Revista Diners
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Juan Guillermo García sabía que en algún momento su nombre entraría en la lista de despidos de su organización. “Yo llevaba un buen tiempo acelerando mis inversiones inmobiliarias porque había visto salir a más de 1.500 personas. Cuando despidieron a mi jefe, me quedó claro que nadie se iba a salvar”, comenta sobre ese terremoto laboral que afectó a muchos compañeros con los que compartió gratos momentos durante casi dos décadas en una empresa de seguros.
Pero tener conciencia de que el despido solo era cuestión de tiempo no fue suficiente para que García pusiera en cintura sus finanzas. Entrenador personal, suplementación alimenticia, múltiples suscripciones a plataformas de streaming que nunca usaban, cuantiosas deudas de tarjeta de crédito y seguros por más de $7 millones mensuales se habían convertido en una rutina de gastos. El dinero entraba y volvía a salir en cuestión de días.
Hasta que un día, a mediados del 2025, llegó el momento de la verdad. Con su carta de despido en la mano, la familia no tuvo otra opción que sentarse a desnudar los gastos del hogar.
Cómo simplificar la vida
Los expertos repiten que la base de unas finanzas sanas es la simplificación del gasto, es decir, eliminar todo aquello que se considera suntuario e innecesario para tener una buena calidad de vida. ¿Qué rubros entran en esta lista? Aspectos como la cuota del club, salidas a comer, suscripciones a televisión por streaming, Spotify y YouTube son algunos de ellos.
“Yo tenía claro que con mi liquidación podíamos vivir casi un año sin modificar nuestros gastos e incluso dos si hacíamos ajustes en nuestro estilo de vida para cubrir únicamente lo más importante: colegios de los niños, póliza de salud, vivienda más austera y los gastos básicos del hogar”. Así se lo planteó a su esposa, que solo se opuso a dos cosas: renunciar a la empleada de tiempo completo y vender el apartamento que apenas comenzaban a disfrutar.
“Tuvimos que negociar, ponernos de acuerdo en cómo distribuir las labores domésticas y la atención a los niños. Al final, ella cedió y desde el año pasado solo tenemos a la empleada dos veces a la semana”.
Negociar el tema del apartamento fue más complejo. “Me tomó tres meses convencerla de que era mejor vender. Ahora vivimos en arriendo en un apartamento más viejito, pero a unos costos muy razonables, y logramos salir de deudas”.
García lleva más de ocho años invirtiendo en inmuebles sobre planos y vendiendo con rentabilidades muy atractivas. Ese modelo, sin embargo, le exige mantener un alto nivel de endeudamiento y bajos niveles de caja, por lo que su primera decisión crítica al ser despedido fue vender parte de esos inmuebles para pagar las deudas y liberar liquidez.
Sus inversiones le garantizaron un colchón financiero que, sumado a la liquidación, le han permitido evaluar con cabeza fría las opciones laborales. “Cada día que pasa me siento más feliz de no haberme puesto a repartir hojas de vida. Tengo diez iniciativas de negocio, estoy muy diversificado, pero también muy contento de lo que hago, y ya estamos cerca de volver a gozar del nivel de vida que teníamos”, dice convencido de que su despido, a la larga, fue una liberación.
(Le puede interesar: Pensiones en Colombia y su futuro incierto)

Lecciones que muchos olvidan
Tener empleo a término indefinido en una empresa les genera a muchos una sensación de seguridad que, en la mayoría de los casos, resulta falsa. Lo triste es que muchos piensan que la indemnización les dará el colchón que necesitan mientras se vuelven a enganchar, pero no toman en cuenta que ese monto depende de factores como el salario y el tiempo de servicio prestado. Y eso sin contar con que la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) también se lleva su tajada por cuenta de la retención en la fuente, que para salarios superiores a los $10 millones puede ser del 20 %.
Durante más de quince años, John Sánchez disfrutó su trabajo como ingeniero en una empresa de telecomunicaciones; aparte de contar con un buen sueldo, el beneficio de póliza de salud para su familia, plan de telefonía corporativo y bonos de alimentación, gozaba de flexibilidad horaria.
Ilusionado con cumplir el sueño de su hija de estudiar una carrera en Estados Unidos, el año pasado la matriculó en una escuela para que continuara sus estudios de secundaria y comenzara a explorar las opciones de becas académicas en una universidad estadounidense. Sus planes eran claros: apoyar a su hija mientras estructuraba un plan para emigrar con su esposa a ese país en unos años.
Pero como dice el refrán: uno tiene planes y la vida se ríe. A principios del 2026, la compañía decidió liquidar a un numeroso grupo de profesionales y Sánchez entró en la lista de desafortunados. La noticia le cayó como un baldado de agua fría.
La liquidación es su salvavidas mientras explora opciones laborales, pero tuvo que pagarle a la DIAN una buena parte de su indemnización, lo que redujo su margen de maniobra para cubrir la manutención de su hija en el exterior y la de su familia en Colombia. Adicionalmente, sus gastos se subieron porque ahora le toca pagar el plan de medicina que antes cubría la empresa, comprar celular, tomar un plan de telefonía y despedirse de los bonos de alimentación.
Por la experiencia de los compañeros que quedaron desempleados, sabe que se puede demorar hasta dos años en volver a ubicarse en un empleo con un salario razonable, pero tiene claro que los beneficios extralegales de los que gozó por tantos años serán cada vez más esquivos.
Sánchez no tiene un colchón financiero, aparte de su liquidación. Su esperanza está en emplearse en lo que salga lo más pronto posible para empezar a generar ingresos antes de gastarse toda la indemnización.
Deje las excusas: viva liviano
La mayoría de las personas que conozco dicen que no ahorran porque no les alcanza la plata. Lo cierto es que, si no hacen el esfuerzo de organizarse financieramente, un buen día les llegará un imprevisto que los va a poner contra las cuerdas.
Y no se trata solo de un despido, puede ser un accidente o una enfermedad que produzca una incapacidad temporal o permanente. Es más, hasta quienes se pensionan deberían contar con un colchón financiero porque el pago de la primera mesada se puede demorar hasta cuatro meses en llegar y el monto que se recibe por la mesada pensional, en el mejor de los casos, podría llegar máximo al 80 % del ingreso que se tenía cuando se solicitó la pensión.
Alejandro Buitrago no tuvo que vivir el trauma de un despido para ponerles orden a sus finanzas. Trabajó varios años al servicio de una constructora, pero decidió que lo suyo era emprender. Unos meses antes de dar el paso, tomó un taller de finanzas personales con su esposa y ambos comenzaron a aplicar toda la metodología para optimizar su salud financiera.
“Nos dimos a la tarea de simplificar los gastos, eliminamos todo lo que no nos aportaba a la calidad de vida, pero nos quitaba flujo de caja. En todo caso, teníamos claro que aspectos como las pólizas o planes de salud eran fundamentales para cubrir eventualidades”. Con ese recorte de gastos, Buitrago logró establecer un nivel de gastos muy austero que le permitió dar el paso hacia la independencia.
Posteriormente, fundó junto con su hermano la Constructora Buitrago y Asociados, con la que han desarrollado dos proyectos de vivienda. Vivir liviano le ha permitido también sortear los imprevistos que enfrentan a diario en la empresa y, en el día a día, maneja su dinero en cuentas de neobancos que son remuneradas para evitar que la inflación le reduzca ostensiblemente el poder adquisitivo.
Paso a paso para armar su colchón financiero
Carlos Devis, experto en inversiones inmobiliarias y autor del libro Un inmueble al año no hace daño, les dice a sus alumnos que se deben obsesionar con construir un fondo de emergencias suficiente para cubrir los gastos de al menos seis meses y ojalá de un año.
Este es un plan básico para que pueda construir su colchón financiero, paso a paso, sin angustia y sin sufrir hambre:
- Conozca sus gastos. Es simple: registre a diario los gastos que realiza en una aplicación como Notion y semanalmente alimente una hoja de cálculo en la que clasifique rubros como mercado, vivienda, gastos de los hijos, servicio doméstico, etcétera.
- Analice su PyG. Con los gastos identificados, haga el balance frente a los ingresos. Por lo general, los ingresos no pasan de dos o tres celdas, mientras que los gastos fácilmente pueden llenar treinta o cuarenta celdas en su hoja de cálculo.
- Construya un plan de acción. Empiece por simplificar su estilo de vida. Identifique los rubros que no sean indispensables para tener buena calidad de vida. Defina sus metas y trabaje por ellas.
- Acelere el pago de las deudas malas. Aplique metodologías como la bola de nieve para pagar rápidamente sus deudas de tarjeta de crédito.
- Empiece a ahorrar en una cuenta remunerada. Una vez que haya saldado la mayor parte de sus deudas malas, puede comenzar con montos pequeños en una cuenta de ahorros con neobancos que ofrecen tasas desde el 9 % por sus depósitos. Considere que tienen restricciones para el manejo de sus recursos, como transferencias que no son inmediatas o la no expedición de tarjetas débito.
- Configure varios fondos de emergencia. En la medida en que va acumulando ahorros en su cuenta remunerada puede pensar en tener un fondo de mediano plazo (tres meses) a través de un vehículo de inversión de mayor alcance, como un CDT o una inversión virtual. Tome en cuenta que este tipo de instrumentos le exigen un tiempo mínimo de permanencia de sus recursos. La ventaja es que no podrá tocar su inversión durante los meses que tenga activo el CDT, lo que le ayudará a desarrollar disciplina financiera. La desventaja es que si ocurre un imprevisto debería pagar una multa por hacer efectivo el CDT. Así que la recomendación es tener a la vista una porción de sus ahorros (cuenta remunerada) con el dinero suficiente para cubrir al menos uno o dos meses de sus gastos más urgentes.
- Invierta en activos que se valoricen y le den caja. En 2014, mi amiga Paola González sacó diez millones que tenía en un CDT para separar una casa en Jamundí (Valle del Cauca); su mamá pagó la mitad del inmueble y ella aportó el saldo con un crédito. Si bien el esfuerzo de pagar la deuda hipotecaria la hizo dudar de su decisión, al cabo de cinco años ya se había pagado toda la deuda. En 2021, vendieron la casa y lograron una rentabilidad del 75 % por valorización del inmueble. Pagar el crédito fue una manera de canalizar sus ahorros hacia una inversión.
- Reinvierta las utilidades de sus inversiones. Con el dinero que recibió por la venta de la casa, González compró un pequeño paquete de acciones de una fintech, dio la cuota inicial de un apartamento sobre planos en una ubicación privilegiada de Bogotá e invirtió en un fondo de capital privado. Fueron montos muy pequeños, que al sumarse le permitieron acumular beneficios. Para quienes no tienen idea de cómo evaluar una inversión privada existen plataformas como a2censo, de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC), que permite a personas del común invertir o financiar empresas colombianas que ya han sido evaluadas y cuentan con garantía del Fondo Nacional de Garantías (FNG).
- Aproveche su colchón. Este año, al esposo de Paola González lo despidieron de la empresa donde trabajó por quince años. Si bien le correspondió la indemnización, la familia decidió dejar ese dinero en una cuenta institucional con el ánimo de invertir a mediano plazo, aplazando la aplicación de la retención.
Para cubrir los gastos familiares, liquidaron la inversión en acciones, lo que les reportó una utilidad del 35 % sobre el capital inicial. De esa manera, están aprovechando el colchón financiero que tenían, mientras su esposo se encuentra buscando nuevas oportunidades en el mercado laboral.


