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Jamaica, un viaje a la cuna del reggae

Diners estuvo en uno de los festivales de reggae más importantes de esta isla que vibra alrededor de la música, el rastafarismo y playas de ensueño.

Foto: LBSimms Photography / Shutterstock

Diners estuvo en uno de los festivales de reggae más importantes de esta isla que vibra alrededor de la música, el rastafarismo y playas de ensueño.

Durante unos segundos hubo silencio. El escenario estaba envuelto por el humo del show que había dejado la presentación anterior, y entre una luz blanca, con matices azules, apareció la portadora de la voz que hizo de ese mutismo un estado pasajero. “Este es un país rasta, no lo olviden, no nos lo dejemos quitar”. El silencio se rompió definitivamente. A esta frase le siguieron aplausos y un coro de vuvuzelas que asintieron la declaración de resistencia e identidad que Jah9, una de las principales artistas de la pasada edición del Reggae SumFest, acababa de realizar.

Miles de personas se reunieron el 19 y 20 de julio en Montego Bay, al norte de Jamaica, para vivir el festival de reggae más importante del mundo. Al escenario subieron artistas clásicos como Beres Hammond, Buju Banton y otros como Protoje y Chronixx, que con un sonido más moderno, pero que respeta las raíces del género nacido en los años sesenta, llevan el concepto musical a otro nivel.

“La música reggae no es solo una atracción, una forma de entretenerse, es sinónimo de Jamaica, y este país es la meca del género. Siempre que dicen reggae la gente piensa en esta isla, y el Reggae SumFest trae a gente de muchas partes para hablarles de nuestra identidad, de nuestras raíces”, le cuenta a Diners Christopher Martin, reconocido por los medios locales como uno de los principales artistas en la actualidad.

hotel moon palace

En Ocho Ríos también se encuentran el Moon Palace Resort, hotel que ofrece una vista increíble de los atardeceres. Foto: cortesía Moon Palace.


Las voces sobre el amor y el cuidado hacia sus raíces continuaron subiéndose a la tarima del Reggae SumFest, festival que sirve como abreboca para entrar de lleno a la cultura de la isla, para entender por qué el reggae, por qué los rastas y, claro, por qué el cannabis.

Un rastro casi extinto del pasado

Primero fueron los españoles. Los barcos de Cristóbal Colón desembarcaron en Jamaica hacia 1494 y comenzó el proceso de exterminio de diferentes grupos indígenas, entre ellos los taínos, los habitantes originales que llamaban a su tierra Xaymaca, que significa “tierra de madera y agua” y que poblaron, poco a poco, desde la desembocadura del río Orinoco, las islas Antillas Mayores y Menores. No pusieron resistencia, incluso, los recibieron con regalos. Pero enfermedades como la viruela, traídas desde Europa y para las que no estaban preparados, sumadas a la esclavitud y el proceso de mestizaje empezaron a acabar con las poblaciones originarias.

El reggae nació en la década de 1960, a la par del movimiento de independencia de la isla. Foto: Lost Mountain Studio / Shutterstock


Después fueron los británicos. Poco más de cien años luego de que la isla permaneciera bajo control ibérico, y que incluso fuera una especie de regalo para la familia de Cristóbal Colón, la guerra entre ingleses y españoles por la isla terminó con la victoria anglosajona. De vez en cuando, durante esa época, las fuerzas militares se aliaron con piratas, a los cuales ofrecían puertos de descanso y los incentivaban a atacar otras tierras dominadas por españoles.

Algunas investigaciones han estimado que los taínos sobrevivieron hasta el siglo XVI. De ellos solo quedan escritos, reportes y algunas palabras que aún en 2019 utilizamos en nuestra cotidianidad, como hamaca, ají, arepa, guayaba, comején y huracán.

En las Montañas Azules de Jamaica se cultiva uno de los mejores cafés del mundo, conocido como Blue Mountain. Foto: Eric Laudonien / Shutterstock


Entonces la población de la isla cambió. Colonos ingleses, españoles y esclavos africanos comenzaron a definir la nueva distribución demográfica. Uno de los lugares claves de esta nueva reconfiguración fue el Cockpit Country o los llamados Alpes jamaicanos.

Se trata de un lugar montañoso y de difícil acceso por ese entonces, en el cual los esclavos encontraron refugio de la persecución de británicos y españoles. En el siglo XVIII lograron forzar un tratado de paz que los protegió. En la actualidad se puede visitar este lugar en el que viven comunidades tradicionales y donde se pueden realizar voluntariados y turismo sostenible.

La esclavitud se abolió en 1834, pero solo en 1962 logró su independencia. Sí, Jamaica es un país independiente desde hace 57 años. La libertad se votó en un referéndum que se llevó a cabo el 6 de agosto. Por esa misma época se gestaba uno de sus principales rasgos culturales, que definiría la actualidad de la isla: el reggae.

Cannabis, rastafaris y reggae

Es un trío emblemático. Tal vez hoy sea imposible separar estas tres palabras de lo que significa Jamaica, pero no siempre estuvieron juntas. Hacia mediados del siglo XIX y comienzos del XX llegaron a la isla algo más de 30 mil indios provenientes de la India británica. En sus barcos trajeron bambú, típico en la geografía actual; el curry (una especia que aún es protagonista en la elaboración de algunos platos de cerdo, cabra y pollo), y el cannabis, que consumían en forma de hachís.

playas en Jamaica

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Las playas de Jamaica son reconocidas como algunas de las más bellas en el Caribe. Foto: Przemyslaw Skibinski / Shutterstock


Desde 1913 la marihuana, y todas las drogas recreativas, han estado penalizadas. Multas costosas, trabajos forzados e incluso la cárcel eran algunos de los castigos que recibían quienes la consumían, principalmente jamaiquinos de clases bajas, en donde el cannabis era popular.

kingston, jamaica

Vista sobre Kingston, la capital de Jamaica y el centro creativo y económico de la isla. Foto: Photo Spirit / Shutterstock.


Pero en la década de 1930 el consumo de marihuana se tornó en una práctica espiritual. Comenzaron a llamarla ganjah, palabra derivada del sánscrito (la lengua tradicional de India). Los responsables de esta transición hacia la nueva forma de concebir la planta fueron los rastafaris.

Se cree que las plantas de ganjah crecían en los alrededores del río Ganges, en India, y los rastafaris la interpretaban como un regalo de su dios Jah (de Yahveh) para darles salud a todas las naciones.

Mural reggae

En Kingston puede hacer la ruta del reggae, donde recorrerá los sitios emblemáticos del género. Foto: Cortesía de la oficina de turismo de Jamaica.


La comunidad rasta surgió como un camino espiritual que seguía las ideas de Marcus Garvey, predicador y periodista jamaicano que fundó la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro, cuyo propósito era unir al pueblo de origen africano de todo el mundo y crear una nación propia. Se decía que este movimiento, que se volvió internacional, llegó a agrupar hasta tres millones de personas.

Y una frase de Marcus Garvey estableció el origen del rastafarismo. Dijo que África (invadida y dominada por franceses, holandeses, británicos y otras naciones) sería gobernada, al fin, por un rey negro, y que ese hecho sería el signo de que la liberación del pueblo estaría cerca.

El 2 de noviembre de 1930, Tafari Makonnen (Haile Selassie I) fue coronado rey de Etiopía, y aunque seis años después tuvo que exiliarse en Inglaterra tras la invasión del ejército de Mussolini, regresó en 1941 y gobernó hasta 1974. Durante ese tiempo las palabras de Garvey fueron tomadas como una profecía, y la naciente comunidad rastafari comenzó a venerar a Selassie como una reencarnación de Cristo.

El movimiento rastafari tiene influencias judeocristianas. Incluso, sus peinados con dreadlocks tratan de asemejar la melena del León de Judá. Por otro lado, consideran la Biblia como uno de sus textos religiosos más importantes (aunque corrupto, pues está realizado desde una visión blanca y europea), pero también basan sus creencias en el Kebra Nagast, Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, que relata la línea genealógica de los reyes desde Menelik I, hijo del rey Salomón y la reina de Saba.

Esta nueva identidad que comenzaron a desarrollar los jamaiquinos no fue bien recibida por el gobierno local. Perseguidos y señalados, el racismo y la violencia continuaban, incluso en 1963, un año después de la independencia. En 1966 Haile Selassie visitó la isla y en uno de sus mensajes señaló que los rastafaris no debían viajar a Etiopía (uno de los sueños de este movimiento que buscaba la repatriación) hasta que liberaran completamente el pueblo de Jamaica. Sobre el consumo de cannabis, en la actualidad solo es permitido con prescripción médica y por motivaciones espirituales, es decir, si la persona forma parte del movimiento rasta.

El reggae: el impulso del rastafarismo

Llegaron las primeras semillas de cannabis, luego se formó la comunidad rastafari y finalmente llegó el reggae, un sonido que combinó la esencia de esta corriente espiritual y se convirtió en su principal canal de comunicación ante el mundo. Algunos de los responsables fueron Prince Buster, Desmond Dekker y The Wailers, una banda compuesta por Peter Tosh, Bunny Wailer y un tal Bob Marley. El 6 de febrero de 1945 no solo nació Robert Nesta Marley Brooker. Llegó al mundo quien sería una figura hasta ahora insuperable de ese género. Con el tiempo lo apodaron Bob en Trench Town, el gueto de Kingston en el que creció. Al hijo de un militar blanco y una mujer afrodescendiente le bastaron poco menos de dos décadas para conquistar el mundo con canciones como No woman, no cry, Redemption Song, Could you be loved y Is this love. Murió a los 36 años debido a un cáncer de melanoma.

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En las montañas de Ocho Ríos está Blue Hole, un lugar en el que vale la pena reconectarse con la naturaleza. foto: Photo Spirit / Shutterstock


El reggae surgió de la combinación entre el ska y el rocksteady de la época. También hay algo de calipso, de rhythm and blues y jazz dentro de su ADN, que tuvo su época dorada en los años setenta, gracias a la difusión que se le dio al género desde Inglaterra, principalmente, y desde donde voló hacia los oídos de Bob Dylan, Eric Clapton y otros grandes de la época, que por sus comentarios y canciones, que incluían algo de la esencia del reggae, ayudaron a propagarlo por el mundo.

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Los jamaiquinos aman el jerk, una salsa especiada picante que le añaden a muchos de sus platos. Foto: Joshua Resnicka / Shutterstock

En los años ochenta llegó una nueva generación de cantantes, entre los que se destacaron UB40, Steel Pulse, Aswad y con el tiempo surgieron otros subgéneros que hasta hoy siguen con gran aceptación, como el dancehall, que a su vez muestra variantes populares como el raggamuffin, del que se desprenden cantantes clásicos como Buju Banton, Sean Paul, Morodo e incluso Shaggy.

El buceo es una de las actividades más emocionantes que se puede realizar en las playas de Jamaica. Foto: Hoodh Ahmed / Shutterstock


“La música reggae es un tesoro nacional. El género nos ha abierto muchas puertas y es parte de nuestra herencia que ha conmovido a personas de todo el mundo. Luego de la designación de la Unesco del reggae como patrimonio cultural inmaterial y la celebración del 27º Reggae SumFest, estamos orgullosos de lo que el género tiene y sigue logrando”, describe para Diners Donovan White, director de Turismo de Jamaica.

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Couples Tower Isle, en St Mary, es un resort que tiene su propia isla privada. Foto: Andrew Bui / Unsplash


Romain Virgo, otro de los artistas principales del Reggae SumFest, conversó con Diners y habló sobre cómo esta música encontró un lugar especial en la esencia de la isla: “Hasta el hombre más sencillo que camina por la calle va cantando, incluso puede ser un gran talento, la música está dentro de nosotros. Nuestra música es positiva, la letra es positiva, hablamos sobre el cambio”. Y es que este género se gestó en una época de esperanza. Su nacimiento estuvo a la par del movimiento de independencia. Tal vez por eso la visión optimista del mundo que reúne un deseo de transformación rodeado de amor y plenitud hacia el futuro. Y de eso quieren hablarle al mundo.

Un viaje por Jamaica

Para llegar desde Colombia hay que tomar un avión que hace escala en Panamá y allí hay que abordar otro hacia la isla, en un recorrido que puede variar entre 1 hora y 15 minutos y dos horas. Mientras el avión sobrevuela Montego Bay, la cuarta ciudad en población del país, la postal imaginaria de interminables costas, palmeras y arena blanca se transforma en una verde, dibujada con montañas de distintas alturas que avisan sobre un paisaje inesperado.

Las Montañas Azules son “una de las principales atracciones para los ecoturistas en Jamaica; allí pueden encontrar campamentos, cabañas ecológicas, tramos tranquilos de playas desocupadas y acres de costa para explorar”, explica Donovan White.

En las Montañas Azules se cultiva el café Blue Mountain, uno de los más costosos  y prestigiosos del mundo. Puede programar un recorrido por algunas de las plantaciones, como Craighton Coffee Estate u Old Tavern Coffe Estate, que tiene 200 años de antigüedad. Otra opción es Blue Montain Bicycle Tours, por si se anima a hacer el recorrido en bicicleta.

Las mejores playas

Seven Mile Beach está calificada como una de las mejores. Restaurantes, bares y clubes nocturnos ofrecen un ambiente desde el cual se percibe el ambiente de la isla. Sus aguas son poco profundas y se convierte en un lugar tranquilo para visitar en familia. Se encuentra en Negril, al occidente de Jamaica.

Otras playas increíbles en esta ciudad son Doctor’s Cave, una de las preferidas de los locales por sus aguas cristalinas que, dicen, tiene propiedades curativas; Mammee Bay, cuyo principal atractivo es el restaurante Bamboo Blu, en donde sirven una de las mejores langostas de Jamaica; y James Bond, ubicada en Ocho Ríos, ideal para hacer buceo, kayak o alquilar motos acuáticas. La playa recibe el nombre del espía creado por Ian Fleming, porque el autor escribió parte de sus novelas allí, incluso, su residencia de verano tenía el nombre de Goldeneye.

A solo media hora de Kingston se encuentra otro de los grandes atractivos locales: Port Royal, una antigua capital pirata del siglo XVII donde vivieron piratas como Barbanegra y Henry Morgan. Se le conocía por ese entonces como “la ciudad más malvada de la Tierra”. Un tsunami la destruyó y la sumergió en lo profundo del océano, lo que la convirtió en un destino mágico para bucear y viajar en el tiempo; por supuesto, necesita un permiso previo para sumergirse en este mundo perdido.

¿Qué hacer en Kingston?

A una hora de las Montañas Azules se encuentra Kingston, la capital. El epicentro cultural de la isla. Se le conoce como la Ciudad Creativa de la Música, según la Unesco. Entre los planes que puede realizar está La ruta del reggae, en el que no puede dejar de visitar el Museo de Bob Marley, una gran casa que reúne artículos, fotos y objetos del pionero de este género musical. Después podría visitar el famoso estudio Tuff Gong, el sello discográfico creado por Marley y su grupo; el recorrido continúa con el museo de Peter Tosh, en el que se encuentran narraciones y videos de otro de los padres del reggae, y finaliza en Trench Town Culture Yard, la antigua casa de Bob Marley y su mentor, Vicente “Tata” Ford. 

¿Qué comer?

Si quiere probar auténtica comida local, puede visitar en Kingston, Montego Bay y Ocho Ríos, Track & Records, el restaurante del hombre más rápido del mundo: Usain Bolt. Allí sobresalen platos como el Red Stripe BBQ Wings, alitas servidas con una salsa barbecue elaborada con Red Stripe, la cerveza nacional. También los Jerk Chicken Tacos, preparados en salsa jerk, picante y especiada. Muy tradicional en la isla. Otros restaurantes recomendados son Gloria’s Seafood City y Read Bones Blues Café.

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Septiembre
23 / 2019


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