Revista Diners
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Acompañada de los respetados actores Carlos Manuel Vesga y Rafael Zea, la directora María Adelaida Palacio presenta «Por una nariz», una obra de teatro con un humor ácido. Esta pieza inspirada en el dramedy de Mattieu Delaporte y Alexandre de la Patellière, se lleva acabo en el escenario del Teatro Nacional Calle 71 para brindar un momento de risa.
«Por una nariz» presenta a un presidente electo, quien, horas antes de su discurso de posesión, enfrenta una crisis inesperada: una picazón insoportable en la nariz, que le provoca muecas ridículas que amenazan con convertirlo en el hazmerreír nacional. A través de una sesión terapéutica que se convierte en un enfrentamiento constante, la obra expone cómo la política también puede ser una escena marcada por traumas, ego y necesidad de aprobación.
Actualmente, Por una nariz se presenta en el Teatro Nacional Calle 71. Las funciones son los jueves y viernes a las 8:30 p. m., y los sábados a las 6:00 p. m. y 8:30 p. m., hasta el primero de agosto. En conversación con los actores Carlos Manuel Vesga y Rafael Zea, hablaron sobre sus inspiraciones y los retos que implica hacer comedia.

¿Cómo fue el proceso de construcción de sus personajes y qué los llevó a decidir cómo debían interpretarlos en escena?
Carlos Manuel Vesga: Yo he hecho psicoterapia, he sido paciente, y eso me llevó a recordar distintos estilos de terapeutas según el enfoque: comportamental, psicoanalítico, etc. En el caso del psicoanálisis, por ejemplo, el terapeuta busca no influir en el paciente, y por eso a veces parecen personas frías o sin empatía, pero en realidad es todo lo contrario: están evitando intervenir en la experiencia del otro.
También volví a ver una serie que me encanta, In Treatment, de HBO, donde cada capítulo es una sesión de terapia. Ese terapeuta me ayudó mucho a encontrar el piso del personaje.
Pero también debo decir que mi personaje es lo que es gracias a mi compañero de escena. Rafa lo ha enriquecido muchísimo; casi el 50% lo pone él. Ahora me lo atribuyen a mí, pero en realidad su trabajo también define mucho lo que hago.
Rafael Zea: Para mí es muy interesante este proceso porque mi instinto me llevaba por un camino, pero aquí terminé yendo por otro, guiado por la dirección y la puesta en escena. Eso lo hace muy enriquecedor, porque te desestabiliza.
En mi caso no ha sido tanto un proceso de investigación. Sí he escuchado radio y visto noticias, pero ha sido sobre todo un trabajo en escena, porque somos solo los dos, y estoy recibiendo constantemente las indicaciones de la directora.
Más que investigar, ha sido dejar que el proceso se vaya construyendo en el hacer. Al principio el personaje estaba muy perdido, no terminaba de definirse, hasta que poco a poco fue apareciendo. Y eso ha sido posible gracias a Mara y a Carlos, que han sido claves en su construcción.
¿Cómo ha influido la coyuntura política actual en la construcción de la obra o de sus personajes?
Rafael Zea: No ha sido un gran trabajo de investigación. Solamente tienes que prender el televisor, meterte a las redes, y te están bombardeando, por la época en la que estamos. Nos dan demasiado material; los políticos están demasiado activos, “regalándose” a su público, haciendo cosas que ni siquiera uno, cuando está creando o proponiendo algo, imaginaría.
Uno cuando propone cosas, a veces propone cosas estúpidas, ridículas, para ver si le llega algo, pero es que ellos nos están ganando. Si yo propongo algo como “me voy a aparecer con un pollo en la cabeza”, ellos al otro día salen con una iguana enrollada en el torso. Entonces lo están haciendo muy bien en términos de espectáculo, de anuncio, de material político.
Carlos Manuel Vesga: Lo que pasa es que mi personaje generalmente está en la tras escena. Es el personaje que no se ve, pero que está jalando los hilos del títere. Y entonces, históricamente, claro, ahí se conocen —no quiero nombrar personas—, pero se conocen ese tipo de asesores que están detrás del político, que están definiendo su discurso, la forma del discurso, toda la parte visual, física, de cómo debe manejarse todo esto.
Entonces fue más como tener esas personas en la cabeza, saber de la existencia de esas personas y tener muy consciente que esas personas existen, que lo que uno termina viendo en el afiche o en un podio dando un discurso es el trabajo de otras personas que han moldeado a esa persona que uno ve.
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¿Cómo abordaron la adaptación de esta comedia francesa para construir el personaje político sin caer en la caricatura, sino llevándolo a un tono más cercano y propio?
Carlos Manuel Vesga: Creo que hay cosas que enriquecen mucho de la visión francesa de la política y de la personalidad del francés, entre comillas. Una persona que uno tiende a pensar tradicionalmente que es como arrogante o subida, pero me parece que tienen un sentido del humor muy bueno y muy seco; tienen una forma muy directa de decir las cosas, de enfrentarte y decirte “estoy molesto contigo de esta manera”, se exasperan y todo eso. Y eso enriqueció muchísimo el proceso.
Pero también se hizo un trabajo de aterrizar esto en nuestro escenario político y en nuestras personalidades colombianas, que son diferentes, son otra cosa. Van a ver —sin decir demasiado— algo muy bonito que creo que tiene la obra. Realmente se hizo un trabajo muy cuidadoso de aterrizar esto en nuestro país y en nuestras personalidades, conservando cosas maravillosas que tienen los franceses.
Rafael Zea: Hay cosas que cuando uno está en escena le dicen: “no, ya no propongas eso, eso ya no existe”, cuando uno propone cosas muy creativas o muy exageradas. “No, por acá no pasa eso”. Pero los políticos nos han dado muchos ejemplos, es como si no hubiera límite. No hay límite para esto, no ha habido límite de verdad para todo lo que hemos visto, y eso nos ha servido para terminar donde terminamos en la obra: la ridiculez.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con la directora?
Rafael Zea: Yo lo pienso porque justo ayer tenía una conversación con ella, pero no sé qué tan interesante sea porque es algo muy personal. Pero, por mi estilo de trabajo, por decir así, yo iba hacia un camino y María Laida me ha llevado por otro.
Por eso, para mí ha sido tan enriquecedor esto, porque si hago lo que ya estoy acostumbrado a hacer, pues está bien, no está mal, pero acá ha sido un gran aprendizaje. Hace un momento me quedé pensando: “pero ¿cómo llego a lo que ella me está pidiendo?”. Y en realidad para mí eso es lo maravilloso de mi oficio: que alguien podría pensar que uno, con tantos años de experiencia, ya llega más rápido y no. Siempre es un proceso diferente.
Acá para mí ha sido muy difícil, pero ha sido un ejercicio brutalmente maravilloso trabajar con María Laida, porque somos muy diferentes con Carlos, y eso es como llenar todavía más mi «piscina» creativa.
Carlos Manuel Vesga: Trabajar con María Laida es una maravilla. Yo la conocía a la distancia, digamos desde el público, viendo sus montajes, sus obras. Me parece que su dramaturgia es maravillosa y su trabajo como directora es superlativo.
Había sido un pendiente tanto trabajar con ella como con Rafa; eran dos personas con las que desde hace mucho tiempo quería trabajar, y era como tacharlos de la lista, ponerles el chulito. Y ha sido mucho más de lo que pude haber esperado.
¿Cómo abordan el trabajo en la comedia, un género tan complejo, y cómo construyen un tipo de humor que conecte con el público?
Carlos Manuel Vesga: La comedia me parece que es el género más difícil de todos. La gente que es buena para la comedia me parece que son genios de otro nivel. La comedia tiene muchos peligros, pero también tiene ventajas. Por ejemplo, es el único género en el que tú sabes inmediatamente si la embarraste o si está funcionando, porque si tú echas un chiste y la gente no se ríe, claramente eso no está funcionando. Pero eso también es duro cuando funciona.
La comedia tiene un peligro para nosotros los actores, y es que nos encanta cuando la gente se ríe, y nos podemos enloquecer, perder el contexto entero. Entonces nos enganchamos a hacer reír a la gente, la gente se ríe, se ríe, y de pronto la trama de la obra se puede ir al carajo.
Entonces es un ejercicio, es una navaja de doble filo: no engolosinarse con la risa, pero también gozársela cuando sucede.
Rafael Zea: Tu risa no es la misma que la mía, y ahí vuelvo a eso: yo ni siquiera sé cuál es la mía. Sé por dónde me ha ido bien y por dónde me gusta ir, pero esta vez la directora me decía: “tranquilo, confía en el texto, no tienes que hacer más”.
Y para un actor como yo eso es difícil, porque el instinto le dice a uno “haga esto, haga lo otro”, mientras acá todo era confiar solamente en el texto.
Pero ha sido maravilloso, porque me ha obligado a enfrentarme a otra forma de trabajar. Incluso hace poco, ensayando con Carlos, sentí finalmente: “es por acá”. Y encontrar eso, incluso días antes del estreno, ha sido brutalmente maravilloso.


