Anna
Foto: Retrato ilustrativo generado con inteligencia artificial (DALL·E, OpenAI), a partir de material de referencia editorial. Foto cortesía Impedimenta.
abril 27, 2026
Cultura Arte y Libros

Anna Starobinets: “Como autora, tú lo sabes todo sobre él, pero él no sabe lo suficiente sobre sí mismo”

Anna Starobinets explora la memoria, la metamorfosis y la distopía desde una escritura marcada por la experiencia y el exilio. La autora rusa fue invitada de la editorial Siglo a la Feria del Libro de Bogotá (FILBO 2026), y la revista Diners habló con ella.
POR:
Revista Diners

Con la literatura, los autores pueden abrir mil mundos posibles para los lectores. Los libros se convierten en portales y quienes los recorren pasan a ser testigos de historias asombrosas, a veces inquietantes pero siempre reveladoras. La autora de nacionalidad rusa Anna Starobinets es una de esas voces capaces de transformar las palabras en universos densos y perturbadores, habitados por personajes psicológicamente complejos y tramas que exploran los límites de la identidad, el miedo y la transformación.

Autora de libros como Tienes que mirarEl vado de los zorros y La glándula de Ícaro (todos publicados por Impedimenta), la escritora rusa nació en Moscú en 1978. Es periodista, guionista de cine y televisión, y autora de obras distópicas y metafísicas. Fue una de las invitadas especiales a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo 2026), y la revista Diners conversó con ella.

Anna starobinets
Retrato de Anna Starobinets, conocida como la reina del terror. Foto: cortesía de Impedimenta

Sus historias suelen tener personajes complejos. ¿Cuál ha sido el más difícil de construir?

El personaje principal es un hombre que ha perdido la memoria. La historia transcurre en 1945, en Manchuria, que entonces formaba parte de China. El libro comienza con su escape de una prisión soviética.

Creo que fue el personaje más complejo que he creado. Por un lado, necesité investigar mucho material histórico sobre ese periodo. Por otro, se trataba de un hombre que debía ser muy brutal, y toda la narración estaba construida desde su punto de vista. Eso me obligó, de alguna forma, a intentar habitar su mirada y atravesar una especie de metamorfosis interna para sentir como él.

La tercera dificultad radicaba en su pérdida de memoria. Siempre es complicado desarrollar un personaje así a lo largo de la trama, porque hay que tener en cuenta que está psicológicamente limitado. Como autora, tú lo sabes todo sobre él, pero él no sabe lo suficiente sobre sí mismo.

Fuiste periodista. ¿Qué queda de esa etapa en tu escritura?

Creo que el libro que más recoge mi experiencia periodística es con el libro Tienes que mirar. La mayoría de mis otros libros son ciencia ficción o distopías; en general, son ficción. Este, en cambio, es un libro de no ficción que cuenta una experiencia muy dura: un embarazo desafortunado que viví en Rusia.

Ocurrió en 2012. En el libro narro toda la historia y, al mismo tiempo, muestro el sistema médico ruso y su enfoque hacia las mujeres embarazadas, que resultó ser bastante anticuado, heredado de la época soviética, e incluso inhumano. Como estaba escribiendo sobre hechos reales, el enfoque periodístico fue mucho más fuerte.

Sin embargo, en el fondo, siempre siento que hay en mí una persona que observa. Es algo constante. Incluso cuando me ocurre algo muy malo —cuando sufro o estoy profundamente emocionada— hay otra versión de mí que permanece calmada, analítica y poco emocional. Tal vez esa sea la periodista que siempre llevo dentro.

Algo así como un alter ego. Si hablamos de ese libro, diría que Tienes que mirar es mitad de experiencia personal y mitad periodismo.

En general, mi forma de escribir parte de observar situaciones y personas, y de recoger mentalmente detalles que luego puedo usar. Eso puede pasar en cualquier momento. Por ejemplo, ahora mismo también te estoy observando a ti.

No creo que vaya a usarte pronto, porque no te conozco lo suficiente. Pero de las personas que conozco mejor, o durante más tiempo, a veces tomo rasgos de su carácter o de su apariencia. Incluso en la ciencia ficción, la literatura necesita estar anclada en la vida real; de lo contrario, no resulta creíble.

Anna starobinets.
Libro Tienes que Mirar de Anna Starobinets. Foto: cortesía de Impedimenta

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A menudo la comparan con Stephen King. ¿Qué piensa de eso?

Cuando escribí mi primer libro, Una Edad Difícil, fue hace 21 años en Rusia, era una colección de historias de terror. En ese entonces el género de terror solo existía de una manera como muy mediocre. No podías encontrar literatura de alta calidad en este género. Solo podías encontrar cosas muy malas y estúpidas.

Así que mi libro resultó ser como el primer libro de terror que realmente puedes leer con interés y encontrar algunas ideas ahí. Además, también estaba escrito en un lenguaje normal. Así que creo que esa fue la razón por la que me compararon con Stephen King, porque simplemente no había otros y la gente no sabía con quién compararme, porque era diferente a todos los demás libros de terror en Rusia.

Stephen King era el autor de terror que era extremadamente famoso en ese momento en Rusia. Así que, simplemente, los periodistas encontraron la comparación que atraería atención. Igualmente, después, no creo que realmente haya seguido escribiendo historias de terror.

Claro, uso el terror mucho, pero también uso el drama, distopía y otros géneros. No estoy enfocada solo en el terror. Es solo que el miedo es parte de nuestro dia a dia, así que uso eso, pero también uso el amor y el humor que también es parte de nuestra vida. A pesar de eso, no soy llamada autora de la comédia, aunque tengo muchas cosas humorísticas en mis libros, y muchas cosas aterradoras también.

¿Alguna vez ha abandonado una historia porque se volvió demasiado perturbadora?

No, en absoluto. Es una pregunta interesante. En realidad, el hecho de obsesionarme con algo es precisamente la razón por la que escribo sobre ello. Nunca me ha pasado. No he abandonado ninguna de mis historias: todas las he llevado hasta el final.

La metamorfosis aparece constantemente en su obra. ¿Por qué?

Bueno, creo que es uno de los grandes misterios de la vida: la metamorfosis en todos los niveles.

Empiezo por la biológica, como la de los insectos. Me parece casi un milagro. Por eso los uso tanto en mis libros: son una buena analogía de lo que ocurre con los seres humanos. Lo que a nosotros nos pasa en el plano psicológico, a ellos les ocurre en el biológico.

Pensemos en la oruga que se convierte en mariposa. Cuando llega el momento, se encierra en una especie de cápsula —no sé el nombre científico—, pero lo más impresionante es lo que ocurre dentro. La oruga, tal como la conocemos, deja de existir: se transforma en una especie de masa, casi como un líquido oscuro. Y luego, a partir de eso, se reorganiza y se reconstruye hasta convertirse en mariposa.

Es, en cierto modo, una muerte y una resurrección. Me parece una metáfora enorme, y por eso la uso mucho en mi obra.

Como en El vado de los zorros…

En mi obra El vado de los zorros retomo esa idea a partir de unas figuras del folclor chino. Son mujeres que pueden transformarse en zorros: en Japón se les llama kitsune y en China, huli jing. Son criaturas bellas, longevas, siempre jóvenes, que se convierten en zorros y, además, absorben la energía de los hombres. No solo son cambiaformas físicos, también tienen algo de vampírico porque ella toma la energía del hombre.

En las leyendas antiguas no se explica exactamente cómo ocurre esa transformación. Yo tomé como referencia el proceso de los insectos: esa muerte seguida de una reconstrucción. En la novela, estas mujeres se convierten por un instante en una especie de “nada”, una materia oscura, y luego se recomponen en otro cuerpo, como si reorganizaran sus moléculas.

Esa sería la metamorfosis del cuerpo. Pero también está la metamorfosis interna, la psicológica.

Creo que es una de las experiencias más inquietantes y fascinantes del ser humano. Si intentamos recordar quiénes éramos de niños, por ejemplo, a los tres años, muchas veces sentimos que esa persona ya no somos nosotros. Hemos cambiado por completo: sentimos distinto, pensamos distinto.

Todos atravesamos transformaciones profundas, especialmente en etapas como la adolescencia. Y, a veces, las personas se convierten en alguien completamente diferente sin que su apariencia cambie. Hay metamorfosis del cuerpo, pero también del alma.

Y esas últimas pueden ser aún más perturbadoras: ver a alguien que luce igual, pero que por dentro ya es otra persona.

Anna starobinets
Libro El Vado de los Zorros de Anna Starobinets. Foto: cortesía de Impedimenta

Publicó Una edad difícil a los 26 años. ¿Qué ha cambiado en su voz y en sus obsesiones literarias desde entonces?

Muchas cosas han cambiado porque yo cambié mucho. No soy realmente una gran fan de mi primer libro. No lo habría escrito así ahora. Pero todos los otros libros, creo que todavía corresponden a mi forma de ver la vida ahora.

Muchas cosas me pasaron y eso definitivamente afectó mi escritura porque perdí a mi esposo, perdí a mi país, la guerra empezó, me mudé a un país, luego me mudé a Georgia, luego me mudé a España. No puedes pasar por cosas así y mantenerte igual. Así que, por supuesto, cambié mucho. Y creo que lo que escribo ahora es mucho más oscuro que antes, cuando era más joven.

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En Tienes que mirar habla de una experiencia muy íntima. ¿Por qué decidió escribirla?

Yo estaba embarazada y los médicos descubrieron que el bebé no iba a sobrevivir después del nacimiento, debido a una malformación incompatible con la vida. Nunca había pensado en lo que atraviesan las mujeres que enfrentan este tipo de situaciones. Y descubrí que, cuando hay complicaciones, entras en un sistema completamente distinto.

Es un camino muy inhumano, con un enfoque heredado de la época soviética: punitivo. Además, era un tema tabú. Nadie hablaba de esto. Por eso decidí que, como ya era una autora conocida, tenía una especie de responsabilidad social de escribir ese libro y hacer visible esa realidad.

En Rusia, si el feto tiene una condición grave, estás obligada a interrumpir el embarazo de inmediato. No hay elección. No puedes decidir continuar hasta el final, dar a luz y despedirte del bebé. En otros contextos, como en países de tradición católica, como España o gran parte de Latinoamérica, ocurre lo contrario: en algunos casos, las mujeres se ven obligadas a continuar el embarazo. No pueden interrumpirlo.

Aunque los enfoques son opuestos, ambos pueden resultar profundamente inhumanos, porque en los dos casos las mujeres pierden el control sobre su propio cuerpo. Pierden el derecho a decidir. Y eso es aterrador y humillante.

Creo que por eso el libro tuvo tanta resonancia en el mundo hispanohablante. Porque, aunque las leyes sean distintas, el fondo es el mismo: instituciones que deciden por ti, qué hacer con tu cuerpo y con tu embarazo. Por eso lo escribí y cuando se publicó, provocó un gran escándalo. Pero también creo que contribuyó a cambiar algunas cosas en Rusia. Valió la pena.

No fue fácil. Es como cuando un absceso estalla: es doloroso, incómodo, pero necesario.

¿Qué le interesa especialmente de combinar ciencia ficción, fantasía y reflexión metafísica en la escritura?

Cuando escribo algo, no le pongo nombres. Como que no pienso: “ok, ahora voy a combinar ciencia ficción con fantasía”. Simplemente invento una historia, alguna historia, y la escribo.

Ha vivido el exilio. ¿Cómo ha afectado su escritura?

Tenía mucho miedo de que el cambio de país afectara mi escritura, porque el idioma es fundamental. Temía perder ese entorno de habla rusa y que eso influyera negativamente en mi trabajo. Pero, hasta ahora, no ha ocurrido.

Durante tres años y medio viví en Georgia, donde existía una especie de burbuja de inmigrantes rusohablantes. De alguna manera, seguía dentro de ese entorno lingüístico.

La transformación real, creo, está ocurriendo ahora. Me mudé a Barcelona hace apenas medio año y aquí sí estoy más alejada de ese contexto. Todavía no sé cómo eso va a afectar mi escritura.

De hecho, recientemente terminé una nueva novela, ya publicada en ruso, que escribí en el exilio. La historia está ambientada en un futuro posterior a varios apocalipsis nucleares, así que no está ligada a fronteras contemporáneas ni a países específicos. En ese sentido, fue más fácil de escribir: todavía puedo imaginar ese tipo de futuro con mucha claridad.

Lo que no sé es qué pasará con mis historias ambientadas en Rusia. Ya no vivo allí. El país cambia, yo también cambio, y lo hacemos por separado, en espacios distintos.

¿Por qué la distopía es tan relevante hoy?

Creo que es un momento muy interesante para las distopías, como lo fue hace un siglo. Al final, toda distopía es una proyección hacia el futuro desde el presente: un intento de entender cómo lo que hacemos hoy puede afectar a la humanidad. Y lo que estamos haciendo ahora es, en muchos sentidos, peligroso: en lo político, en lo ecológico, en el desarrollo de la inteligencia artificial… en casi todo.

Hemos dado pasos que podrían convertir el futuro en una pesadilla. Por eso, este es un momento especialmente fértil para escribir distopías.

La novela de la que te hablaba se titula The Chronicles of the Ashen Spring. Es una historia detectivesca ambientada en el futuro: una distopía situada en una especie de nueva Edad Media.

Tras una catástrofe nuclear, la humanidad pierde sus avances tecnológicos y gran parte de su memoria histórica. Todo debe comenzar de nuevo. La historia transcurre en ese mundo reconstruido, donde reaparecen fenómenos como las cacerías de brujas y una nueva forma de inquisición.

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