una relación distint y, por ende, en un nuevo aspecto de la vida kafkiana.
El primer capítulo, Max (6 de agosto), presenta a Max Brod como el hombre que lo comprendía; el amigo expansivo que creía ciegamente en el genio de Kafka cuando el autor checo no creía en sí mismo. Es también la presentación del Círculo de Praga, ese ambiente intelectual hirviente de comienzos del siglo XX que fue el caldo de cultivo de la sensibilidad literaria moderna.

Felice (13 de agosto) es la reconstrucción de una relación de amor construida casi exclusivamente a través de correspondencia, de acercamientos y rupturas, de las dudas de Kafka frente al matrimonio y su vida familiar. Culmina con la recreación del juicio del Hotel Askanischer Hof, donde Kafka se siente simbólicamente juzgado por Felice y su familia—una experiencia que inspira El proceso.
Familia (20 de agosto) es la excavación en el trauma fundamental: su padre, Hermann Kafka, cuya figura dominante marcó todo lo que el escritor sería. Aquí aparece la gestación de la célebre Carta al padre, que Kafka escribió pero nunca entregó..
Oficina (27 de agosto) narra la vida laboral de Kafka—su rol como abogado brillante en el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo y la transformación de lo burocrático en lo apocalíptico.
Milena (3 de septiembre) presenta a la traductora checa que comprendió a Kafka de una manera que Felice nunca pudo. Es un capítulo de apertura emocional y conexión intelectual profunda.
Dora (10 de septiembre) es la historia de su último amor, Dora Diamant, con quien experimentó por primera vez una convivencia relativamente feliz en Berlín, lejos de su familia. Es también la historia de su muerte, y del acto de desobediencia de Max Brod que salvó su obra del fuego.
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