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Revista Diners
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Un pandebono recién salido del horno junto a una taza de café, una lulada preparada con fruta fresco para aliviar el calor de la tarde caleña o un calentado que devuelve a la mesa los sabores del día anterior son escenas habituales de la cocina colombiana. Esas preparaciones, nacidas de ingredientes locales y de recetas transmitidas entre generaciones, llevaron al país a ocupar el puesto 23 entre las mejores cocinas del mundo en el listado 100 Mejores Cocinas del Mundo para 2026, elaborado por TasteAtlas.
Situada entre la gastronomía húngara y la cocina Thai, el reconocimiento nacional obtuvo un 4.3 general en el ranking hecho a partir de 590.228 valoraciones sobre 18.912 alimentos registrados. Dicha selección reunió algunas de las preparaciones más representativas del país. Desde el internacionalmente conocido café hasta la lechona tolimense, pasando por amasijos, bebidas y múltiples platos tradicionales, el listado dibuja un mapa gastronómico de los sabores de Colombia donde cada región aporta técnicas e ingredientes propios.
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Más que reconocer una gastronomía generalista, el resultado pone en primer plano recetas que han trascendido al paso del tiempo. El café cultivado en las laderas andinas, los panes elaborados con yuca y maíz, las frutas tropicales convertidas en bebidas y las preparaciones nacidas para aprovechar cada ingrediente forman parte de una misma historia: la de una gastronomía diversa que hoy encuentra un lugar entre las mejor valoradas del mundo.
Los sabores de Colombia que resaltan en TasteAtlas
El café es uno de los primeros capítulos de esta historia. La preaparación resultante de los granos del cafeto arábigo, valorada con 4,5 puntos por TasteAtlas, nace en las montañas donde variedades de arábica como Caturra, Borbón y Castillo son cultivadas por pequeños productores. Fuera del reconocimiento, la bebida representa una relación con el paisaje y cuenta una tradición agrícola reconocida globalmente por su calidad.
Esa misma conexión entre ingredientes locales y cocina cotidiana aparece en el pandebono, también con una calificación de 4,5 puntos, la más alta en la selección colombiana, según el ranking. Elaborado con almidón de yuca, harina de maíz, queso fresco, huevos y azúcar, este pequeño amasijo de forma redondeada y con una textura esponjosa se convirtió en uno de los acompañantes más reconocidos de los desayunos y las tardes en el territorio, así como uno de las recetas que ha consquitado el paladar de los visitantes del país de la belleza.
En lista del portal digital, otros sabores ligados a la panadería tradicional, como la almojábana, preparada con harina de maíz y queso, y el pan de queso, asociado especialmente con Antioquia encontraron su lugar como platos populares. Ambas son preparaciones donde ingredientes sencillos adquieren una identidad propia, marcada por un territorio, y muestran la importancia de los amasijos dentro de la cocina nacional.
En otros momentos de la mesa aparecen platos que hablan de abundancia y encuentro, que marcan de forma directa el vínculo entre la gastronomía y las situaciones culturales de una nación. El calentado, nacido de la costumbre de aprovechar los alimentos restantes del día anterior y califcado con 4,3, llega a reunir arroz, fríjoles, carnes y diversidad de otros ingredientes en una preparación que pasó de la cocina doméstica a convertirse en un clásico del desayuno. Por otro lado, la bandeja paisa, con fríjoles, arroz, carne molida, chorizo, huevo, plátano y arepa, es la muestra de como una plato diseñado para aquellos con trabajos de alta demanda ha pasado de la mesa a la escena internacional gracias a sus distinguidos sabores.
Entre otras preparaciones típicas, el listada traslada al lector de la región antioqueña al centro del país con la lechona tolimense. De una cocción de horas, hecha de forma tradicional a horno de leña, la insignia del Tolima rúne carne de cerdo, arvejas y especias, para lograr una creación única que, fuera de consumirse en días conmemorativos del departamente se ha expandido a la tradición de platos pensados para compartir.
Entre frutas y otros ingredientes autóctonos
En el Valle del Cauca, el lulo deja de ser solo un ingrediente para convertirse en el corazón de la lulada, una bebida calificada con 4,5 puntos por TasteAtlas que conserva la fruta apenas machacada antes de mezclarse con limón, azúcar, agua e hielo. El resultado no busca esconder su pulpa, sino convertirla en parte de la experiencia, con un equilibrio entre la acidez y el dulzor que la ha hecho inseparable de las tardes caleñas.
En ese mismo paisaje nació el cholado, valorado con 4,2 puntos, una preparación que parece resistirse a las definiciones. Sobre una montaña de hielo triturado se mezclan mango, piña, papaya, fresa, maracuyá y otras frutas frescas, acompañadas de jarabes dulces y coco rallado. Aunque está en una línea entre bebida y postre, la preparación es entregada junto a una cuchara y un pitllo, para disfrutar de un universos frutal en un vaso.
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El maíz y el plátano también encuentran en el queso uno de los grandes aliados de la cocina colombiana. La arepa de choclo aprovecha el dulzor natural del maíz para crear un equilibrio con el relleno de queso, mientras que los aborrajados transforman el plátano maduro en una masa que lo envuelve antes de pasar por el rebozado y el aceite caliente. Son preparaciones distintas, pero comparten esa manera tan colombiana de llevar ingredientes cotidianos a una cocina donde lo dulce y lo salado conviven con naturalidad. Las dos fueron calificadas con 4,1 puntos por TasteAtlas.
El puesto 23 de Colombia en en el listado de las mejores 100 cocinas del mundo para este año termina contando una historia mucho más amplia que la de un ranking. Habla de una cocina que cambia con el paisaje: del café cultivado en las montañas andinas a los amasijos nacidos del maíz y la yuca; de las frutas tropicales convertidas en bebidas a las recetas que han acompañado durante generaciones la vida cotidiana del país. Son esos sabores de Colombia (presentes en panaderías, plazas de mercado, cocinas familiares y restaurantes) los que hoy sitúan a la gastronomía colombiana entre las mejor valoradas del mundo.