Diseñar un restaurante o un bar implica mucho más que decidir cómo se verá un espacio. La arquitectura, los materiales, la iluminación, la identidad visual y la relación con el entorno pueden convertirse en parte de la experiencia que vive quien se sienta a comer o pedir un cóctel. Esa es la mirada de los Restaurant & Bar Design Awards, competencia internacional que desde hace 18 años reúne proyectos de distintas partes del mundo y reconoce tanto a sus diseñadores como a los operadores de los establecimientos.
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Los premios contemplan nueve categorías regionales para América, Asia, Australia y el Pacífico, Europa y Medio Oriente y África, que incluyen espacios de hotel, cafés, proyectos independientes, pequeños espacios y propuestas donde el color, la iluminación o las superficies tienen un papel central. A estas se suman once categorías globales que evalúan aspectos específicos del diseño, como la relación con la naturaleza, los techos, los espacios nocturnos, el patrimonio arquitectónico, los rooftops, la sostenibilidad y la identidad visual.
En cada categoría se selecciona un ganador y el reconocimiento se entrega tanto al diseñador como al operador del restaurante o bar.

Todos los proyectos participantes también entran automáticamente en la competencia por los premios principales de cada región y por los reconocimientos globales al mejor restaurante y al mejor bar. De esta manera, la selección final no se concentra en un único tipo de establecimiento ni en una sola forma de entender el diseño: reúne propuestas que trabajan desde la arquitectura y los materiales hasta la iluminación, el paisaje, la identidad gráfica o la relación entre el espacio y la experiencia gastronómica. Este año, dos proyectos recibieron los reconocimientos globales principales de la competencia, uno en la categoría de restaurantes y otro en la de bares.
Carbone Riviera, el mejor restaurante según Restaurant & Bar Design Awards
En Las Vegas, Carbone Riviera ocupa el antiguo espacio del que fuera uno de los restaurantes más reconocidos del Bellagio y lo transforma en una interpretación contemporánea de la costa italiana. El proyecto, creado por Major Food Group y diseñado por MBDS, parte de una propuesta gastronómica centrada en pescados y mariscos, pero encuentra buena parte de su identidad en el espacio que la rodea.

El recorrido comienza detrás de un portal de mosaicos que conduce hacia un jardín de cítricos antes de llegar al comedor, donde las ventanas arqueadas enmarcan las vistas. El diseño de Martin Brudnizki toma referencias de la elegancia mediterránea de mediados del siglo XX y de la etapa de Picasso en Vallauris, con limones de Amalfi, tonos terracota y azules y obras de Picasso, Renoir y Miró.
El restaurante de Nevada también extiende esa idea hacia el exterior, con dos terrazas y un muelle rodeado de olivos que evoca los paisajes de Venecia. En el centro de la experiencia está una embarcación Riva de 10 metros, concebida como una extensión del restaurante y como un vínculo entre el imaginario del lago de Como y las fuentes del Bellagio.
Saikindō, el bar con mejor diseño
Aunque esté ubicado en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, la inspiración conceptual de Saikindō yace en otra latitud. En sí, todo el concepto de espacio mixológico parte de una tradición japonesa mucho más ligada al sonido que a la idea convencional de un bar. El proyecto del estudio AvroKO lleva a la región la idea de los listening bars japoneses, espacios surgidos de la cultura de cafés de la posguerra donde escuchar música con sistemas de alta fidelidad era parte esencial de la experiencia.
Dicha relación con el sonido aparece en la arquitectura. Los altavoces de madera, dispuestos en cuadrículas verticales dentro de las paredes, están inspirados en los equipos de audio de mediados del siglo XX. La propuesta también incorpora referencias a la cultura Bōsōzoku y una zona dedicada a piezas de artesanos japoneses que llegan a Abu Dabi en pequeñas cantidades.

La música está incluída en cada uno de los cócteles bajo la unión de los tonos, las nuevas tecnologías y, claro, la mixología. Para crear el menú Aji No Hibiki, Saikindō utilizó inteligencia artificial para analizar bajos, tempos y melodías de doce canciones y traducir esas características en sabores. El bar de alta fidelidad es el centro del espacio, con un DJ que selecciona vinilos mientras los bartenders preparan bebidas inspiradas en la música.
La experiencia se completa con una robata, cocina a la brasa tradicional de Japón, para 18 personas, una terraza y Kūkan, un espacio destinado a celebraciones privadas que incorpora objetos japoneses vintage e instrumentos musicales personalizados.
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