Foto: cortesía de Rolex
junio 22, 2026
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Rolex Oyster: cien años del reloj que cambió la historia del tiempo

Rolex celebra los cien años del Oyster, el reloj que redefinió la relojería moderna y convirtió la resistencia, la precisión y la elegancia en una misma idea de tiempo.
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Revista Diners
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Hay relojes que miden el tiempo y otros que terminan definiéndolo. Hace cien años, en 1926, Rolex presentó el Oyster, el primer reloj de pulsera hermético de la historia. No era solo una innovación técnica: era una declaración de modernidad. Mientras el mundo avanzaba hacia una nueva era de velocidad, exploración y progreso industrial, Hans Wilsdorf entendió que el reloj de pulsera se debía convertir en el símbolo de ese espíritu. Un siglo después, el Oyster sigue vigente y, además, continúa siendo el corazón de una de las grandes leyendas de la relojería contemporánea.

Rolex
El primer Oyster, que se lanzó en 1926, tenía una caja hermética protegida mediante un sistema de bisel, fondo y corona enroscados a la carrura. Foto: cortesía de Rolex

La celebración de este centenario no es menor. Rolex conmemora los cien años de su creación más emblemática con una edición especial del Oyster Perpetual 41 y con una reflexión sobre todo aquello que el Oyster ha representado: precisión, resistencia y una búsqueda de excelencia a lo largo de varias generaciones.

Cuando Hans Wilsdorf imaginó el Oyster, el reloj de pulsera aún luchaba por ser tomado en serio frente a los relojes de bolsillo. Su ambición era revolucionaria: crear una pieza compacta, capaz de alcanzar la precisión de un cronómetro marino y, además, que resistiera el mundo exterior. Wilsdorf encontró la solución en 1926, con una caja hermética protegida mediante un sistema de bisel, fondo y corona enroscados a la carrura. El nombre Oyster —‘ostra’ en inglés— evocaba justamente esa capacidad de aislamiento frente al agua y el polvo.

Esta innovación cambió para siempre la historia de la relojería. Cinco años más tarde, Rolex reforzó el concepto con otro avance: el rotor Perpetual, un sistema de cuerda automática que aprovechaba el movimiento natural de la muñeca para alimentar el reloj. Preciso, autónomo y resistente, el Oyster Perpetual se convirtió entonces en el molde sobre el que la firma construiría algunos de los modelos más importantes del siglo XX.

De esa matriz surgieron piezas como el Explorer, nacido del espíritu de las expediciones; el Submariner, inseparable del universo submarino; el GMT-Master, diseñado para la era dorada de la aviación comercial; el Cosmograph Daytona, ligado al automovilismo, y el Yacht-Master, asociado al mundo náutico. Cada uno respondió a necesidades concretas, pero todos compartieron la misma esencia: la idea de que un reloj debía ser una herramienta capaz de acompañar al ser humano allí donde el desafío fuera mayor.

Rolex
A partir del Oyster Perpetual, Rolex construyó icónicos modelos como el Explorer, el Cosmograph Daytona, el GMTMaster, el Submariner y el Yacht-Master. Foto: cortesía de Rolex

Rolex comprendió muy pronto que la verdadera legitimidad no se obtenía en los talleres, sino en la vida real. Hans Wilsdorf lo resumía como “la prueba de todas las pruebas”. En 1927, apenas un año después del nacimiento del Oyster, la nadadora británica Mercedes Gleitze atravesó el canal de la Mancha llevando uno de estos relojes en su travesía. Tras horas expuesto al agua fría y salada, el Oyster continuó funcionando perfectamente. La hazaña se convirtió en uno de los episodios fundacionales de la narrativa de Rolex.

Desde entonces, el Oyster ha acompañado expediciones científicas, aventuras extremas y exploraciones en algunos de los lugares más hostiles del planeta. Pero también ha estado presente en la muñeca de artistas, deportistas y visionarios cuya influencia excede el ámbito relojero. Rolex ha construido así una identidad en la que la excelencia técnica se entrelaza con la cultura, el deporte, la exploración y el cuidado medioambiental.

(Le puede interesar: Un siglo del Oyster: los nuevos relojes que reinterpretan el tiempo)

Para celebrar este aniversario, la marca suiza presenta una edición conmemorativa del Oyster Perpetual 41 que funciona como un puente entre pasado y futuro. La pieza aparece en versión Rolesor amarillo —combinación de acero Oystersteel y oro amarillo—, que evoca algunos de los primeros Oyster de la historia. Sobre la esfera se destacan detalles verdes, color emblemático de Rolex, en tanto que el número “100” aparece grabado en la corona y la inscripción “100 years” sustituye discretamente al tradicional “Swiss Made” a las seis en punto.

Más allá de los guiños estéticos, esta edición simboliza otra evolución importante: el fortalecimiento de la certificación Superlative Chronometer, uno de los estándares de calidad más rigurosos de la industria. A partir de 2026, Rolex incorpora nuevos criterios relacionados con la resistencia al magnetismo, la fiabilidad y la sostenibilidad, que se suman a las exigencias ya existentes de precisión, hermeticidad, autonomía y rendimiento del sistema automático.

La palabra “Superlative”, inscrita en las esferas de los Oyster, resume mejor que ninguna otra la filosofía de la marca. No se trata únicamente de fabricar relojes precisos, sino de perseguir en forma permanente un ideal de perfección. Ese empeño explica también las más de 700 patentes registradas por Rolex desde su fundación y la integración casi total de sus procesos productivos en Suiza, desde la fundición de aleaciones hasta el ensamblaje final.

La celebración del centenario incluirá además “Oyster Story”, una gran exposición itinerante que debutará en Shanghái hasta el 28 de junio de 2026. Allí convivirán relojes históricos, piezas de colección, instalaciones inmersivas y relatos de las personalidades que han marcado el legado del Oyster. Más que una retrospectiva, será una manera de comprender cómo un objeto concebido para resistir el tiempo se terminó convirtiendo en uno de sus símbolos más perdurables.

Pocas creaciones industriales pueden presumir de haber atravesado un siglo manteniendo intacta su relevancia. El Oyster lo ha conseguido porque nunca fue únicamente un reloj. Ha sido un manifiesto de innovación, una herramienta de conquista y un emblema cultural. Un siglo después de su nacimiento, la visión de Hans Wilsdorf sigue latiendo en cada Oyster: la convicción de que el futuro les pertenece a quienes se atreven a imaginarlo antes que nadie.

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