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Revista Diners
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“Liadan Ní Chuinn nació en el norte de Irlanda en 1998. Firma sus obras con su seudónimo. Todos siguen aquí es su primer libro”.
Así de misteriosa y concisa es la biografía del cerebro detrás de este libro de cuentos que se publicó el año pasado en Reino Unido y este 2026 fue traducido al español por la editorial Feltrinelli.
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No hay foto, por supuesto, tampoco se sabe si es mujer u hombre y, a pesar de ese vacío de información, Ní Chuinn ha logrado críticas que califican su ópera prima como “el libro de cuentos del año” (The Guardian) y “un libro asombroso y verdaderamente nuevo” (The Sunday Times).
En Irlanda, Todos siguen aquí fue publicado originalmente por la revista literaria The Stinging Fly. Esta casa literaria asegura que, desde el comienzo del proceso, Liadan expresó su deseo de publicar su trabajo bajo seudónimo para proteger su privacidad. Además de la ausencia de fotografías, la editorial confirmó que Ní Chuinn no hará entrevistas presenciales ni participará en eventos públicos.
Este año, a propósito de la publicación en español del libro, algunos medios especializados como La Vanguardia de España han logrado entrevistar a Ní Chuinn a través de un cuestionario escrito por correo electrónico.
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“En mi experiencia, hay muy poca o ninguna comprensión de lo que hizo el ejército británico aquí: el internamiento, la tortura, los asesinatos, las redadas, los abusos; todo ello legitimado, incluso en los últimos años, como fuerzas británicas que ‘cumplían con su deber de forma digna y apropiada’”, aseguró Ní Chuinn en esa entrevista.
Los seis relatos de Todos siguen aquí justamente están unidos por las consecuencias que siguen teniendo en los habitantes del norte de Irlanda los llamados ‘Troubles’, el conflicto violento que duró cerca de 30 años y enfrentó a protestantes pro-británicos y católicos que buscaban la independencia nacional.
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Hijos, nietos y otros familiares de aquellas personas que sufrieron en primera persona las agresiones de miembros del ejército británico son los protagonistas de estas historias. Las 156 páginas están llenas de esos dolores que muchas veces no se mencionan en voz alta y que empiezan a cocerse a un fuego muy lento que termina oxidando a sus huéspedes.
“Hay palabras que nunca dirás, ni siquiera en susurros. ¿De qué sirve saber lo que son las cosas, lo que subyace a su apariencia? No es nada hasta que se dice. No es nada si no se nombra”, escribe Ní Chuinn, que ya desde el nombre del libro plantea esa añoranza infinita sobre las personas este conflicto desapareció.
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Los éxitos de escritores con seudónimos
Los llamados seudónimos son un recurso que la literatura ha usado durante siglos. Sólo basta con recordar a Homero, tan nombrado en estos días por La Odisea de Christopher Nolan. Los historiadores y académicos aún no han logrado confirmar si Homero, que se supone que vivió entre los siglos VIII y IX, fue una persona real o en realidad fue el nombre que asumió un grupo de personas que crearon en conjunto sus famosas historias.

Las teorías que lo describen como una sola persona usualmente lo definen como un poeta ciego de la tradición oral -fue por eso que La Ilíada y La Odisea se transmitieron oralmente y luego fueron transcritas por otras personas-.
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En los tiempos contemporáneos, el seudónimo más famoso es el de Elena Ferrante, la autora de La amiga estupenda, que The New York Times calificó en 2024 como la mejor novela de lo que va del siglo XXI.

Al igual que Liadan Ní Chuinn, Ferrante sólo acepta entrevistas por correo electrónico y en estas ha dicho que su identidad y su sexo se pueden encontrar en su escritura. Tal vez la certeza más importante es que la escritora nació y creció en Nápoles, ciudad que por supuesto es protagonista de su Tetralogía napolitana, compuesta por La amiga estupenda (2011), Un mal nombre (2012), Las deudas del cuerpo (2013) y La niña perdida (2014).
Entre los grandes clásicos sobresale Jonathan Swift, creador de Los viajes de Gulliver. En 1726, esta novela se publicó anónimamente bajo el nombre de Travels into Several Remote Nations of the World. De hecho, según recuerda The New York Times, Swift envió un emisario al editor Benjamin Motte, que, además del manuscrito, le entregó una carta supuestamente escrita por el primo de Gulliver.
Otro caso famoso de identidades paralelas para firmar obras fue el del poeta portugués Fernando Pessoa, que incluso creó un término muchísimo más poético para nombrar esta forma de creación: heterónimos. Cada una de esas más de 70 identidades, como Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis, tenía su propia personalidad y su propia manera de escribir.
También son recordados los casos de otros autores que publicaron algunos libros con otros nombres, como el genio del terror Stephen King, que usó el seudónimo de Richard Bachman; Samuel Langhorne Clemens, que puede parecer un nombre totalmente desconocido, pero en realidad es la identidad real del célebre Mark Twain, y Charles Lutwidge Dodgson, otro nombre muy poco popular, quien para separar su trabajo académico de su actividad creativa usó el nombre de Lewis Carroll, con el que firmó obras inmortales como Alicia en el país de las maravillas.

En esa línea de seudónimos para explorar otros géneros también se inscriben Agatha Christie, quien escribió seis novelas alejadas de sus famosos misterios con la firma de Mary Westmacott, y la controversial J.K. Rowling, creadora de la saga Harry Potter, quien, para publicar una serie policiaca protagonizada por el personaje de Cormoran Strike usa el nombre de Robert Galbraith.
Esos nombres de otro género también sirvieron para que algunas mujeres lograran derribar los prejuicios del machismo literario: Mary Ann Evans se cobijó con el seudónimo George Eliot y logró convertirse en una de las plumas más destacadas de la época victoriana, mientras que las hermanas Brontë -Charlotte, Emily y Anne- publicaron bajo los nombres de Currer, Ellis y Acton Bell. En 1847, Charlotte lanzó la famosa novela romántica Jane Eyre.

Recientemente, se dio un caso totalmente contrario, pues tres escritores españoles, Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, firmaron varios libros con el seudónimo de Irene Solá. Cuando en 2021 su libro La bestia ganó el Premio Planeta de Novela, se reveló la verdadera identidad detrás de la supuesta profesora de instituto que escribía en secreto.
Esa estrategia, que tiene más de mal gusto que de ingenio publicitario, provocó que librerías como Mujeres & Compañía, especializada en literatura escrita por mujeres, decidiera no vender más los libros de Mola.