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Revista Diners
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En los versos del músico y compositor colombiano Héctor Ochoa (1934-2026) se entreteje una poesía que da sentido a la cotidianidad. Una de sus obras más representativas, “El Camino de la Vida”, describe con exactitud y belleza qué pasa por las mentes y los corazones de las personas con cada momento de su existencia y también en la búsqueda de ‘esa felicidad tan anhelada’.
“Fue un poeta de lo cotidiano, un poeta de la vida y musicalizó unos textos hechos por él muy bellos. Y la música que utilizó, tiene mucho que ver con la tradición de tríos”, explica el director de la Filarmónica de Música Colombiana de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, Jorge Andrés Arbeláez.
Con respecto a las letras de sus composiciones, el director destaca que el maestro Ochoa puede estar inscrito en la línea de compositores como el también colombiano Jaime R. Echavarría, “compositor de esa obra preciosa ‘Cuando voy por la Calle’ o de Armando Manzanero con ‘Esta tarde vi llover’”
De igual manera, según Arbeláez, la influencia de los tríos mexicanos de cantantes seguramente jugó un papel preponderante en el maestro. “El maestro nació en 1934, es decir, en los 50, a sus 15 o 16 años cuando creó el trío llamado el Trío de Oro, así que lo teníamos cantando ese repertorio de la época. Especulando un poco, lo puedo ubicar en el terreno de agrupaciones históricas como el Trío San Juan, de Johny Albino, y Los Panchos, tríos que con toda seguridad se escuchaban mucho por aquí”.
“Y como la música de Héctor Ochoa es romántica y está inspirada en ese tipo de agrupaciones de tríos, en ella encontramos armonías características de esa sonoridad del bolero en trío de requinto y dos guitarras y también armonías y estructuras formales características de la canción inspirada en los aires más característicos de la zona andina colombiana: pasillos, vals, bambucos y danzas criollas, por ejemplo”, explicó el maestro Arbeláez.
Para hablar un poco más de la cuna musical de este destacado compositor colombiano, cabe anotar que es el hijo de Eusebio Ochoa, contrabajista y parte del grupo La Lira Antioqueña, que fue el primero que interpretó el Himno Nacional, junto a Leonel Calle. Seguramente un joven Héctor se cruzó por las lecciones de solfeo y cotrabajo que su padre impartía en Medellín, todo un pionero en la creación de una escuela de música clásica en esa ciudad.
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El cancionero de Héctor Ochoa
Se calcula que durante su vida, el maestro Héctor Ochoa compuso al menos 120 canciones con diferentes ritmos de la música andina colombiana. Bambucos, pasillos y valses integran el repertorio de este prolífico compositor que amó la palabra y quien le cantó a la vida, al amor a su tierra querida, Antioquia y a Colombia. “El camino de la vida”, elegida por sondeo como la canción colombiana del siglo XX, “Tú, lo mejor de Todo”, “Muy Antioqueño”, “Pase lo que Pase”, “Una serenata para ti”, “El amor no acaba”, “Aprendiendo a vivir” y otros importantes temas conforman este cancionero.
“Pase lo que pase”, es otra composición célebre del maestro que da cuenta del amor que supera todo y que pasa todas las pruebas de la vida. Con ella se puede aprender de resiliencia, pues “pase lo que pase, una rosa nace en cada mañana”.
Hace once años, en el programa Habla la Experiencia, de Teleantioquia, el maestro Ochoa dio una entrevista en la que resumió su vida y obra.
La música colombiana, más vigente que nunca
Una discusión que surge, sobre todo con el advenimiento de nuevos géneros musicales y el auge de ritmos de todo lado que llegan con las plataformas, es la supervivencia de la música típica de la región andina colombiana: los boleros, pasillos, bambucos y demás.
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En este punto, el director de la Filarmónica de Música Colombiana, Jorge Arbeláez asegura que recientemente, el autor John Jairo Torres De La Pava publicó el libro “Las músicas andinas colombianas en los albores del siglo XXI”. “El autor propone un inventario parcial de producciones discográficas de músicas andinas colombianas publicadas entre 1990 y 2018. Si tomamos los datos del siglo XXI, entre 2000 y 2017 se tuvieron 757 producciones discográficas y un promedio de 42 discos al año”, asegura.
“Esta música está muy viva y latente entre los jóvenes. Puedo dar fe y constancia de los muy buenos compositores que están dedicados a esta música, a crearla, a recrearla, a enseñarla y de las agrupaciones de muy buen nivel que tiene el país”. Esta es una de las músicas que tal vez por no ser tan pegada como la música de la industria del entretenimiento tiene unas libertades compositivas que otras no. De manera que aquí hay unos desarrollos del lenguaje sobre todo en el mundo instrumental muy importantes.