Revista Diners
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La capital del país volvió a convertirse en una vitrina para el lujo colombiano a través de textiles, confecciones e historias capaces de narrar un país durante tres días. El encuentro de marcas y diseñadores no solo presentó colecciones, también reflejó la trayectoria, la historia y la evolución de la industria nacional mediante pasarelas, conversatorios y una tienda multimarca en Bogotá Fashion Week 2026, en el edificio Ágora.
Desde la trayectoria de Francesca Miranda, la teatralidad de Old Maquiina y la versatilidad de Camilo Álvarez, hasta el impulso colectivo de Puente, la alianza entre GEF y Alejandro Crocker o la fuerza por parte del colectivo urbano, las pasarelas del quinto piso del Ágora volvieron a construir un panorama diverso de la moda nacional. Fuera de presentar nuevas colecciones, el evento organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá funciona como una plataforma de circulación internacional para las marcas participantes.
“Es una plataforma de desarrollo empresarial con vocación internacional. Nueve ediciones nos han enseñado que el diseño colombiano tiene todo para competir en los mercados más exigentes del mundo”, afirmó José Ovidio Claros, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Bogotá.
Bogotá Fashion Week volvió a abrir sus puertas al público general en una edición que reunió a más de 31.500 asistentes entre el 12 y el 14 de mayo. Más allá de las pasarelas, la novena edición también consolidó su dimensión comercial e internacional con más de 1.100 citas de negocio entre marcas y compradores provenientes de 25 países, como Estados Unidos, Francia, Emiratos Árabes Unidos, Grecia y Portugal.
Aunque las pasarelas continúan siendo el rostro más visible del evento, la programación también se extendió hacia los espacios comerciales y académicos del recinto. En el tercer piso de Ágora Bogotá, la tienda multimarca reunió cápsulas de las firmas participantes bajo un formato shop in shop, acompañado de sesiones abiertas de styling realizadas diariamente. El espacio registró más de 226 millones de pesos en ventas para el diseño local. Paralelamente, la agenda de conversatorios reunió a 84 panelistas en 24 espacios de discusión alrededor del trabajo con comunidades, el crecimiento de marca y las transformaciones digitales de la industria de la moda.
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Martes 12: un viaje, reivindicación y teatro
La primera muestra de lo que ocurriría en el último piso del recinto inició bajo el ritmo tropical de una radio: el comienzo de la colección El viaje, de Sixxta.
Con la expectativa de inaugurar la pasarela del quinto piso del Ágora de Bogotá, los diseños de Sixxta propusieron, como el nombre de su colección, un viaje. Alejado del concepto de playas y ciudades costeras, el recorrido de la marca santandereana evocó un recuerdo común: el trayecto para conocer el mar. De ahí surge la inspiración, un camino acompañado al compás de salsa y merengue típicos de la radio, que guiaban el paso del denim, los estampados coloridos como paisajes de carretera y los íconos del sol. Sin embargo, no solo se trató del recorrido, sino también de la esencia de esa llegada al mar mediante cortes y siluetas holgadas.

Si se habla de moda bogotana, los sectores del Restrepo y San Victorino deben entrar en la conversación. Con su quinta entrega, el colectivo Puente, que busca articular la moda entre fabricante y diseño, hizo parte del evento con las marcas Alanna, + Cincuenta y Siete By Love Me Jeans, Lorant & Co., Cardiaca, Mónica Fonnegra y Day Moda Sostenible. Pese a no seguir una misma línea de materiales como en entregas pasadas —el denim en El Madrugón o el cuero en Tinto Veci—, la propuesta destacó la vivencia diaria del habitante de Bogotá mediante juegos de siluetas, superposición de elementos y cortes adaptados al ritmo cotidiano de la capital.
El paso al performance en la pasarela llegó de la mano de Old Maquiina y La Fiesta, quinto capítulo de su universo creativo. Más allá de respuestas, la colección planteó preguntas sobre quiénes asistieron, qué ocurrió o incluso dónde sucedió.
En un ambiente teñido por luces rojas, el concepto de desaparición tras una fiesta incierta marcó la entrada de la primera modelo, quien avanzó con movimientos lentos y se detuvo a mitad de la pasarela mientras el sonido de un piano calmado aumentaba su intensidad hasta perderse en un frenesí; así se dio paso a los modelos restantes, quienes se transformaron en lo invitados del festejo.
Como materialización del misterio, los rostros de los modelos estaban cubiertos por transparencias rojizas, blancas y negras, en contraste con camisas y vestidos vaporosos junto a piezas de alto relieve.

Con un cambio de luces, el cielo del recinto volvió a teñirse de carmesí y la única modelo en pasarela, cubierta de blanco con una marca de beso en labial rojo, terminó su caminata al sonido de la angustia humana. Sin embargo, ese no fue el final del capítulo: los destellos blancos regresaron y con ellas el despliegue final de prendas voluminosas en tonos verdes, esta vez sin transparencias en los rostros, sino cascos de cristal.
Las narrativas del primer día no quedaron solo en el teatro. También tocaron una de las fibras más íntimas del deseo colombiano: una casa. Con Techo, La Petite Mort presentó las partes para construir un hogar. El origen del concepto es claro: la lectura de ‘Casa campesina: Arquitectura vernácula de Colombia’, el cual llegó a las manos de los creativos por medio de un campesino, sumado al acceso a tejidos de los años setenta de Indulana —empresa textil colombiana ya desaparecida—, dio inicio a diez meses de trabajo para desarrollar la colección.
El traslado de la textura del bahareque al estampado de un blazer, el texturizado de costales con flecos y la inspiración en paredes de tapia y tejas quebradas como símbolos de memoria reconstruyeron la sastrería de la marca a partir del recuerdo de la arquitectura del pasado. Así, abrigos y camisas evocaron pisos y fachadas de casas tradicionales para cerrar la primera noche.
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Miércoles 13: sensibilidad, versatilidad y unión
Una segunda piel apareció con la propuesta De aves y estrellas, de Lyenzo. Con un inicio armonizado por notas de violín, la primera modelo salió sola entre luces tenues, vestida de negro y con velo. Durante esos instantes de silencio, el origen de la colección comenzó a revelarse: el cuidado en soledad atravesado por la experiencia de la diseñadora María José Sanabria con la rosácea.
El final de aquella primera caminata en tonos azabache abrió un universo que no teme mostrar la vulnerabilidad al ritmo de un synth pop melancólico. Tops, chaquetas, corsets y vestidos asimilaron texturas, relieves y estampados de rosas como una nueva dermis, evocando la experiencia de la creadora con la condición que enrojece la piel y genera manchas y distintos relieves —como aves y estrellas— sobre el rostro. El tránsito entre vulnerabilidad y aceptación quedó marcado también por la paleta cromática: negro, marfil, rosa y rojo construyeron una ruta entre el cuidado en soledad y la aceptación. El cierre culminó con la salida de la diseñadora de la mano de su familia y equipo de trabajo.

Dejando de lado el apartado más emotivo, la cuota satírica de la segunda noche de Bogotá Fashion Week llegó con Camilo Álvarez. El diseñador paisa, con 18 años de trayectoria, debutó en la capital con Miércoles 10 A.M. a través de un infomercial. Mediante una comedia particular, el creativo construyó una propuesta centrada en la versatilidad y la practicidad, en contraste con los códigos de la televenta masiva. Además, presentó el modulástico, un accesorio diseñado para transformar la prenda según el usuario: ajustar mangas o modificar la silueta.
La propuesta de Álvarez respondió a la versatilidad desde todos sus frentes. El denim funcionó como material principal, acompañado de tonos oscuros y piezas de algodón en amarillos y violetas. A la par, su universo creativo parte de una figura central: el rectángulo, forma que atraviesa el patronaje con el objetivo de reducir desperdicios textiles.
Junto al diseñador paisa, la marca SAÁG presentó punto aparte al ritmo de “Nemesis”, de Benjamin Clementine. La propuesta expuso una evolución dentro de la marca, anteriormente conocida como Arte Estampado, a través de volúmenes, tensiones textiles y exploraciones gráficas. La creatividad de Santiago Cortés, mente de SAÁG, se impuso mediante siluetas disruptivas presentes en los diez conjuntos de la colección.

Pese a ser apenas el segundo día del evento, la noche del 13 de mayo quedó en la historia de la moda latinoamericana con la fusión entre la producción masiva de GEF y el diseño de autor de Alejandro Crocker. El hito no radica únicamente en la unión entre marcas de mercados distintos, sino en Transparencia, la colección desarrollada a partir de prendas de proyectos pasados de GEF, donde la única compra realizada fue aguja e hilo para construir cerca de 1.500 piezas remanufacturadas.
La pasarela trasladó esa idea al terreno visual desde el primer momento. Bajo luces índigo y al ritmo de “Nada Personal”, de Soda Stereo, las primeras siluetas aparecieron construidas a partir de paneles reconstruidos, costuras expuestas y parches visibles. El denim se convirtió en eje de una narrativa sobre segundas oportunidades: jeans archivados reaparecieron transformados en faldas, shorts, jhorts, abrigos oversize y chaquetas amplias. A medida que avanzó la pasarela, los lavados claros evolucionaron hacia tonos oscuros mientras sonaban clásicos del rock latinoamericano como “Tren al Sur”, de Los Prisioneros, y finalmente una versión lírica de “Persiana Americana” interpretada en vivo por Dolores Te Canta.
Jueves 14: fuerza, mujer y trayectoria para el cierre de Bogotá Fashion Week 2026
Con tres marcas compartiendo el espacio, hacia las 7:30 p. m. las miradas estaban puestas en la última jornada de Bogotá Fashion Week. El trío de propuestas tuvo algo en común: la caída de accesorios —como apliques metalizados y plumas— sobre la pasarela.
El inicio llegó con Umbral, de Melissa Valdés, donde cortes asimétricos, movimiento y textiles pesados intervenidos con adornos metálicos en tonos plata y oro evidenciaron una propuesta en la que el proceso permanecía visible dentro de cada prenda.

La siguiente salida estuvo a cargo de Pitbullying con Sin mirar a los lados, una apuesta de streetwear premium que trasladó el cuero y el denim hacia un imaginario urbano con el arquetipo del caballo ganador. Acompañada por beats y una paleta oscura atravesada por tonos caramelo, la colección se consolidó como la más callejera del trío con una marcada esencia varsity tee, contando con una interpretación en vivo de la rapera Kei Linch con el sencillo ‘Rastros de rosa’.
El cierre del colectivo quedó en manos de Outcasters, propuesta de C’emadier atravesada por contrastes de texturas y siluetas relajadas, donde los conjuntos de gran volumen destacaron en el recorrido final.
En sintonía con la última pasarela, el cierre de la novena edición de Bogotá Fashion Week coincidió con los 25 años de la marca Francesca Miranda y su colección Halo. La atmósfera se construyó desde los detalles: una luz cenital sobre la pasarela, una modelo emergiendo entre el público y una melodía electrónica marcaron el inicio. La paleta —aguamarinas, crudos y grises interrumpidos por acentos rojos— reafirmó el dominio del trabajo textil y la construcción de siluetas.

Las faldas en movimiento, el brillo sobre los textiles y los flecos acompañaron un recorrido donde cada salida respondía al gesto del cuerpo. Con origen en Barranquilla, Francesca Miranda ha construido durante 25 años un lenguaje atravesado por la feminidad contemporánea y el lujo colombiano. Bordados intrincados y capas ligeras reforzaron la relación entre estructura y fluidez.
El momento culminante llegó con la última salida: un vestido blanco de velo extenso que remitía al universo nupcial de la marca. El regreso de todos los diseños transformó la pasarela en una celebración colectiva, cerrando la semana con una imagen en la cual oficio, memoria y sofisticación coexistieron bajo una misma luz.
Para cerrar la noche de manera oficial, el último piso del Ágora Bogotá se llenó de espejos, música colombiana contemporánea y un público que terminó bailando sobre la misma pasarela.

