Hubo una época en que viajar requería justificación: Luna de miel, aniversario, vacaciones de fin de año. Los viajes estaban atados a fechas marcadas en rojo en el calendario, y salir de la ciudad fuera de esos momentos parecía un capricho injustificado. Esa idea está desapareciendo. Según datos de la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (ANATO), el 71% de los colombianos afirman que no necesitan un motivo específico para reservar un viaje, y el 26% lo haría al destino de sus sueños sin esperar una ocasión que lo justifique.
Viajar se está convirtiendo en una forma de recompensa personal desligada de los hitos tradicionales. Ya no es necesario esperar a que termine el año, a que llegue un aniversario o a que alguien más apruebe el plan. La pregunta dejó de ser «¿tengo una razón para viajar?» y se convirtió en «¿me lo merezco?». Y la respuesta, cada vez más, es sí.
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El viajero de 2026

El turista de 2026 se define por la forma en que decide cuándo y cómo viajar. Según ANATO, el 67% de los colombianos tomará decisiones por impulso, mientras que el 75% lo hará como una forma de recompensa personal. Este comportamiento implica una menor disposición a moverse en fechas pico y una reducción de la dependencia de las temporadas convencionales.
Este cambio responde a un viajero menos condicionado por los calendarios tradicionales y más enfocado en experiencias significativas. La flexibilidad en la planificación se convierte en un factor determinante, impulsando desplazamientos en periodos no tradicionales y favoreciendo destinos con capacidad de oferta durante todo el año.
«En Colombia este comportamiento encuentra un escenario favorable, ya que la ausencia de estaciones climáticas permite una oferta turística sólida durante todo el año y facilita los viajes fuera de las temporadas tradicionales. Lo anterior también se evidencia en los resultados de 2025, pues entre enero y octubre el tráfico aéreo internacional creció 7,3 por ciento y la llegada de visitantes extranjeros aumentó 4,3 por ciento, lo que refuerza un patrón de menor estacionalidad en la demanda», dijo Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de ANATO a Portafolio.
Además, el 83% de los viajeros afirman que viajarán simplemente porque sienten que se lo merecen. No necesitan una razón externa. El viaje en sí mismo es la recompensa.
Nuevas motivaciones: del ascenso laboral al fin de una relación

Mientras que las razones tradicionales para viajar siguen vigentes, nuevas motivaciones están ganando protagonismo. Según los datos recopilados por ANATO, el 37% de los colombianos viajaría para celebrar un ascenso laboral, el 19% lo haría para cerrar el ciclo de una relación sentimental que terminó, el 13% para estrenar ropa y el 11% tras recibir una devolución de impuestos.
Incluso los logros de salud y bienestar inspiran viajes. El 20% de los colombianos viajaría para celebrar hitos como la sobriedad o una transformación física significativa. Estos datos reflejan un cambio cultural: el viaje ya no es solo un escape de la rutina, sino una forma activa de celebrar decisiones personales, cambios de vida y pequeñas victorias que antes no se consideraban dignas de ser conmemoradas.
Las tendencias de viaje para 2026

Una investigación de Booking.com realizada a 29.000 viajeros de 33 países y territorios señala nueve tendencias entre las que se encuentran: turismo literario, vacaciones futuristas, viajes a prueba, souvenirs gourmet, rutas astrales y astronómicas, viajes de bienestar, destinos silenciosos, nostalgia y escapadas internas.
Entre las más destacadas están los viajes de bienestar. El 92% de los viajeros están dispuestos a reservar vacaciones centradas en el cuidado de la piel, con tratamientos personalizados y tecnología de punta. El 85% elegiría alojamientos que ofrezcan experiencias de recolección en la naturaleza, mientras que el 90% se inclina por la pesca o el avistamiento de aves.
En Colombia, el 81% de los encuestados afirmó que considerarían recrear un recuerdo o una fotografía utilizando tecnología para identificar el sitio exacto y viajar hasta él, una experiencia profundamente emotiva que mezcla nostalgia con turismo experiencial.
Por qué este cambio importa

Por décadas, el discurso dominante alrededor del trabajo y el tiempo libre sostenía que había que ganarse el descanso. Las vacaciones eran una recompensa por meses de productividad, y tomarlas sin una razón clara podía verse como indulgencia injustificada. Hoy, ese discurso está siendo cuestionado.
Este cambio en la forma de viajar refleja algo más profundo que simples preferencias turísticas. Refleja una generación que entiende el autocuidado como una práctica continua y no como un premio excepcional. El viaje se convirtió en una herramienta de salud mental, un espacio para procesar emociones, celebrar victorias pequeñas y reconectar con uno mismo.
También refleja una economía en la que las experiencias tienen más valor que los objetos materiales. Los viajeros prefieren gastar en un fin de semana en Villa de Leyva que en un objeto que quedará guardado. Prefieren recordar una caminata en el Cocora que tener otro par de zapatos en el closet.

Y la industria turística colombiana está respondiendo a este cambio. Hoteles boutique, fincas de descanso, retiros de bienestar y destinos enfocados en experiencias personalizadas están creciendo en todo el país. La oferta ya no se limita a Cartagena, San Andrés o el Eje Cafetero. Destinos como Barichara, Mompox, Guatapé, el desierto de la Tatacoa o los termales de Santa Rosa de Cabal están ganando protagonismo.
En conclusión, el viaje como recompensa personal no es un capricho. Es una forma de reconocer que el bienestar emocional y mental tiene el mismo peso que cualquier logro profesional o hito social. Y que a veces, la mejor razón para viajar es simplemente sentir que se lo merece.
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